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viernes, 20 de octubre de 2017

La foto del viernes - Praga

Recuerdos del pasado verano en Praga.
Atardecer tras una fuerte tormenta, con el Castillo al fondo y el Moldava a sus pies.

jueves, 19 de octubre de 2017

"Batman - Ciudad Oscura"

Bueno, bueno... tras la publicación del anterior tomo recopilatorio de la serie de Batman presentada por Snyder y Capullo, tomo titulado "Ciudad Secreta", entrega que no me gustó nada de nada, hasta el punto de que ni siquiera escribí reseña sobre el mismo, a pesar de haberlo hecho con las dos entregas anteriores "El Tribunal de los Búhos" y "La muerte de la Familia", retomo el último tomo publicado recientemente. Titulado "Ciudad Oscura" incluye también la miniserie "Ciudad Salvaje", como punto y final de la guerra abierta entablada entre Nigma y Batman iniciada en la anterior recopilación de tan triste recuerdo.
Por ponernos al día, en "Ciudad Secreta" se descubre que quien se encuentra detrás del continuo acoso y derribo sobre la figura de Batman es Nigma - El Acertijo. Su interés de hacerse dueño y señor de Gotham pondrá a Batman en la tesitura de darlo todo por salvar la ciudad y su propio nombre. Aquí es donde comienza la última entrega, en la que en un principio, Nigma derrota una y otra vez al vigilante nocturno, para hacerse dueño y señor de una Gotham controlando todos los movimientos de su población y a la que enfrenta su posible salvación con la resolución de una serie de acertijos. Batman, con la ayuda de Gordon y otros aliados, tendrá que esforzarse por lograr la vuelta a la normalidad de una ciudad pendiente de un hilo y su propia destrucción.
Snyder logra con estas dos últimas miniseries "Ciudad Oscura" y "Ciudad Salvaje" reconducir al personaje protagonista a una historia más firme y resolutiva. Lo consigue a pesar de que el guión esta anclado a, en mi opinión, la incómoda presencia de El Acertijo, un personaje algo cansino por la continua aparición de adivinanzas a lo largo del guión... Aún así, gracias a un Capullo espléndido, el cómic fluye bien en una consecución grandilocuente y magnífica de ilustraciones y dibujos. Estéticamente es quizás la mejor entrega del equipo a nivel artístico, lo que salva de alguna manera el declive que había tomado la presente serie de Batman. En definitiva, se salvaron los platos "in extremis" y con cierta dignidad.


martes, 17 de octubre de 2017

Aragón - Jaca - Catedral

Su construcción dio comienzo a finales del siglo XI bajo el reinado de Sancho Ramírez. El actual edificio, aunque mantiene su nave y estructura románica, ha sufrido sucesivas reformas a lo largo de los siglos. En el siglo XVII se sustituyó el claustro románico, entonces en un lastimoso estado,  por el cerramiento actual, con lo que el original se perdió por completo. En el año 2010 se rehabilitó el Museo Diocesano, situado en el claustro de la catedral. Encontramos un cuidado y bien distribuido espacio que ofrece al visitante piezas de gran interés y en especial, una serie de frescos medievales descubiertos en 1960 y procedentes de varias ermitas románicas de la zona. En especial el correspondiente a Bagüés, la pintura mural de estilo románico más grande conservada en España.














lunes, 16 de octubre de 2017

"Los restos del día" - Kazuo Ishiguro

Los restos del día es otra de tantas novelas a las que me he enfrentado con ilusión tras disfrutar de su versión cinematográfica. La verdad es que hace años que vi la película y tenía ganas de hincarle el diente al que es uno de los libros más famosos y reconocidos, si no el más, del escritor británico de origen japonés y Premio Nobel de Literatura de este año, Kazuo Ishiguro. La novela nos traslada a la campiña inglesa en los años cincuenta. Stevens, un veterano mayordomo, debe reorganizar la mansión de Darlington Hall, ante la inminente llegada el nuevo propietario norteamericano de la finca. A pesar de conocer su oficio a la perfección y gozar de cierta confianza con el nuevo dueño de la casa, el ilustre mayordomo necesita un apoyo más en el mantenimiento y servicio de la casa, por lo que decide localizar y mantener una entrevista con una antigua empleada y ama de llaves de dicha mansión con la que mantiene correspondencia. Con la excusa de plantear la vuelta de la Sra. Been y aprovechando el viaje por la campiña y los verdes prados de Inglaterra, Stevens rememora para el lector los años en que Darlintong Hall gozaba ser un centro de reunión de gran número de personajes insignes en el periodo de los años treinta, precedentes de la 2ª Guerra Mundial.

Ishiguro juega en su redacción con el continuo uso de flashbacks y muestra al lector la vida en aquella mansión, tanto como la eficacia, rutina y estructura del servicio de una casa de tan ilustre señorío, como las relaciones del Sr. Darlington con gran número de protagonistas involucrados en el acercamiento de cierto sector aristocrático inglés al emergente liderazgo nazi en la Alemania de los años treinta. Desde su puesto privilegiado de observador, Stevens narra, mientras recorre la campiña en el coche de su nuevo señor, los entresijos de aquellas conversaciones que pretendían promover la eliminación de las duras condiciones exigidas a Alemania tras la Gran Guerra, mientras se acercaban peligrosamente a cierto amiguismo con el gobierno de Hitler. Sin afán crítico ni siquiera analítico, Stevens justifica la buena  fe de Lord Darlington y su pretendida cruzada, que finalmente se demostró tan equivocada como peligrosa.

Paralelamente y conforme a esto,  el bueno y templado mayordomo explica la labor y profesionalidad de su trabajo como encargado y responsable del servicio en un hogar que destila por todas sus paredes, recuerdos de la era victoriana. La delicadeza en cumplir las labores diarias de su profesión, la pretensión de lograr la perfección de su labor, liderada por la dignidad de su quehacer y el servicio a su señor, nos señalan medianamente un vademecum detallado y perfecto de lo que debería definir a un respetable y ejemplar mayordomo.

En tercer lugar y marcando el componente humano y sentido de la novela, Ishiguro, mediante la narración de Stevens, invita a escudriñar la relación, a veces cordial y a veces tensa, entre el propio narrador y la Sra. Benn. Sus conversaciones, siempre recordadas dentro de las obligaciones de la casa, junto a ciertos gestos y miradas y, sobre todo, a esos silencios maravillosos que el escritor es capaz de trasladarnos negro sobre blanco, marcan el fondo trascendente de una historia que navega entre la soledad profesional de Stevens, su dedicación a un trabajo que le dignifica y a una profunda y sentida relación de sentido cariño entre ambos. Pero esa misma dignidad y seriedad en su vida-profesional, o en su profesional-vida, harán que este cariño se desvirtúe entre las paredes de una plena de actividad y obligaciones en los años precedentes a la 2ª Guerra Mundial. El viaje de Stevens por la campiña inglesa, en búsqueda de la ama de llaves, a la que dice necesitar por simple necesidad profesional, se convierte en un viaje interior, lleno de sensibilidad, soledad y compromiso con su vida en y para Darlington Hall. 

Kazuo Ishiguro realiza un completo y meridiano estudio de una época que se pierde entre la tradición pasada y el avance del tiempo. Su vehículo y estructura narrativa es tan elegante como embaucador. Su estilo destila porte y pureza, remarcando las maneras y el recuerdo de tiempos gloriosos y señoriales, donde el servicio y la dignidad de lo que se realiza está por encima de uno mismo, ya sea en el papel de Stevens, como en el de Lord Darlington... Lo que piensen los demás, está de más, nunca mejor dicho, a pesar de que las consecuencias y fines, no logren lo buscado. El primero perdió por ello una relación. El segundo, se vio relegado al olvido. Y sin embargo, el autor, dignifica su manera de actuar, porque buscan su verdad y actúan en función de lo que creen que deben ser sus obligaciones, cada uno en su lugar del estatus social. Deliciosa en su planteamiento, esta novela rezuma elegancia, profundidad y mucho sentimiento humano. Una historia que narra el devenir de personajes perdedores, eso sí, muy dignos en el desarrollo de su vida y por tanto, ejemplares.

martes, 10 de octubre de 2017

"Blade Runner 2049"

Había mucha expectación por ver como iba a quedar la secuela de la mítica "Blade Runner" dirigida por Dennis Villaneuve y protagonizada por Ryan Gosling. Lo primero de todo es que desde mi punto de vista hay que plantarse ante ella tomando cierta distancia con la película inicial y, en todo caso, atender a dos o tres enlaces con los que el director conecta su película con la dirigida por Scott hace treinta años. Me refiero, por supuesto, a una continuación argumental, sin la que la cinta de Villaneuve no tendría sentido; una estética similar que a pesar de los treinta años trascurridos no pierda comba de la presentación y ambientación del producto original; y por supuesto, una lógica banda sonora que recuerde algo, aunque en este caso no alcanza ni de lejos la presencia de Vangelis y su composición que tan famosa se hizo entonces. Sin perder de vista estas tres perspectivas, no sería justo analizar "Blade Runner 2049" como un producto dependiente de la lógica fama y calidad del "Blade Runner" estrenado en 1982. Entiendo que hay que tomar cierta distancia.
Han pasado treinta años desde que allá por el año 2019, Harrison Ford encarnara a un cazador de replicantes del modelo Nexus 6. Treinta años después, tras explicarnos que Tyrell Corporation ha desaparecido tras sufrir el planeta una desconexión total, un emporio liderado por Niander Wallace, encarnado por Jared Leto, ha recuperado y mejorando parte de la tecnología de Tyrell, rediseñando a los replicantes y denominándolos modelo Nexus 8. Ryan Gosling, en el papel de un efectivo y nuevo blade runner llamado con la "K" de su número de modelo, se encarga de cazar replicantes fugitivos. En medio de una investigación descubre unos restos óseos que le llevarán a seguir una serie de pistas que enlazarán con el pasado, treinta años atrás y con su propia identidad.
Dennis Villaneuve en general ha superado las expectativas. Si bien  creo que el guión presenta cierta debilidad por su simplicidad e incluso ingenuidad a la hora de plantear el argumento con el que desplegar la trama de esta secuela, la genialidad implícita en la manera de hacer cine del director, cumple y supera lo que se esperaba de él. La presentación estilística del film es impresionante. La pantalla luce con una fotografía brillante y la ambientación del mundo en el año 2049 es apabullante. En este aspecto no hay duda de que Villaneuve es un maestro consumado. Además, a esto hay que sumar un absoluto control del tempo y el ritmo con el que se presentan los personajes y las circunstancias en las que interactúan los protagonistas, cuidando muy bien y con cuentagotas su desarrollo en la pantalla. Todo está medido al milímetro y sin prisas innecesarias que romperían el buen pulso de la trama. Si a primera vista los 160 minutos de duración del film pudieran parecer excesivos, me atrevo a negar la mayor, ya que precisamente la perfección técnica y de estilo de la película justifica con su belleza apabullante cada una de sus escenas.
Respecto a los actores, todos bien, con un Gosling centrado en su interpretación, sin aspavientos y en general correcto. Llamo la atención y mucho, en el trabajo de la española Ana de Armas. Su relación con "K" me resultó de lo más convincente de la película, a nivel argumental y sentimental. Una gran historia de amor y sin duda, lo mejor de la película. Harrison Ford bien, en lo que respecta a que es un icono de la película original y en cierta manera, personaliza el nexo de conexión necesario para enlazar con la secuela. Jared Leto interpreta con soltura a Wallace, en un papel en el que goza de muchas posibilidades interpretativas, sobre todo a un nivel casi filosófico y en el que se nota su trabajo y dedicación, aunque su personaje, al final de la película, se queda un poco descolgado de la trama. Por último, la actriz Sylvia Hoeks, convincente de la mano de su personaje, mano derecha de Wallace, si bien me recuerda en exceso a los fieles matones de los malvados coprotagonistas en las pelis de James Bond y creo que aporta poco o nada a la trama.
Con todo y aceptando que la película me gustó y es una auténtica proeza visual, tengo que apreciar que el guión es bastante pobre. Sin demasiadas sutilezas, Villaneuve ha engalanado y disfrazado con maestría un guión simplón y con ciertas inconsistencias argumentales. Me queda claro que, sin el portentoso trabajo del director, esta película probablemente no conseguiría llamarnos la atención como de por sí lo ha hecho y quedaría para formar parte de esas típicas cintas en las que la evolución de los seres artificiales rozan la perfección y terminan por identificarse con los seres humanos. Si bien esta idea con la que continua la secuela fue la original de Blade Runner allá por 1982, no debemos olvidar que es considerada una obra maestra no solo por su estética y dirección aportada por Ridley Scott, sino también por la originalidad del texto y trama que sorprendió y embelesó aquel año a los espectadores. Sin embargo, en 2017, un guión como el presentado en esta película resulta como poco, algo decepcionante. No es la primera vez que comento esto de Villaneuve. El guión de su último éxito "La Llegada"  también me llamó la atención por cierta inconsistencia en su desarrollo. Ya lo explique en su correspondiente reseña. Lo que pasa es que la labor técnica, la capacidad creativa y la fuerte presencia del genio del director, hacen que este detalle, resulte cuando menos insignificante y no ensombrece la que considero una película notable.
No queda claro si habrá una tercera entrega de "Blade Runner", aunque parece que visto el final de la cinta, bien pudiera darse el caso. No cabe la menor duda de que la secuela estrenada esta semana es una película convincente, compleja y bella en su presentación, además de apabullante en su forma. Un buen ejercicio del pundonor artístico de un director que ya se encuentra en el limbo de la dirección y al que no le faltarán nuevos proyectos de interés. 

lunes, 9 de octubre de 2017

"Blancos contra Rojos. La Guerra Civil Rusa" - Evan Mawdsley

En este año se están publicando gran cantidad de ensayos dedicados a la Revolución rusa de 1917. Como no podía ser menos, la editorial Desperta Ferro, en su aún joven línea de libros y ensayos de historia que publica desde hace unos poquitos años, ha querido participar de este aniversario de tanta transcendencia mundial e histórica. Sin embargo, una de las características de esta editorial es presentar al público temáticas y ediciones menos conocidas y que, por esta razón, gozan de gran interés. En este caso, su homenaje está dirigido a un capítulo en el marco de la Revolución Rusa, como es el componente bélico/militar personalizado en la Guerra Civil, disputada desde 1917 hasta 1920. Durante estos años el bolchevismo se impuso a la resistencia, algo caótica pero no exenta de importancia y peligrosidad, a distintas facciones cuya denominación se generalizó como "Ejércitos Blancos", pero que disfrutaban de tantas ideologías, intereses y sentimientos, que su supuesta unidad en esta guerra clamaba por su ausencia. Este ensayo escrito por el historiador norteamericano Evan Mawdsley y exprofesor de Historia Internacional en la Universidad de Glasgow, está dividido en los tres años que concentraron la guerra, de 1918 a 1920, si bien la revolución dio comienzo en 1917. 

Para Mawdsley, 1918 es "El año decisivo" para la Revolución, un año en el que tras la retirada de la IGM, los bolcheviques tendrán que hacer frente a la pretendida paz ya consolidada con Europa, salvaguardar al país de una profunda crisis económica, lograr el apoyo social y enfrentarse a los puntos donde la contrarrevolución logrará imponerse. Los bolcheviques dominaban el corazón de Rusia, con lo que la guerra civil se entabló principalmente en la periferia del país. En estas primeras fases a falta de un gran ejército rojo, los ferrocarriles fueron indispensables. Surgen países dependientes de la Rusia zaristas cuya pretensión es independizarse. El bloque de Potencias Centrales aprovechan la disyuntiva para internarse en Ucrania. Con la Paz de Brest-Litovski y, más tarde, con la rendición de los Estados Centrales, la idea de Revolución Universal desaparece. La situación de Rusia no le permite perder el control interno de un país volcado en una guerra civil. La presencia de elementos aliados de apoyo al antibolchevismo es irregular y poco definitoria, a excepción de la Legión Checoslovaca.  La zona del Volga y el Don o Kuban, en Siberia y los Urales, los antibolcheviques, junto a  elementos cosacos y ejércitos llamados a partir de ahora como Blancos, empiezan a tomar posiciones. Es a partir de febrero cuando los militares toman el control de la contrarrevolución democrática ante la inoperancia de los políticos. Con el armisticio de las Potencias Centrales de noviembre de 1918, el frente occidental se pacifica dando aire a los bolcheviques.

El segundo gran capítulo del ensayo se refiere a 1919 y se titula "El año de los Blancos" Para Mawsdley este es el año en que los elementos antibolcheviques tuvieron a la revolución contra las cuerdas. Además los países bálticos se vieron libres para intentar su propia revolución nacionalista. Las ofensivas de distintos frentes Blancos arrinconaron a los Rojos en el corazón de Rusia. Hubo algunos reveses importantes entre los cosacos, pero sin duda los ejércitos de Kolchack o Denekin, hicieron a sus elementos más fuertes que nunca. Aun así, que la resistencia bolchevique aguantara durante el verano del 19, sería un hecho crucial en la guerra. Con la creación de un auténtico y fortalecido Ejército Rojo, otoño sería el punto de inflexión. Los Blancos empiezan a notar graves problemas de abastecimiento y el insuficiente apoyo social y campesino en las zonas de su dominio. Comienzan a hacerse patentes las fuertes divergencias entre los contrarrevolucionarios y la base social del país. 

La tercera y última parte de este completo ensayo se enmarca en 1920 y Mawsdley lo titula "El año de la victoria". El frente Blanco del Don y el Caúcaso caen y Denikin es derrotado. Siberia y Asia Central son también reconquistadas tras la derrota de Kolchack junto a los cosacos. Poco a poco, y tras grandes esfuerzos y sacrificios, el Estado Soviético se consolida y esto se debe a diversos factores: Control de centros industriales y minerales, control político basado en el Partido y capacidad de movilización de grandes fuerzas de trabajo. Con las campañas de Polonia y la ruptura del último foco de resistencia en Crimea, la guerra toca a su fin. Mawsdley detalla en un último apartado los factores que hicieron que los Rojos ganaran la guerra, así como los que hicieron que los Blancos la perdieran. Por un lado, para el historiador, la popularidad del programa bolchevique y su capacidad de administrarlo fueron bien aceptados por la masa social. No se debe olvidar la presencia del efecto del denominado como Terror Rojo, a la hora de dominar el núcleo de la zona bolchevique tanto en lo que se refiere a los conflictos internos, como al control de la industria, almacenamiento y comunicaciones. El reclutamiento en masa, algo que se repetirá en la IIGM, así como la capacidad de ceder terreno, junto con el aparato propagandístico, fueron factores claves a la hora de ganar la guerra. Mientras, los Blancos adolecieron de coordinación, unión, apoyo social masivo, orden y excesiva arbitrariedad y, sobre todo, sufrían un imperdonable olvido por las minorías y un excesivo apoyo en la proclama "Rusia, una e indivisible" que a la larga les resultó muy perjudicial. Pero lo que definitivamente remarca el autor, como un factor imparable e invencible en la Rusia de aquellos años es que la Revolución social era absolutamente imparable e irreversible.

Un muy interesante ensayo, en el que el factor bélico y militar centra gran parte de sus capítulos, pero sin olvidar el importante componente social, económico y sobre todo administrativo. Un trabajo serio respecto a la información manejada y que, aunque nos referimos a una edición con varios años de existencia, ha tenido algunas revisiones, con las que además de un prólogo actualizado, sitúa esta obra en el marco de un conocimiento profundo y extenso de la Guerra Civil Rusa, un conflicto clave para la consecución de la Revolución Bolchevique, que marcó la historia del siglo XX universal.  

viernes, 6 de octubre de 2017

La foto del viernes - Conductor de Cuádriga - Mausoleo de Halicarsano - Caixa Forum Madrid

Pieza procedente del Mausoleo de Halicarsano, representando un conductor de cuádriga, de mediados del siglo IV a.C. Forma parte de la colección del British Museum de Londres expuesta este mes en Caixa Forum de Madrid. Al fondo un friso del mismo templo en el que aparece una escena de batalla que enfrenta a griegos y amazonas.

jueves, 5 de octubre de 2017

Madrid - Caixa Forum - "¡Agón! La competición en la antigua Grecia"

Hasta el 15 de octubre se podrá ver esta exposición en Caixa Forum de Madrid, dedicada al espíritu competitivo en la Grecia Antigua. Desde el entorno doméstico, pasando por el deportivo, llegando al bélico, soslayando lo épico, sin olvidar lo filosófico, la poético o lo musical, en Grecia la competitividad estaba ligada a la vida y a su historia. De la mano de más de un centenar de piezas venidas desde el British Museum de Londres, que abarcan los siglos VI a.C hasta el I d.C. fusionando piezas originales griegas y algunas copias romanas, esta exposición está planteada con una estructura muy didáctica y ordenada en un espacio perfectamente organizado y delimitado. Llamo la atención en algunas excepcionales piezas del Templo de Halicarsano (las tres últimas fotos). Una excusa perfecta para realizar una escapada.










martes, 3 de octubre de 2017

"Pax Romana" - Adrian Goldsworthy

La editorial Esfera de los Libros publicó el pasado mes de marzo un nuevo ensayo del historiador británico Adrian Goldsworthy. Este autor tiene en su haber gran número de estudios sobre la antigua Roma, de los que he reseñado en este blog los dedicados a Julio César y Augusto. En el libro que se ha editado en nuestro país este año 2017, Goldsworthy realiza un viaje desde la República hasta el Bajo Imperio Romano, con un leit motiv tan interesante como tan propiamente romano: la Pax Romana.

Ya en la introducción aporta los pilares sobre los que discurrirán las 560 páginas del ensayo. Desde su perspectiva, la paz en Roma nunca fue absoluta, sino más bien relativa y, sin embargo, su prosperidad esta basada en un este entorno de relativa situación pacífica dentro de sus amplias fronteras. La expansión romana aún no siendo algo específicamente buscado, se hizo realidad por la búsqueda intrínseca de beneficio por parte de los romanos en un entorno, en su época arcaica, en el que sin duda tuvo que hacerse sitio y guerrear por evitar su derrota y posible desaparición como entidad propia. Por ello, la paz de Roma, proviene previamente de la idea de Victoria, cuya herramienta principal y más prestigiosa eran sus legiones. A partir de esta conquista, la misión más importante era gobernar bien y establecer la paz y los servicios necesarios sobre los conquistados. La prosperidad  y los rendimientos vendrían después. Con esta premisa, los romanos gozaron de más éxito que sus vecinos y enemigos, creando su Imperio, que se prolonga en el tiempo, bajo la forma de provincias y fronteras, estas últimas, no siempre claramente delimitadas. Pero esa paz tenía un coste, el que debían pagar los conquistados. Sus vidas se romanizarán bajo el ejemplo de Roma, creando beneficio no solo para la capital sino también para sus provincias. Todo ello no quita que esta paz fuera difusa a lo largo de ambos periodos en los que al autor divide el libro, la República y el Principado.

En la parte correspondiente a la República, Goldsworthy compartimenta los capítulos desarrollando el auge de Roma, sobre todo desde el siglo III a.C. Un auge que comienza con la derrota de sus vecinos más cercanos, latinos, griegos o cartagineses, para luego saltar el Mediterráneo hasta tierras más lejanas como Hispania, Africa o Asia gracias a su imponente arma militar: la legión. Roma deberá entablar un juego de alianzas y guerras, intercambiando aliados y rivales, cuya partida más importante en pleno siglo I a.C. fue la conquista de la Galia y la relación posterior con Germania. El autor no olvida valorar la importancia en la expansión de la República de comerciantes, quienes utilizando las vías, caminos y ríos, se adentran en territorios no siempre conquistados, aportando relaciones económicas e iniciando el proceso de romanización en las zonas correspondientes, para mayor gloria de Roma. Posteriormente, las provincias, sus gobernadores y representantes deberán entablar relaciones con reyes, aliados y enemigos, para establecer los pilares y fronteras de lo que será en breve el Imperio Romano.

En la segunda parte del libro, la referencia al Principado es inevitable. Roma, para la mayor parte del público es Imperio y, en este caso, la estructura administrativa y política, es el basamento de una paz gobernada por los emperadores. Augusto es pieza clave de este periodo. Su novedosa revolución en la administración y gobierno de un territorio tan expandido como asentado en general, abre un periodo lleno de posibilidades. De la misma manera que la paz se genera en sus territorios, es inevitable la aparición de terribles rebeliones. Germania, Galia, Britania o Judea son algunos ejemplos. Por ello, la resistencia y los disturbios a veces venían generados no por la simple ocupación, sino más bien por la actuación corrupta de algunos gobernadores, o simplemente por la divergencias respecto a los tributos a pagar a la capital de Imperio. Goldsworthy pone como ejemplo de gobierno provincial a la figura de Plinio el Joven en Bitinia y Ponto. Conforme narra su administración, va explicando al lector las circunstancias y vaivenes con los que un gobernador se encuentra en las distintas provincias. Las ciudades crecen, los lugareños se romanizan, la administración se desarrolla, tanto fiscal como judicialmente y en ocasiones sufren el abuso de gobernadores que desean terminar su mandato rebosantes de oro y riqueza.

En los dos últimos capítulos y dentro de la parte dedicada al Principado, el autor desarrolla la figura del ejército, las fronteras y la labor de la guarniciones en la provincias. La romanización es una consecuencia de la dominación, la diplomacia y la fuerza militar, pilares firmes de una Roma que buscaba potenciar dentro de sus fronteras la Pax Romana. Aún así algunas campañas militares orquestada por los emperadores del siglo III d.C., solo buscan acrecentar su fama, territorio y poder. Como sucedería durante muchos años con las campañas contra Partia.

En definitiva, con este ensayo, Goldsworthy desarrolla y justifica la presencia en la historia de una Roma que nunca aceptó a ninguna nación como un igual. Su tarea de pacificar a los pueblos era una herramienta utilizada con el fin de beneficiarse a sí misma, utilizando lo que hiciera falta por conservar su prestigio. Ya sea sofocando rebeliones, evitando guerras internas o externas que le pudieran afectar, con tal de mantener su Imperio y status quo, conduciéndole directamente al desarrollo de la llamada Pax Romana. Esta paz nunca fue absoluta, pero dio estabilidad y seguridad a sus provincias y fronteras. Para terminar sentenciando que su creación y elaboración fue muy laboriosa y necesitó de mucho tiempo, hasta quedar labrada a piedra en la historia de la humanidad.

lunes, 2 de octubre de 2017

Sara Baras - "Sombras"

Sombras, fusión, raza... en definitiva Sara Baras. Pamplona, en la sala de conciertos del Auditorio Baluarte, recibió de nuevo a Sara Baras en el estreno mundial de su nuevo espectáculo titulado "Sombras". Un título muy apropiado en el que la bailadora y su ballet presentaron a un público entregado un conjunto de piezas muy bien cohesionadas, en las que las luces y sombras jugaron un importante papel. Sin ir más lejos, en los dos primeros números se enfrentó ella sola sobre las tablas, en un escenario vacío, a sus propias sombras enmarcadas en un perfecto haz de luces y vistiendo de negro y pantalón. Porque una de las razones de este espectáculo, era homenajear a aquella primera farruca que interpretó hace dos décadas, vestida con pantalones, con cuya actuación renovó parte el alma flamenca del momento, a pesar del susto de algunos puristas, quienes con el tiempo le reconocieron su valentía y arrojo, gracias a su dominio en las tablas y, sobre todo, a su gran raza en el escenario.
Sara Baras presentó durante más de hora y media una serie de piezas llenas de magia, arte y fusión. Se acompañó de un conjunto de bailarines aplicado y ofrecido al público, junto a un invitado de peso, como es el bailaor José Serrano, generoso en su actuación. Grandes y habituales las voces en el cante, Rubio de Pruna e Israel Fernández. Imprescindibles las guitarras de Keko Baldomero y Andrés Martínez, fijos en sus espectáculos. Pero lo que me llamó más la atención de sus acompañantes, fue la parte instrumental. La fusión de músicas y sonidos clamó en un Baluarte oyente y emocionado. La percusión de la mano de Antonio Suárez y Manuel Muñoz "Pájaro" jugó con sonidos árabes que nos trasladaron a sueños orientales, muy raciales, mientras Tim Ries, con su saxofón y oboe, aportaba grandes momentos de jazz, que junto a las melodías flamencas y al taconeo de Sara, formaron un conjunto musical especialmente rico en matices y sonidos. Incluso alguna de las piezas recordaba a aquellos antros, en los que la música de un saxo se mezclaba con el humo de los cigarrillos y la poca iluminación, creando sombras imposibles.
¿Qué decir de Sara Baras? Valiente artífice de la dirección y coreografía de sus espectáculos. Su dedicación en las tablas, su elegancia y sobre todo, esa sonrisa racial en el escenario, la califican por si sola. Su baile es embriagador y sus montajes tan sugestivos como a primera vista sencillos, pero a su vez tan efectivos. Al espectador le basta un foco de luz y su figura para disfrutar de su baile y taconeos infinitos. "Sombras" destila su personalidad y arte, esa Sombra a la que homenajea en dos momentos de la obra en los que con pocas palabras define esa imagen oscura, tan cercana como lejana, de uno mismo. Incluso, comparado con otras ocasiones, el vestuario fue más sutil, más sobrio... como cediendo protagonismo a la figura, al baile... incluso a la música con la que el cuerpo de baile, José Serrano y como no, la misma Sara Baras embriagaron a las mil quinientas personas que coparon un Baluarte rendido a sus pies. 
Gran velada, que en su final, al terminar su actuación, fue celebrada en el escenario por la madre y hermana de la artista y por todos sus colaboradores en un tablao, esta vez si, lleno de luz y brillo... y aplausos. Porque la velada lo mereció. Bravo.