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lunes, 14 de octubre de 2019

"Todos los hermosos caballos" - Cormac McCarthy

Primera parte de la Trilogía de la Frontera y escrita después de su fantástica novela Meridiano de sangre, Todos los hermosos caballos fue ganadora del National Book Award en el año 1992. Su trama se sitúa al final de los años cincuenta del pasado siglo y refleja las aventuras y desventuras de dos jóvenes texanos, John Grady y Lacey Rawlins que, tras fugarse de casa, deciden cabalgar hacia la frontera con Méjico y trabajar en aquel país en un rancho dedicado a la cría de caballos.


Con la excusa por contar al lector las vicisitudes de estos dos muchachos, su encuentro con un misterioso chaval, la historia de amor de uno de ellos con la hija del hacendado y las consecuencias de todo ello, McCarthy nos introduce en los paisajes tórridos e inhóspitos de la frontera con México y, sobre todo, el mundo de la cría de los caballos y el devenir del vaquero, en una época, en que este universo entraba en su ocaso. Mediante una narrativa plena en descripciones y bellamente trasladada negro sobre blanco, el autor norteamericano se explaya sin remedio, por desarrollar en sus páginas su amor por la frontera y el mundo del caballo, el instrumento y la imagen por antonomasia durante casi un siglo en las praderas y desiertos, imagen indeleble de gran parte de la historia moderna de los EEUU. El deseo de los protagonistas por la libertad, situado en su bendita y insensata adolescencia, se equilibra en su amor y conocimiento por los caballos, sus íntimos compañeros de viaje y protagonistas inseparables de esta historia de amor, de este viaje hacia la madurez.

Con todo, el autor conjuga en esta historia de aprendizaje, una competente y acertada historia de amor prohibido y, en uno de los tramos de novela, una historia carcelaria brillantemente escrita, en la que da luz a la cruel y peligrosa realidad de las prisiones mexicanas. Este paso por la cárcel, hará del bueno de Grady, un hombre, en una situación en la que descenderá a los infiernos para recuperar posteriormente la cordura, sobreponiéndose a su pasado más reciente. Y lo hará de la mano, en gran parte, de su fidelidad a lo único fiel que le ha dado este mundo, algo que conoce desde niño sin trampa ni cartón. Su caballo y el mundo que le rodea, la pradera y el horizonte inmutable y casi infinito de la frontera entre México y Texas, son el escenario perfecto y dominado al dedillo por la narrativa apabullante y bellísima de uno de los grandes escritores modernos de las letras norteamericanas.

Sus descripciones supuran la atracción por aquellas tierras, mientras los deseos y sueños de sus protagonistas, con cierta presencia de pasar por este mundo como algo pasajero y transitorio, nos trasmiten la sensación plena por dormir al ras bajo el firmamento y las estrellas, para la mañana siguiente cabalgar hacia el horizonte, sin rumbo fijo. Es como si su vida se resumiera, sin más miras, a vivir el momento presente, sin pensar en las consecuencias, con tal de tener un caballo a mano y un lugar donde cabalgar. La novela esta llena de diálogos, a veces y a primera vista intrascendentes, pero llenos de significado y profundo sentimiento. McCarthy no escribe ni una línea sobrante, ni una descripción fuera de lugar, ni un diálogo sin sentido. El fluir de su literatura, cabalga paralelo a los sentimientos y a las experiencias vitales de sus protagonistas, para ofrecer al lector una manera de ver la vida y la muerte, particular, muy pasional, pero sin perder nunca de vista la realidad del entorno donde se desarrolla la historia y la idea de que sus personajes, sufren sus experiencias, como si estuvieran de paso, en un discurrir vital, con un principio pero sin un final definido. Qué grande es Cormac McCarthy.