Madrid.
Adán después del pecado y La Victoria de Eduardo Barrón y Agustín Querol (1885)
Frontera de EEUU con México. Santos, un estadounidense, lleva una vida aparente dedicado a arreglar motos de marcas clásicas y conviviendo con Lupe, una mexicana bajita y morena, de la que está profundamente enamorado y a la que rescató de una vida humillante bajo la tutela del capo de la zona, don Dimas. Precisamente, es para este peligroso y poderoso hombre para quien Santos, realiza algunos trabajos, digamos fuera de la ley. Sin embargo, tras uno de sus últimos encargos, algo cambia en la vida de Santos, que le hace dejar aquella vida peligrosa, para dedicarse en cuerpo y alma a su vida con Lupe y con un nuevo y sobrevenido miembro de la familia. Sin embargo, su pasado proyecta una larga sombra, de la que difícilmente Santos podrá escabullirse, planteándole una profunda y grave disyuntiva.
El 30 de octubre de 1918, el Imperio otomano, uno de los miembros del bloque de las llamadas Potencias Centrales en la Primera Guerra Mundial, firmó el armisticio en su derrota ante los miembros de la Alianza. Sin embargo, los otomanos, un conjunto de nacionalidades y religiones aunada bajo la figura del sultán de turno, no daban por disuelto su país, sin percibir que se adentraban en una revolución que cambiaría drásticamente aquel imperio y su manera de mirar hacia su pasado, en vistas a un futuro drásticamente diferente. Una vez derrotados en los campos de batalla, comenzaba una compleja negociación con los dirigentes Aliados, mientras el dominio administrativo y político del CUP, denominado también como los Jóvenes Turcos, iba decayendo ante la intervención de contingentes de ocupación. Sin embargo, la caída del Imperio otomano todavía tendría que pasar por casi cuatro años de guerras, masacres, limpiezas étnicas y de religión, nacionalismos y el definitivo renacimiento de un espíritu nacional que lo convertiría en la nueva República Turca.