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jueves, 8 de octubre de 2026

"La bola negra"

Que Javier Calvo y Javier Ambrosi han alcanzado con La bola negra grandes niveles de popularidad, algo que ya ostentaban desde hace tiempo; buenas críticas cinematográficas, nada nuevo si revisamos sus anteriores trabajos en televisión y cine; y reconocimiento del gran público, especialmente de las generaciones más jóvenes, punto nada sorprendente si desgranamos su presencia entre ellas desde su entrada en el mundillo; son detalles que no deben sorprender en la actualidad. Sin embargo, esta producción que acaban de estrenar, acometía importantes riesgos de fondo y forma que no resultaban inicialmente fáciles de evitar y vencer, en un mundo cada vez más polarizado tanto ideológicamente, como en cuanto a la diversidad y libertad de expresión, para bien y para mal, de las que gozamos en las redes y en nuestra sociedad. Pues bien, salvando algunas circunstancias discutibles, debo iniciar esta pequeña y personal crítica, diciendo que La bola negra me ha parecido una interesante, por momentos lograda, y alabable película, por diferentes factores. Primordialmente por encima de todo, su gran capacidad para acometer semejante reto, a nivel estilístico y técnico, argumental, de interpretación y de inversión en el mundo de Federico García Lorca, sin naufragar en el intento, algo inicialmente plausible y que han logrado evitar, por mucho, ambos directores y guionistas.
Es más, una vez visionada la película, llegué al reconocimiento del gran esfuerzo de creación, investigación y producción que se ha apostado en este proyecto. En primer lugar, me ha gustado cómo han presentado las tres tramas paralelas que complementan la película. Aún a riesgo de que en su inicio, a pesar de la gran escena inicial, pueda costar un tanto entrar en ella, una vez terminada, entiendo la necesidad de la presencia de ese ritmo controlado en el entrecruce de las tramas, con el único objetivo logrado, de cerrar las tres líneas temporales a la perfección para que el espectador vaya integrándose en su universo, a su ritmo, teniendo en cuenta, el peso de la ficción que corre por sus venas, en cuanto a todo lo que se refiere a aquella obra inacabada de Lorca de la que solo nos quedan cuatro páginas. Respecto a la trama localizada en la Guerra Civil, la que adapta la obra de Alberto Conejero, y la que se ambienta en la actualidad, ambas, especialmente la segunda, conforman un inteligente ejercicio por cerrar un círculo perfecto, completando un guion sobresaliente.
Ahora me gustaría entrar en el campo estilístico y técnico, marcadamente influido por el perfil queer que amalgama toda la película de principio a fin. Algunos excesos estilísticos, rodeados de una bellísima y trabajada fotografía, me sacan un tanto de la historia que se cuenta, especialmente en el tramo referido al año 1937. En cuanto a ese espíritu poético un tanto grandilocuente y metafórico presentado, especialmente en el final de la historia de ficción alrededor de la obra La bola negra, también bellísimo y heredero de la poética y el lenguaje de Lorca, creo que juega con la complicidad del espectador, siempre que éste reconozca el sentido y el objeto de las palabras declamadas como fondo y banda sonora de ese fragmento final, quizás un posible hándicap que presenta la película. No sucede así, por ejemplo en la hermosísima y acertada escena del baile en la bodega de Granada, una joya escénica. En todo ello, veo y reconozco la necesidad de los directores de plasmar la esencia, el sentido y el alma de Lorca en la película, no solo desde su mirada artística, sino también desde su visión de género, interesante propuesta, sin duda, pero quizás la idea más compleja de ensamblar en una obra tan bella y, por momentos, tan excesiva.
Está claro que el peso de la figura de Federico García Lorca, de aquel hombre asesinado en 1936, de aquel creador infatigable, poeta y dramaturgo empedernido, sobrevuela sobre toda la película, desde su homosexualidad, su creatividad y su amor por Rafael, su amante, todos puntos que se trasladan a las tres tramas y a una pequeña aparición del personaje que, si a algunos críticos no les satisface, a mí me parece oportuna, en especial como prueba viviente de aquel amor prohibido que señala el camino de la película. Quería comentar solo un tonto detalle, pero que me llama mucho la atención de esta parte representada ante el espectador en blanco y negro. La foto en la que Federico le toca el pelo a Rafael, es real, aparece en una foto auténtica y, sin embargo, en la instantánea original no aparece ninguna mujer, mientras que en la película los directores colocan en ella a tres mujeres. Algo, creo innecesario y que forma parte del forzado, para mí, proceso de normalización, que de alguna manera se imprime en algunas partes del montaje del film. Sucede también algo parecido con el conjunto de escenas de los jóvenes soldados bañándose y jugando desnudos en las costas cántabras, presentando una camaradería plausible y creíble entre ellos. Si se quiere reflejar en la película, la libertad, la rebeldía y la frescura de la juventud siempre llevada por el entusiasmo de su edad, en un universo de violencia y puramente masculino, del que a lo mejor no den cuenta de un día más a riesgo de perder su vida, acepto la propuesta como una metáfora. Todo depende de segundas lecturas, especialmente desde la visión de la homosexualidad por los directores, y aquí respeto su voluntad, como no podía ser de otra manera.
Antes de entrar en la parte interpretativa, quiero hacer una mención especial a la actuación que realiza Penélope Cruz en el papel de cupletista que tanto recuerda a su encarnación en La niña de tus ojos o a la de Carmen Maura en Ay, Carmela. Su intervención es breve y portentosa, y propone un antes y un después en la mente y la valentía del personaje de Sebastián en su metamorfosis personal, tras conocer al convaleciente Rafael. Penélope desborda tablas, presencia y unos ojos que muestran ese dolor de lo perdido y de lo que se presenta ante ella durante la guerra. Por cierto, el trabajo de dirección en las tres escenas en las que interviene, dos números musicales tremendos y la conversación con el soldado, son de quitarse el sombrero.
Para ir terminando, voy a comentar un poco la labor de los actores y actrices, casi todos bien en sus papeles, gracias me parece, al gran trabajo de dirección de ambos directores, que logran sacar de todos lo mejor, en unos casos de manera aparentemente fácil, como en el caso de la sorpresa de la película, Guitarricadelafuente, y en otros, como el trabajo Miguel Bernardeau, quizás el menos logrado debido la esencia interpretativa de su personaje, mucho más controlado por el guion. Solo un apunte de la intervención de Glenn Close, muy floja en su encarnación del historiador y especialista en Federico García Lorca, Ian Gibson. Para mí lo más desacertado del casting, no solo por su interpretación fría y carente de emoción, sino también por salir en una de las escenas que más me sacan de la película, en una innecesaria explicación más ensayística que humana. Otra cosa es el gran trabajo de Carlos González y Lola Dueñas, naturales, creíbles y desbordantes en presencia interpretativa, especialmente ella, dándole sentido a toda la trama que protagonizan. 
Precisamente, ese humanismo del que hablaba más arriba, ese sentimiento que vislumbro en toda la película, es lo que hace que en ella todo tenga sentido, logrando objetivar un tanto la realidad de la guerra, en una mirada no especialmente revanchista, sino más bien reivindicativa de aquellas personas que no podían mostrar la realidad de sus deseos y sentimientos más personales, y lo sufrieron en sus carnes y mentes. Quizás otro hándicap que la sobrevuela, inseparable de la película, claro, es cómo se monopoliza aquel conflicto civil casi exclusivamente alrededor de lo queer, quizás de una forma puntualmente localizada y focalizada, en su interés por mostrar un universo visual lleno de exceso estilístico y de belleza formal, presentado metafóricamente una historia que se convierte en una gran película, con la propia lectura de los directores, como homenaje a una manera de sentir y de querer, bajo el universo, siempre imperecedero, de la larga sombra de Federico García Lorca. En definitiva, una producción con muchos aciertos y con algunos peros, pero que sin duda es una estupenda película, como modelo de esa mirada tan personal del universo cinematográfico de sus creadores. 


 

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