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martes, 13 de octubre de 2020

"La matanza de Katyn" - Thomas Urban

En un documento redactado para el Politburó Soviético, Lavrenti Pavlovich Beria sugirió el fusilamiento de más de veinticinco mil miembros de la élite polaca, tras la invasión de aquel país realizada en 1940. Según el jefe del KGB Alexander Nikolaievich Shelepin, el número de víctimas enterradas en Katyn, Mednoye y Piatijatki fue de alrededor de catorce mil almas. Entre ellos, miles de oficiales del ejército polaco, hombres que formaban parte de la élite del país. Este libro firmado por Thomas Urban, corresponsal en Varsovia, Moscú y Kiev del periódico alemán Süddeuysche Zeitung durante más de veinte años, realiza una somera redacción de la terrorífica y mortal historia de esta matanza, desde los albores de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad. A lo largo de trescientas páginas y dieciséis capítulos, recapitula los ochenta años que han transcurrido entre investigaciones, desmentidos, falsas imputaciones, juicios internacionales y ocultación de documentos, alrededor de uno de los hechos más execrables sucedidos en este guerra, por el juego de engaños y acusaciones realizadas para ocultar y manipular aquellos fusilamientos que marcaron a un país, prácticamente hasta la actualidad.

Urban ocupa menos de una cuarta parte de la extensión del libro para presentarnos los hechos. A partir del quinto capítulo, comienza una carrera de obstáculos de desinformación, manipulación y juego de intereses, en las que los intereses polacos fueron tratados como una mera pelota que iba de una mano a otra, en un afán por apartar de la mesa geopolítica internacional, un hecho tan incómodo, para muchos de los actores en liza.  El descubrimiento de las fosas por los alemanes y su instrumentalización para desacreditar a la URSS y dividir a los aliados en el frente de la guerra, se utilizó por parte de Moscú para negarlo hasta hace pocos años. El hecho de que fuera Goebbels quien utilizara todos los medios disponibles por sacar a la luz la matanza cometida en abril de 1940, provocó una contraofensiva diplomática y mediática de Stalin, por convencer a sus aliados y al mundo entero de que los culpables de dichos fusilamientos fueron los propios nazis, situándolos en 1941, cuando estos y tras la operación Barbarroja, invadieron los territorios soviéticos.

Los intentos por demostrar, una fecha o la otra y la culpabilidad sobre los asesinatos, llevaron a unos y otros, a alemanes, soviéticos y a los propios polacos, durante la guerra, la posguerra, la Guerra Fría y tras el desmoronamiento de la Unión Soviética, a promover la redacción de informes, la investigación de técnicos y peritos, la intervención de miembros del periodismo, y la propuesta de demandas y acusaciones ante los tribunales internacionales. El único fin común de todos ellos era demostrar a propios y extraños la culpabilidad de aquel acto, más allá del común denominador de los soviéticos por ocultar información y testigos, eliminar documentos y falsear pruebas, en su afán por demostrar la autoría de los hechos. Thomas Urban demuestra en su ensayo, con gran profusión de documentos, datos, informes y declaraciones, todos  ahora debidamente confrontados y demostrados tras años de investigaciones, la autoría de la URSS en los fusilamientos y las matanzas allí cometidas.

Sin embargo y a pesar de ello, una de las conclusiones más espeluznantes de este libro es la manipulación de los hechos, dependiendo los intereses, ideologías y oportunidad de los países y líderes enfrentados, a lo lago de estos ochenta años. Las posiciones geopolíticas de Moscú, Londres, Washington o Varsovia variaban a lo largo de los años, deleznablemente y sin vergüenza alguna, según los aires arbitrariamente políticos que se dieran en cada momento, presentando situaciones verdaderamente vergonzosas, en las que los únicos olvidados y vilipendiados han sido los miles de oficiales allí asesinados. Esta situación me trae a la mente, la generalizada manipulación histórica de la que hemos sido testigos a lo largo de la historia, ante la premisa de la reafirmación de poder de un gobierno u otro, en el tablero geopolítico internacional. Que se lo pregunten a Vladimir Putin y sus referencias y alusiones a este asunto en particular y su actual política de engrandecimiento de la nueva Rusia y reafirmación de tiempos pasados.

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