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martes, 1 de octubre de 2013

"Anna Karenina"

El director Joe Wright recuperó en el año 2012 el celebrésimo texto de Tolstoi para adaptarlo nuevamente a la pantalla grande. Su versión nos traslada a la historia del amor adúltero de una noble rusa con un joven oficial de caballería en el último cuarto del siglo XIX y su decisión de abandonar a su marido, sufriendo las consecuencias sociales de la época, las cuales le llevarán ineludiblemente a tomar una serie de decisiones drásticas en su vida.

Joe Wright realiza una empresa arriesgada y preciosista del famoso libro, situándo los hechos, en su mayoría, en un gran teatro del XIX. Mediante movimiento de personajes y escenarios, el director nos va trasladando a lo largo de la historia, utilizando primerísimos planos de los protagonistas y jugando con un baile constante y circular de la cámara alrededor de los personajes que salen en pantalla, creando una sensación de danza o ballet que no abandona la película, hasta sus tramos finales. Juega con pequeñas escenas muy íntimas en las que los gestos y las miradas ocupan totalmente la escena, conjugándolas con otras más espectaculares, en las que el director nos muestra su estilismo y dominio de la cámara, como por ejemplo, en la escena del baile o en la carrera de caballos en el hipódromo.

El estilo recargado y casi rococó de la escenificación, en mi opinión, en algunos tramos de la película solapan la verdadera misión de la obra, que debería recalcar los sentimientos de Anna y la reacción de la sociedad rusa frente al adulterio cometido por la protagonista. Bien es verdad, que Keira Knightley, gracias a su mirada llena de emoción y sentimiento, logra que el espectador no se pierda  entre tanta estética recargada. Da la impresión, que en determinados momentos, las escenas, trabajadísismas y complejas diseñadas por el director, pasan por encima de los sentimientos que deberían embargar al espectador y parece que se pierden entre tanto colorido, movimiento y grandilocuencia. 

El trabajo de Keira Knightley es estupendo, manteniendo durante toda la película, la capacidad de comunicarnos sus sueños, esperanzas y debilidades, contra viento y marea, hasta que se pierde entre la desesperación y la incongruencia de una sociedad que no acepta sus decisiones como mujer y amante. Su compañero, Aaron Johnson, no consigue transmitir la imagen de joven oficial libertino y enamoradizo, faltándole expresividad no solo en la cara sino también en sus movimientos en el escenario, algo a lo que el director da gran importancia. Los demás actores y actrices, muy en su sitio, realizan actuaciones más medidas y calculadas, como es el caso de Jude Law, en el papel del sufrido marido, encarnándolo con convencimiento y buena labor.

El vestuario, decorados, ambientación y banda sonora son espectaculares, la dirección artística se supera, trasladándonos a un gran teatro lleno de figurantes y escenarios que se mueven al ritmo melódico del vals que domina la música de la película de principio a fín. Resulta un montaje atrevido y muy llamativo.

Un gran espectáculo, con buenas interpretaciones, que parece haber tomado influencia de otro enfant terrible del cine como es Baz Luhrmann, y que nos traslada mediante una rica composición escénica a la inmortal obra de Tolstoi. Por todo ello es aconsejable realizar un acercamiento a esta película y dejarse involucrar entre los sentimientos y la suntusidad que refleja un trabajo artesano, pero quizás algo desmedido, del director Joe Wright.


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