Allá por el año 2004 se estrenó en la plataforma televisiva HBO, una de las series que a lo largo de tres temporadas y una película, marcaron época entre los aficionados al género del western. Deadwood era una serie con estilo propio, representada particularmente por unas características que la auparon al olimpo de las producciones para televisión. Acumulaba un gran guion lleno de espléndidos diálogos, una fantástica ambientación y un plantel de actores y actrices que supieron dar vida a unos personajes, casi todos ellos históricos, enmarcando sus historias, relaciones y tejemanejes en un lugar llamado a formar parte de la historia de un país en su avance al Oeste. En esta encrucijada de viviendas insalubres y tabernas rebosantes de whisky se reunieron, en apenas tres años, buscadores de oro, bandoleros, hombres de ley, empresarios, mujeres de mala vida, actores y gran número de aventureros, conformando una comunidad que recientemente ha plasmado, negro sobre blanco, en este libro que hoy reseño, el gran historiador Peter Cozzens, escritor de ensayos tan emblemáticos como La tierra llora, Tecumseh y el profeta y Las Guerras apaches, todos ellos publicados en España por la eminente y reconocida Desperta Ferro Ediciones.
El ensayo se divide en cuatro grandes partes. En la primera de ellas se engloban los cien años precedentes a la fundación de los primeros campamentos que formaron la ciudad, alrededor de una serie de acuíferos en los que se encontró gran cantidad de oro. Precisamente, uno de los factores que marcaron la leyenda de aquel lugar fue su localización, las famosas Black Hills, tierras sagradas de la nación Lakota. Es imposible relatar el nacimiento y crecimiento de la ciudad fuera del contexto de la historia de las Guerras Indias y de batallas tan mitificadas como Little Big Horn. El avance de exploradores, emprendedores y buscadores de oro en aquel territorio, dio el pistoletazo de salida al enfrentamiento, la expulsión y derrota de los nativos que tuvieron la osadía de enfrentarse a la avaricia, la mentira y el afán de colonización del hombre blanco, factores detonados por descubrimiento de las primeras pepitas y polvo de oro en aquel territorio, y la formación de los primeros campamentos en la zona, descritos en este primer gran capítulo.
Los tres siguientes grandes capítulos se extienden desde mayo de 1876 hasta septiembre de 1879, año del gran incendio que asoló la ciudad. Durante este escaso periodo de tiempo, aquel asentamiento de buscadores de oro se convirtió en un lugar mítico en la historia del Far West, englobando entre sus embarradas calles y sus acuíferos machacados, gran cantidad de garitos de mala muerte, bancos rebosantes de oro, locales de prostitución y whisky, una particular colonia de chinos, y un gran número de personajes de leyenda como Wild Bill Hickok, Calamity Jane, Seth Bullock, Sol Star, Al Swearingen o George Hearst, entre otros, dando nombre y vida a la ciudad de Deadwood. Abundan los hombres pendencieros y peligrosos, pero nos indica con gran detalle Cozzens, que también había muchas personas de bien instaladas en aquel lejano lugar, con el único afán de comenzar una nueva vida, construir un vínculo ciudadano y, cómo no, medrar en sus negocios.
Todos estos hombres y mujeres crean una comunidad emergente entre tiroteos, algunos asesinatos, robos de diligencias y altercados públicos. Sin embargo, tal y como nos indica el autor, haciendo uso de gran cantidad de información y hechos detalladamente plasmados en sus páginas, frente a tanta codicia y violencia, se impone la civilización, de aquella manera tan propia y peculiar del lejano Oeste estadounidense, gracias a la política, la prensa, las iniciativas empresariales, el mundo del espectáculo y la ley, que no falte la ley, convirtiendo aquel conjunto de cochambrosos campamentos de buscadores de oro localizados en aquellas duras tierras, en una población creciente y estable, hasta el incendio de 1879 y su posterior decadencia.
Esta historia colectiva queda plasmada en los nombres reconocidos y compartidos en sus páginas y los hechos que protagonizaron, en una apasionante y sucia pintura que plasma, a las mil maravillas, la historia de aquella creciente y mítica comunidad minera. Y como siempre, lo hace Cozzens, tan acertado en su narrativa, tamizando, filtrando la verdad de entre algunas mentiras, lo popular de lo verdaderamente histórico, separando los rumores de la verdad archivada a fuego, entre los cimientos y las tierras que rodean a la mítica y lejana ciudad de Deadwood.

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