Alain Corbin es uno de los más reconocidos historiadores de la compleja y minoritaria comunidad de especialistas dedicados al estudio de la historia de las sensibilidades. A sus espaldas reúne un buen número de ensayos dedicados a factores, tan humanos y propios de nuestra sociedad, como puede ser nuestro cuerpo, el silencio o la ignorancia, trabajos, todos ellos, también publicados por la Editorial Acantilado que, recientemente, ha editado este librito compuesto de un heterogéneo conjunto de escritos, coordinados por el susodicho pensador y por el músico y ensayista Hervé Mazurel.
Ambos pretenden con este trabajo, acercar al lector el esquivo estudio de las sensibilidades, como un relato cercano y profundamente ligado a la historia de la humanidad, del análisis y el proceso de evolución de la vida sensible y afectiva de los individuos y las sociedades que se construyen a lo largo de los siglos. Este acercamiento, no siempre fácil, plantea al lector una serie de tesis y propuestas, propias y de otros historiadores, mediante las que se pretende mostrar una nueva aproximación y entendimiento de la historia universal, los sentimientos y las sensibilidades propias de cada uno de los periodos de la historia, tan propios y diferenciadores, como de la sociedad en las que se comparten y transmiten. Este estudio pionero, sea cual sea el momento que se aborde, apuesta por la diversidad y la variación de las percepciones sensoriales como espejo y modo de entendimiento de la sociedad. Precisamente, el fin de estos historiadores y de, en definitiva, este libro, como bien se indica en su introducción, es mostrar lo que las culturas sensibles y los regímenes afectivos de ayer y de hoy pueden aportar a la comprensión de las sociedades.
Su propuesta se cimienta sobre la premisa de que los universos sensoriales humanos varían según las épocas, los lugares y los entornos vividos, convirtiéndose en objeto de estudio para trazar una evolución histórica sobre las sensibilidades y su proceso evolutivo. Como consecuencia de ello, estos estudiosos participantes en el libro reseñado, se vuelcan sobre la necesidad de pensar, de manera conjunta, sobre la construcción social de los sensible y la construcción sensible de los social, como un ejercicio simbiótico ineludible de nuestra sociedad. Por supuesto, a lo largo de los años, los historiadores han propuesto diferentes maneras de analizar y explicar este proceso sensitivo y humano, apostando por tesis compatibles, y a veces contrapuestas, en un razonable y académico proceso de entendimiento de esta mirada más interior y sensible de la historia. De tal manera sucede esto, que incluso algunos historiadores profundizan en un nexo de unión, para algunos estrechamente ligado, entre lo biológico y lo social, en un esfuerzo por identificar los indicios y testimonios coherentes que muestren esta relación inherente entre evolución sensitiva, estimulación biológica y relación social y cultural.
Tras este proceso explicativo, realizado en una introducción profunda en sentido histórico, en la que se pretende reunir los cimientos y las teorías existentes sobre el estudio de la historia de las sensibilidades, con nombres propios y modelos teóricos, ricos en propuestas y visiones, Corbin y Mazurel proponen cuatro ejemplos teorizados por cuatro estudiosos del género con los que se pretende demostrar, localizando en diferentes momentos de la historia, la realidad y la base histórica y académica de la profunda verdad en el proceso universal de las sensibilidades en nuestra vida a lo largo de los siglos. Estos cortos pero bien fundamentados estudios, abarcan desde el estudio del poder del llanto en la antigüedad romana, pasando por el modo de pensar y vivir las emociones en la Edad Media, las sensibilidades desde la Ilustración al Romanticismo, hasta terminar con un apasionante estudio realizado sobre el vínculo sentimental aportado en las cartas de cónyuges durante la Primera Guerra Mundial.
Para terminar, el libro nos muestra, por un lado, una pequeña entrevista o diálogo cruzado entre los dos autores principales del libro, y por otro, un epílogo protagonizado por la emoción y sus nexos con la neurología afectiva en su recorrido histórico y sus controvertidas teorías en las que se presentan las posibles conexiones entre las emociones, la neurociencia y la genética, contraviniendo un tanto, la propia historicidad de los afectos en la sociedad. La clave surge en la interpretación del término emoción entre neurocientíficos y los investigadores sociales, quienes defienden con fervor, estos últimos, la naturaleza profundamente social de lo emotivo y lo sensible, como esencia propia de cualquier sociedad. Sin embargo, este camino de trincheras y desencuentros, termina confluyendo en que las experiencias sociales se inscriben en nuestros cerebros a lo largo del tiempo, provocando efectos poderosos en el propio organismo humano, en una relación que modifica el cerebro emocional en base al entorno social y, como conclusión, imbuido de la historia colectiva, tal como se indica acertadamente en la última línea de este corto pero enriquecedor, preciso y goloso libro que he reseñado y recomiendo encarecidamente leer.

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