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lunes, 20 de abril de 2026

"Los colores del incendio" - Pierre Lemaitre

  

Casi diez años después de leer Nos vemos allá arriba de Pierre Lemaitre, Premio Goncourt de 2013, he adquirido y leído recientemente su segunda propuesta de aquella trilogía llamada Los hijos del desastre, ciclo de novelas que transcurren entre el final de la Primera Guerra Mundial y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Francia. En este caso, Los colores del incendio se localizan entre 1927 y 1933, el fin de una época de boom económico, la llegada de la crisis mundial en 1929, un estado de corrupción generalizada y el nacimiento del nazismo en la vecina Alemania.

En esta ocasión, la novela está protagonizada por Madeleine Péricourt, heredera de un emporio banquero, a la que le rodea desde el mismo día del funeral de su padre, una serie de circunstancias y personajes que provocarán en su vida una crisis económica y vital. Esta situación la lleva a proyectar una pensada y reposada venganza contra quienes la despojaron de su vida y futuro, que recuerda en cierta manera a Edmundo Dantés, el famosísimo protagonista de El Conde de Montecristo de Dumas. 

Alrededor de Madelein, Pierre Lemaitre construye dos tipos de personajes. Por un lado, los que han conspirado contra ella y quienes son las dianas de su venganza, y los que comparten su vida con ella, y forman parte del detallado y calibrado plan para conseguir hacer justicia, una justicia tan personal como carente de piedad. Entre estos últimos se encuentra su hijo, personaje indispensable para su madre y pilar de la novela, no solo por los dimes y diretes montados alrededor de Madeline, sino también por su particular afición por la ópera y, particularmente, por una diva operística del momento con quien entabla una curiosa amistad. Mientras, y gracias a este perfecto engranaje construido por el escritor francés, entre la actualidad francesa del momento y por necesidad del guion, la de la vecina Alemania, en referencia al auge del una nazismo primigenio, el lector se hace una idea bastante aproximada de un periodo histórico tan importante y decisivo, enclavado en aquellos años a caballo entre los años veinte y treinta del siglo XX. 

Datos sobre la política, la prensa, la industria aeronáutica y farmacéutica, el mundillo de la ópera, la banca y sus triquiñuelas, y la política fiscal de una Francia poderosa pero, en realidad, con pies de barro, se van vertiendo a lo largo de la novela de una manera impecable, mientras Lemaitre desarrolla la historia de venganza de Madeline, con gran talento y un preclaro dominio de la narrativa y el suspense, atrapando al lector en una red planificada a la perfección por su protagonista. Los colores del incendio lo tiene todo: misterio, venganza, material histórico, buenos y trabajados personajes, drama, algo de comedia y, sobre todo, buena literatura, creada por una de las referencias de la literatura francesa en la segunda década del siglo XXI.



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