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martes, 21 de abril de 2020

"Bullit"

En 1968, el director británico Peter Yates dirigió este clásico del género policial y suspense, interpretado por el carismático Steve McQueen. La verdad es que este film es toda una sorpresa viniendo de un director cuya carrera no ha gozado de grandes películas, más que representar con cierto orgullo a una generación de directores británicos que llegaron a EEUU y consiguieron implantar algún título de mención. En este caso, Bullit ha quedado como un modelo icónico de una manera de hacer cine de género gracias a varios factores, entre los que encontramos a su protagonista, el ford Mustang que conduce, un guión donde el suspense juega con buen equilibrio y un  montaje muy notable. 
McQueen interpreta a un teniente de la policía de San Francisco encargado de proteger a un confidente de la mafia antes de que un político con ambición lo lleve al estrado, en su búsqueda de éxito, cámaras de televisión y votos. Cuando un par de asesinos profesionales matan al confidente y hieren a un policía. Al protagonista no terminan de cuadrarle las pruebas y algunas sospechosas circunstancias hacen que investigue más a fondo lo sucedido, lo que le llevará a profundizar en un intrincado caso de intereses, engaño y corrupción. Paralelamente, el personaje de McQueen disfruta de una romántica relación con una joven interpretada por Jaqueline Bissett, manteniendo al policía entre dos mundos paralelos. Ella no es consciente de esto hasta que el caso del asesinato se cruza en el camino de ambos, provocando en la joven un fuerte shock sobre la realidad en la que se mueve su amante.
Bullit es una película referente de los 60. La banda sonora de Lalo Schifrin es archiconocida, a la que se suman las piezas musicales con las que disfrutan McQueen y Bissett en las cenas que comparten. Son propias de aquellos años dorados del jazz libre instrumentado en ocasiones por un flautista, algo que recuerda mucho a los sonidos de Jethro Tull. Por supuesto, recordar el montaje portentoso, ganador del Oscar aquel año, realizado en las escenas de persecuciones de coches en las calles de San Francisco o por las carreras en el aeropuerto al final de la película. El guión se construye sobre una novela de 1963. Funciona bien y deja fluir el suspense con el ritmo necesario como para mantener el interés, de la mano de la pesquisas y buen hacer del gran Steve McQueen, alma mater y pivote sobre el que se construye el mito de la película. Todo este conjunto de aciertos hacen de esta película un referente del cine policiaco, con tintes de intervencionismo de la política, cierta corrupción y, como no, la figura de un policía recto y cumplidor de la ley. Y por supuesto, recordar la icónica imagen del ford Mustang del protagonista, algo que ha quedado en la retina de los aficionados al género y de los amantes de los coches clásicos. 

2 comentarios:

  1. Una de mis pelis favoritas de McQueen. La solía ver con mi padre.
    Un abrazo!

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    Respuestas
    1. la verdad es que de McQueen me gusta toda su filmografía... qué carisma!!!

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