Etiquetas

martes, 4 de febrero de 2020

"1917"

La última película de Sam Mendes está localizada en el mismo año que titula el film, en el frente occidental de la 1ª Guerra Mundial. Tras una inesperada retirada alemana de su linea avanzada de trincheras, se ha ordenado un ataque de la mano del regimiento de Devonshire para ocupar dicha línea. Sin embargo, las fotos aéreas del servicio de inteligencia británico vaticina una emboscada de grandes proporciones que podría destruir a los soldados y oficiales de Devon. Para evitarlo los mandos del 8º ejército envían a dos cabos para avisar de la trampa a los más de mil quinientos hombres que están apunto de ocupar aquellas posiciones alemanas. Los enviados son el hermano menor de un teniente del regimiento de Devonshire y su mejor amigo.
Como se puede apreciar la trama es sencilla. Gira en torno al cumplimiento de la misión de llevar el aviso lo antes posible, eso sí, cruzando el frente en el que seguramente pueden encontrarse con elementos alemanes. Lo que hace especial a esta película, algo que por otra parte ya se ha comentado largo y tendido en las redes y programas dedicados al mundo del cine, es cómo Mendes ha contado esta historia al espectador. Dos largos y falsos planos secuencias ocupan todo lo largo y ancho de los casi ciento veinte minutos de metraje de la película. Y me refiero a dos planos secuencias, no porque se noten las micro uniones producidas en las escenas, sino porque el propio director ha comentado en una entrevista que filmó varios planos largos, uniéndolos posteriormente para crear esa mágica y magnífica ilusión de ver una película sin prácticamente interrupción, más allá del fundido en negro producido pasada la mitad más o menos de la misma. Sin duda es uno de los referentes de la película, logrando a nivel técnico, incluida fotografía, montaje, ambientación y dirección, unos resultados tan apabullantes, que la colocan en el top de las mejores películas de la temporada. 
A parte de este punto tan significativo y por el que la película está en boca de todo el mundo, la trama está soportada en las espaldas de dos jóvenes actores, George MacKay y Dean-Charles Chapman, ambos conocidos por sus interpretaciones en "El secreto de Morrowbone" y algunos capítulos de "Juegos de Tronos". Ambos actores encarnan a los cabos, quienes en aras de la familia de uno y la amistad del otro, inician esta carrera por lograr su objetivo a buscar, entre la crueldad de la guerra, los páramos heridos por los cañonazos y las ametralladoras, y sus enemigos, los alemanes, muchos de ellos muchachos, que al servicio de su país sacrifican sus vidas en una guerra que ya dura cuatro años. Este es uno de los mensajes de una película que eleva la amistad, el honor, el servicio y el deber como soldado, a niveles de compromiso entre amigos y soldados. Lo demás que vemos en la pantalla, plantea la dureza, crueldad y suciedad del barro en la guerra de posiciones y trincheras, circunstancias muy bien descritas por Mendes que, aprovecha las historias contadas por su abuelo soldado veterano en aquellas trincheras, para inmortalizar de esta manera tan espectacular y en primer plano,  la realidad de una guerra impersonal, desde la visión de la amistad y el afán de supervivencia. 
Con todo, me atrevo a decir que, en mi opinión no es una película redonda. La espectacularidad de su filmación y montaje, sacrifica un guión que podría haber sido más rotundo y trabajado. Es cierto que quizás no sea una característica clave en la intención del Mendes, pero hay momentos en que los diálogos son planos, incluso irrelevantes, aunque entiendo que sea una opción buscada. Queda claro que la visualidad, la fotografía y, como no, la implicación en primer plano frente espectador, a lo largo de la carrera de estos muchachos, esté por encima de cualquier explicación o connotación hablada. Más vale una imagen, aunque sea en un par de falsos planos secuencias, que mil palabras. Quizás le falte fuerza en algunos momentos, lo que hace que las escenas nocturnas en el pueblo o la epopeya en el río o la llegada al bosque o la escena final en las trincheras, tengan suficiente fuerza para embaucar, en el buen sentido de la palabra, al espectador. Es quizás por ello, que me quede, sin dudarlo, con la segunda mitad del plano secuencia, frente a la primera parte de la película. 
En definitiva, nos encontramos con una película notable que, aunque no me ha llegado a emocionar y quizás adeude un guión más robusto, demuestra la calidad y el dominio cinematográfico de un director como Mendes, realizador de películas tan reconocidas y sobresalientes como "American beauty", "Camino de perdición" o "Revolutionary Road". Sea bienvenido de nuevo al limbo de los grandes directores, del que hacía tiempo se le echaba en falta.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si comentas, aceptas la política de privacidad. Únicamente utilizaré tu correo para los comentarios. No lo almacenaré ni lo usaré para nada más.