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jueves, 4 de junio de 2026

"Ned Kelly" (1970)

Posiblemente Ned Kelly sea el bandolero más conocido de la Australia colonial victoriana del siglo XIX. Hijo de un irlandés convicto llevado a Australia, conoció muy pronto la cárcel, desarrollando a su salida una serie de robos de caballos y enfrentamientos con la policía, que le llevaron a asesinar a una serie de agentes, siendo detenido tras ser herido en el intento de descarrilamiento de un tren. Finalmente fue condenado a la horca. Su figura no solo resaltó por sus enfrentamiento con la autoridad británica, sino que además escribió un manifiesto contra la presencia inglesa, el poder de los grandes propietarios de tierras y ganado, y el maltrato y abandono del gobierno de los irlandeses, exiliados en aquellas improductivas y pobres tierras en mitad de la nada. Su figura se convirtió en un mito, y como tal, la prensa de la época, las canciones populares y tradicionales en las que aparece como protagonista, la imagen del blindaje que manufacturó para él y los miembros de su banda en su último enfrentamiento con la policía, han tenido su extensión en varias películas de más o menos acierto, entre las que se incluye la que hoy comento, dirigida en 1970 por Tony Richardson y protagonizada por un joven Mick Jagger, líder de los Rolling Stone.
Hace relativamente poco, pude ver la última adaptación cinematográfica sobre la vida de este ladrón de caballos, de 2019, de la mano del director Kustin Kurzel, realizador de producciones tan interesantes como Macbeth o la estupenda The Order. Si bien, a nivel visual, como suele ser habitual en este director, la película es una maravilla, el componente dramático resulta un tanto pesado, no solo por las interpretaciones, si no también, por la estética un tanto agobiante que remarca la desolación que rodea al protagonista y su entorno. Sin embargo, este visionado me hizo recordar la película de Tony Richardson, por dos factores claves en mi identitario cinematográfico. Por un lado, el recuerdo muy difuso de cuando la vi por primera vez, no hago memoria de cuándo fue ni en qué circunstancias. Por otro, y mucho más importante para mí, el hecho de que su banda sonora, un conjunto de canciones tradicionales irlandesas y otras relacionadas con el personaje, algunas de ellas interpretadas por el propio Jagger, formaba parte de una colección de vinilos que tenían mis padres, y que creo recordar se llamada Historia de la Música en el Cine. La cubierta incluía el cartel original en el que Jagger aparecía encorsetado con el famoso blindaje y armado hasta los dientes, imagen que se me estampó de por vida en mi cabeza, entonces tan infantil y tan fácilmente impresionable.
Pues bien, Tony Richardson, director inglés especialmente reconocido por sus espléndidas películas Tom Jones, ganadora de 4 Premios Oscar, La última carga o La Frontera, decidió afrontar en 1970 esta biografía aprovechando el estrellato de un joven Mick Jagger, en la que relata las circunstancias vitales que rodearon la leyenda de Ned Kelly, especialmente en cuanto se refiere a sus relaciones familiares, particularmente con su madre y su padrastro, sus enfrentamientos con la autoridad británica y los poderosos terratenientes, hasta la formación de su banda y el panfletario mensaje defensor de los intereses irlandeses, de los desfavorecidos y pobres emigrantes en la región de Australia en la que vivía. Todo ello trasladado con un aura de leyenda ligado a la joven edad de un delincuente dotado de cierto aura de líder mesiánico, sin esconder el verdadero trasfondo de bandolerismo, delincuencia y desarraigo familiar que le acompañaron toda su vida hasta su muerte. Curiosamente, tanto esta película como las posteriores, remarcan la extraña relación que mantenía su familia con un estrambótico policía y las consecuencias que se desarrollaron posteriormente, en un escabroso y lleno de misteriosos juegos de traiciones, engaños y tratos de poder que rodearon su vida de delincuencia y posterior apresamiento.
Este film no es una película de esas que pasan al tratamiento de un clásico, es más, si se ve con objetividad, Jagger no funciona bien como actor protagonista, el montaje tiene algunas lagunas extrañas en su filmación, y como conjunto no termina de funcionar, a excepción de algunos tramos de la película, dotados de ese estilo tan personal de Richardson, en el que juega con la picaresca del personaje y el mito artificial que se crea a su alrededor. Sin embargo, como decía al principio, el componente sentimental que mantengo con ella, me ha llevado a disfrutarla, gracias a que recientemente se ha incluido en el catálogo de Amazon Prime, eso sí, solo en versión doblada, oportunidad que he disfrutado, en cierta manera, cancelando una deuda pendiente que tenía desde hace años. En ocasiones, el capricho del aficionado al cine se encuentra por encima de calidades fílmicas y dotaciones de premios y se dirigen más a colmar las ansias y recuerdos infantiles de un servidor. 








 

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