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jueves, 18 de junio de 2026

"El pisito"


Aprovechando la efeméride de la celebración del centenario del nacimiento del guionista español, Rafael Azcona, la Filmoteca de Navarra está realizando un ciclo de homenaje que consta de cuatro películas, comenzando con ésta que comento hoy en mi blog. El pisito, película estrenada en 1958, es su debut cinematográfico de la mano del director italiano Marco Ferreri. La trama cuenta las desventuras de una joven pareja de novios a la espera de tener un piso para poder casarse. El joven se encuentra realquilado en casa de una mujer anciana, y pretende sustituirla en el alquiler tras futurible fallecimiento de arrendadora. Sin embargo, tanto el casero como la burocracia propia de la época lo impide, por lo que la pareja plantea como solución la extravagante idea de que el joven se case con la anciana para asi poder heredar el alquiler.
En este película, Azcona ya muestra su pericia y dominio de la fusión de la comedia y el drama, que definirá toda su carrera como uno de los mejores guionistas de nuestro cine. Sus diálogos y el trasfondo histórico y personal de sus protagonistas, conjugan a la perfección la compleja situación de la pareja de novios, a la que se une la picaresca tan recurrente en nuestra sociedad, así como la crudeza y las necesidades vitales de quienes buscan un hogar. Las escenas se suceden en un ir y venir continuo, en el que el joven novio, interpretado por José Luis López Vázquez, se ve abocado a la presión de su novia, encarnada por Mary Carrillo, tras diez años juntos, la precariedad de su trabajo y la escasez de pisos en un Madrid que, si bien es cierto que está creciendo tras los años de posguerra, también vive aún con un pie en el pasado. La visión de la capital sorprende en el intercambio de imágenes urbanas propias de una gran ciudad y los descampados y cierta mirada rural, heredera de la emigración que abandona los pueblos para llenar las ciudades. 
Todo confluye a la perfección en este film, en el que los personajes y sus caracteres se van definiendo conforme avanza su corto metraje de apenas ochenta minutos. Desde la mirada triste y presionada del joven novio, pasando por la presencia autoritaria de su jefe en la oficina, o la picaresca del dentista compañero de alquiler, hasta el deseo un tanto avaricioso de la novia deseosa de poseer un piso en propiedad, todo determina un universo en el que Azcona reúne crítica, análisis, comicidad y drama, sacando petróleo de una situación real de necesidad y empeño vital que amalgama la imagen de un país y una sociedad ansiosa por ocupar un lugar en la estructura urbanita de Madrid. De ahí que la solución propuesta por la joven pareja destile picaresca, necesidad, algo de ruindad y también, no poca pena, especialmente representada por el personaje de José Luis López Vázquez, como consecuencia del necesario fallecimiento de la anciana para conseguir un resultado que, por otro lado, le llevará a perder su propia libertad. Resulta especialmente interesante y quizás anecdótico a primera vista, cómo Azcona señala con intención, la piedad encarnada en la prostituta compañera de alquiler del protagonista. Todo tiene sentido en esta metáfora maravillosa de lo tan propiamente humano, enfrentado a una necesidad de un pisito en el que asentar una matrimonio tan esperado.
Pero además del fantástico guion planteado, no podemos olvidar la excelente dirección de Marco Ferreri, también en su primera película. Tanto la dirección de actores, como su dominio de la cámara en interiores, consigue trasladar al espectador todos los detalles de la vida de sus protagonistas. Lo hace, especialmente en lo angosto del pisito y sus habitáculos, así como en la oficina del joven novio. El movimiento de cámara, incluidos algunos travelling bien ejecutados, trasladan la imagen de ese piso tan deseado, mostrando su escasez en superficie, en sus estrechos pasillos y la escasa amplitud, por ejemplo de la cocina, lugar habitual de reunión de los inquilinos. Ese excelente tratamiento del espacio en relación a los personajes, se muestra, gracias al concienzudo trabajo del italiano, en la primera de las tres películas que dirigió en España entre 1958 y 1960, cerrando su estancia en el país, con otro estupendo film, El cochecito, protagonizado por el gran Pepe Isbert. Pero eso ya es otra historia.



 

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