En el año 1900, el escritor japones Natsume Soseki, autor de obras tan emblemáticas para la literatura contemporánea de su país, como Soy un gato, Botchan, El caminante o Kokoro, recibió una beca del Ministerio de Educación para viajar y estudiar en Londres. Si bien su estancia no fue del todo agradable para su estabilidad emocional y su salud, debido a las penurias económicas pasadas y la incomodidad manifiesta del personaje en el mundo occidental anglosajón, el escritor no desaprovechó la oportunidad de seguir escribiendo y obteniendo ideas y tramas de su estancia en la ciudad. Es más, la influencia de Inglaterra, por causa de sus lecturas realizadas en el país y su relación en algunos ambientes culturales, se deja ver con gran claridad y riqueza en esta serie de relatos que, la editorial Satori, en su habitual buen hacer, ha recopilado en este libro editado con amor y deferencia por la literatura del autor.
En sus páginas se reúnen nueve piezas, relatos y novelas cortas, escritas entre los años 1900 y 1905, en las que se entremezclan escenas localizadas durante su estancia en Londres, con otras situadas en su Japón de origen, profundamente marcadas por la Guerra Ruso - Japonesa desarrollada durante aquellos años y su interés por lo metafísico, el destino y lo sobrenatural, y un par de bellísimos relatos largos cuya trama es directa heredera de la poética de la leyenda artúrica y de la mítica Mesa Redonda, de la que se enamoró literariamente y profundamente.
Entre las primeras de ellas, encontramos Noticias de Londres, Diario de una bicicleta, La Torre de Londres y El museo de Carlyle, versadas sobre escenas cotidianas en las que solitario escritor describe con lujo de detalles, desde un concepto profundamente humanista y con un destello dramático, algunas de sus experiencias en Londres, todas ellas marcadamente descriptivas y plagadas de rincones y lugares de la capital. Las segundas, tres de ellas, se localizan en Japón, y confluyen en su interés por lo metafísico, lo fantasmagórico, en un cruce entre la búsqueda e investigación de sus protagonistas y el destino que les depara, con destellos literarios relacionados con el amor y lo romántico. En estos relatos, el recuerdo de las obras de Shakespeare sobrevuela a baja altura y con notable peso, en sus trama y en su ascendente literario y escénico adoptado. Para terminar otras dos de sus piezas marcan a rojo vivo su pasión por los mitos artúricos, con cierta envergadura y ambición literaria, en las que la fábula mágica y romántica aportada por la presencia de caballeros y princesas, se nutre de una profunda narrativa, en ocasiones poética, en las que es capaz de fusionar la tradición britana con destellos y detalles perfectamente localizables en la cultura escrita y tradicional japonesa.
Estas dos novelas cortas, El escudo de la ilusión y Rocío sobre las hojas, son la joya de la corona de un libro, en su conjunto, lleno de profundidad, melancolía y un tanto de tristeza. Sus historias, algunas como anécdotas y otras con un profundo sentido literario, están plasmadas en una series de creaciones únicas, en las que se fusiona el trasfondo cultural marcadamente occidental, ya sea como escenario real o imaginario de sus tramas, con ese dominio innato que fluye de la escritura profundamente japonesa del gran Soseki, en un juego inteligente de descripciones, sentimientos, imaginario místico y tradiciones milenarias, llevadas al papel con un estilo único e inimitable.

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