Estrenada en el año 1958 y dirigida por el gran Robert Wise, Torpedo es una de las grandes películas del la historia del género bélico cuya trama se desarrolla en un submarino durante la II Guerra Mundial. En esta ocasión, el sumergible protagonista realiza sus misiones en el Pacífico Sur, atacando convoyes japoneses en el momento de la máxima expansión nipona.
Tras ser hundido por un destructor de escolta de uno de estos convoyes, el comandante Richardson se empeña en conseguir el mando de un submarino para vengarse por la derrota sufrida, hecho que le llevó ocupar un despacho en Pearl Harbor. Su insistencia hace que le destinen a un submarino, cuyo segundo, el teniente Bledsoe. iba asumir un mando deseado tanto por él mismo como por su tripulación, con la que se lleva a las mil maravillas. Esta decisión del alto mando creará un tensa y compleja convivencia durante la nueva misión asignada a la nave, de la que Richardson pretende aprovecharse para conseguir el objetivo de hacer valer su venganza personal.
Hay varios factores que hacen de esta peli uno de los grandes referentes de su género. El buen trabajo de montaje y grabación en el interior claustrofóbico del submarino, hace de ella un producto ágil, creíble y que no decae en ningún momento. Además Wise maneja las tensiones ambientales de una manera privilegiada, como ha demostrado en filmes tan versátiles y reconocibles como West Side Story, La amenaza de Andrómeda, El Yang-Tse en llamas, entre otras. Esto lo consigue habitualmente localizando en pantalla a perfiles con diferente carácter, enfrentados por la situación dramática en la que sitúa sus películas. En este caso que nos ocupa, a la trama localizada en la terrible y comprimida guerra submarina, de la que nunca se sabe si una tripulación va a volver con vida de sus misiones casi suicidas, se une el extraordinario trabajo interpretativo de dos colosos de la historia del cine, como son Clark Gable y Burt Lancaster, insuperables de principio a fin en sus papeles, tan contenidos como absolutamente creíbles, en una situación que deben manejar bajo la mirada escrutadora de una tripulación al límite.
A este conjunto de interesantes características de Torpedo se suma una serie secundarios como Jack Warden, Brad Dexter o Don Rickles que aportan su buen hacer, a una de esas película de blanco y negro inmaculado, que se ha convertido en un clásico imperdurable, en su conjugación de la firme dirección por parte de Robert Wise, una puesta en escena certera y medida al milímetro y unas interpretaciones, las de Lancaster y Gable, que elevan el film a los altares cinematográficos del género.




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