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jueves, 15 de enero de 2026

"Puñales por la espalda: De entre los muertos"

Seis años después del estreno de la exitosa y acertada primera entrega de las investigaciones del peculiar detective Benoit Blanc, protagonizando la película Con puñales en la espalda, creada y dirigida por el director Rian Johnson, y después de su, en mi opinión, fallida segunda entrega, ha llegado a las pantallas de Netlix, la tercera película protagonizada por Daniel Craig en el papel del protagonista, acompañado de nuevo, por un gran y esplendoroso plantel de estrellas del cine. Y debo empezar, comentando que, en esta ocasión, Johnson sí que ha acertado en una propuesta entretenida, llena de suspense y con un factor espiritual y oscuro que le ha venido la mar de bien. 
La trama gira alrededor de una solitaria parroquia del este de los EEUU, en la que un párroco con un pasado incierto y lleno de furia y carácter, encarnado por Josh Broslin, lidera y controla a unos pocos feligreses en una apuesta espiritual especialmente heterodoxa. A esta iglesia llega destinado un joven sacerdote y exboxeador, interpretado por Josh O´Connor, con algunos problemas con la autoridad y el uso de la violencia, pero muy comprometido con su Fe y con la sobreentendida misión de un sacerdote por guiar en la paz y el perdón a sus feligreses. El choque brutal que sufre este joven al encontrarse con un párroco y un rebaño tan variopinto y peculiar, se complica cuando su líder muere en extrañas circunstancias un Viernes Santo en plena celebración en la iglesia. Es aquí cuando aparece el detective Benoit Blanc para intentar aclarar una muerte llena de misterio y oscuros secretos del pasado.
Por supuesto, en una película de género de una duración de casi dos horas y media, el suspense propuesto va mostrando al investigador diferentes y cambiantes pistas, llevadas al equívoco en el juego habitual de despiste y de intercambios de focos en la investigación. Quizás el metraje se haga un pelín largo e innecesario, pero también es verdad, que el director necesita tiempo para presentar a los personajes, unos cuantos, como ya nos tiene acostumbrados, e incluir diversos flashbacks en su intención de ir jugando con las sospechas dirigidas a casi todos ellos. Lo que realmente me ha gustado de esta peli es cómo plantea en la pantalla, en un duelo interpretativo muy bien solventado entre el inspector y el joven cura, el enfrentamiento entre lo racional y lo religioso, en este caso subrayando asuntos como la salvación y la confesión y el perdón de los pecados. Esos diálogos entre los dos personajes y todo el tema de la crítica a la Fe o a las creencias religiosas, en este caso dirigidas a la religión católica, funcionan muy bien en un juego de tira y daca entre ambos personajes. En este caso, la apuesta cinematográfica de Johnson en el uso de la iluminación en algunas escenas, están magníficamente diseñadas para potenciar este pulso tan humano, y cimentador de un film lleno de rincones tenebrosos, pecados escondidos y la necesidad del ser humano de creer en algo, algo que va más allá de los terrenal, aunque muchas veces tenga, en realidad, una solución más cercana y racional.
La dirección de actores funciona muy bien, especialmente en los dos protagonistas mencionados, también en el párroco desmelenado interpretado por Broslin, y en una fantástica Glenn Close, marcándose un papelón que le va como anillo al dedo. La participación de los reconocidos Andrew Scott, Cailee Spaeny, Mila Kunis, Thomas Haden Church y un felizmente recuperado de su accidente Jeremy Renner, cuadra en el guion de Johnson, en el que juega con sus intervenciones según le convenga en la propuesta de pistas y la búsqueda del culpable. Sin embargo, quien destaca sobre todos ellos, convirtiéndose en el principal y bendecido protagonista, es un fantástico Josh O´Connor, en el papel del joven cura, en esa lucha interna por controlar cierto espíritu violento, ser un buen sacerdote y llevar la paz y el perdón allá donde lleva su palabra. El actor se enfrenta ante aquella parroquia tan extraña y la muerte de su párroco, con un sentimiento de duda, incredulidad y tensión espiritual, equilibrada inteligentemente por el camino investigador del personaje de Daniel Craig. O´Connor lo clava, haciéndome pensar que, sin su participación, posiblemente, la película no me hubiera llegado tanto, no solo como puro entretenimiento sino también por la propuesta del director en poner en tela de juicio algunos asuntos espirituales, aparentemente vacuos, pero que en la peli resultan indispensables en la consecución de la resolución del caso. Vaya gran año se está pegando el actor ofreciendo grandes interpretaciones.


 

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