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lunes, 5 de enero de 2026

"Operación Biting. El asalto en paracaídas contra el radar de Hitler" - Max Hastings

Los últimos libros que ha escrito el historiador especializado en historia militar, Max Hastings, llevan como título el nombre de una operación militar localizada en la Segunda Guerra Mundial, y además, como segundo factor importante, han coincidido en tratarse de esfuerzos bélicos realizados por los Aliados en un contexto menor y de tamaño más limitado a los grandes momentos críticos que han protagonizado otros de sus libros más reconocidos. El objetivo de esos últimos trabajos está dirigidos a mostrar los esfuerzos militares más concentrados y que han pasado más desapercibidos para los aficionados a aquel momento histórico, pero que sin embargo, tienen en muchas ocasiones un valor doble. Esto se debe, en primer lugar, al sacrificio y el esfuerzo afrontado por pequeños y puntuales grupos se soldados. En segundo lugar, porque muestra la apuesta tecnológica, humana y estratégica por parte de los aliados, fundamentalmente en este caso los británicos, por no perder pulso en el enfrentamiento contra las fuerzas del Eje, en momentos de cierta debilidad en los primeros años del conflicto. 

En esta ocasión, Hastings nos remite a una operación creada con la finalidad de robar a los nazis, en la costa norte de Francia, un nuevo tipo de radar, conocido como Würzburg, y trasladarlo a Inglaterra con la intención de investigar la tecnología aplicada y, de paso, dar un paso adelante y mostrar cierta iniciativa en un momento, febrero de 1942, en el que las derrotas británicas se iban sumando sin remedio, y solo quedaba mostrar señales de resiliencia al mundo entero, mientras se esperaba la deseada llegada de los EEUU al continente europeo. Al inicio de la guerra, Churchill había dado orden de crear el Cuerpo de Operaciones Combinadas, con la intención de mostrar cierto músculo de imaginación y acción militar ante el enemigo. Paralelamente se formó en Inglaterra la 1ª División Paracaidista, en vistas de los buenos resultados obtenidos por alemanes y rusos al inicio del conflicto, a pesar de las profundas reticencias por parte del alto mando británico. A todo ello, unimos el esfuerzo por organizar una resistencia solvente y omnipresente en suelo francés, evolucionar con premura los conocimientos tecnológicos en cuestiones de radar, imprescindibles para poder ganar la guerra y, sobre todo, lograr algunos resultados que elevaran el ánimo de un país apremiado por lograr algunas victorias significativas, obtenidas gracias a la combinación de todas las ramas del ejército.

En la línea narrativa a la que Hastings nos tiene acostumbrados, el británico ocupa gran parte del libro en desmenuzar los pormenores que provocaron la creación de esta operación y, cómo no, la presentación detallada y analítica de cada uno de los protagonistas que formaron parte de ella, especialmente en cuanto refiere a los líderes y piezas claves de la misma. De ahí que desmenuce, en sus correspondientes capítulos, el perfil de Reginald V. Jones, director asistente del departamento de Inteligencia Científica del Ministerio del Aire; Lord Louis Mountbatten, Comodoro de Operaciones Combinadas; Frederick Browning, general al mando de la 1ª División Aerotransportada; Gilbert Renault, alias "Remy", miembro aventajado de la Resistencia francesa; John Frost, comandante de la Compañia C del 2ª Batallón de la Div. Aerotransportada y Charles Cox, el experto en radares enviado a un lugar solitario en la costa francesa cerca de El Havre, junto a 120 hombres, entre ingenieros y paracaidistas, para robar un radar en una operación nocturna, en la que la fuerza aérea, la marina y la inteligencia británicas, conjuntas, tendrían que lograr el primer éxito reseñable logrado por las tropas aerotransportadas en la guerra.

A partir de aquí, Hastings se explaya en relatar puntualmente al lector, la planificación, organización y realización de la operación, incluyendo todo tipo de datos, hechos y anécdotas acontecidas. Tal como nos cuenta, se sucedieron una serie de errores que pudieron llevar al total desastre y a la pérdida de todos los hombre involucrados en el asalto. Sin embargo, la suerte buscada y encontrada, la decisión y el arrojo de algunos de los miembros de la operación, la ineptitud y desconcierto de los alemanes destinados a la guardia y custodia del radar en cuestión, e incluso, la conveniencia de la inexactitud de algunas acciones tomadas en las escasas horas que duró el asalto, hicieron de él un éxito, aportando a una asfixiada Gran Bretaña, un soplo de aire y esperanza, tan necesario en aquel momento de la guerra. Algunos de los nombres señalados se harían famosos durante el conflicto, en operaciones de renombre y más calado, como las acontecidas en Dieppe o Arnhem. Algunos morirían a lo largo de la guerra y otros sobrevivirían a la misma, pero todos ellos, es innegable, formaron parte de esta pequeña pero significativa y exitosa operación combinada británica por robar un radar a los alemanes.

 

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