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jueves, 8 de enero de 2026

"Valor sentimental"

Dirigida por el director noruego Joachim Trier, la película Valor sentimental se ha estrenado en España con el Gran Premio del Jurado de Cannes debajo del brazo y con ocho nominaciones a los Globos de Oro. Con semejante bagaje y el precedente acompañado de tan buenas críticas de su anterior película, La pero persona del mundo, no podía ser de otra manera que me lanzara lo antes posible a verla en pantalla grande y descubrir a este, dicen, portentoso y Bergmaniano director nórdico.
La trama gira alrededor de una casa y la familia que ha habitado en ella desde hace cuatro generaciones. Y comienzo mi crítica de esta manera, porque sin la escenificación y presencia de la casa no se podría entender la película y su profundo trasfondo. Al comienzo del film encontramos a dos hermanas, ya adultas, en aquella casa el día del funeral por el fallecimiento de su madre. Su padre, un famoso director de cine, las abandonó junto a su esposa, cuando ellas eran unas niñas. En un momento dado, aquel padre ausente se presenta sin previo y ante el desconcierto de la hermana mayor, le ofrece un papel en su nueva película para lo que le ofrece leer el guion, también clave en la trama del film. La hija, ante la oferta, se niega siquiera a leerlo. Días después se entera de que su padre ha ofrecido el papel a una joven estrella de Hollywood y pretende rodar la peli en la casa familiar. Con este detonante, la protagonista y su entrono más cercano, entran en un ciclo de recuerdos, sensaciones olvidadas y encontronazos, mediante los que se irán mostrando los roces, traumas y sentimientos de los cuatro protagonistas principales, es decir, el director, sus hijas y la joven estadounidense.
Trier realiza una película basada en los personajes protagonistas y en sus angustias, secretos y sentimientos reprimidos, mostrados al espectador conforme los diálogos, las imágenes y una voz en off, van mostrando ciertas circunstancias claves y primordiales del porqué de aquella situación familiar y el regreso de un padre ausente. El continuo diálogo de los intérpretes, todos magníficos y insustituibles, Stellan Skarsgärd, Renate Reinsve, Inga Ibsdotter Lillesas y Elle Fanning, entablado en diferentes fases de la peli y en escenarios enmarcados y direccionados dramáticamente por la casa familiar, nos hace afrontar las divergencias y las heridas marcadas en el adn de todos ellos, en su pivotar alrededor de un guion y, particularmente, una escena del mismo, clave para discernir las consecuencias provocadas por un daño, aparentemente irremediable en el sentir, por una parte, de un padre quizás arrepentido pero inmovible en su manera de ser, una hijas dolidas e incapaces de entender aquel pasado y este reencuentro, y una actriz que no entiende su presencia forzada en aquel rodaje. 
Los sentimientos de los protagonistas traspasan la pantalla en un proceso cinematográfico provocado por el director, en el que los silencios, las miradas y las reacciones físicas, acompañan unos diálogos demoledores, en una puesta en escena en la que el espectador forma parte del decorado, de los escenarios propuestos, de la misma y siempre presente casa familiar. Para todo ello, no basta realizar un exigente y concienzudo trabajo de dirección con una cámara que acompaña a los actores y actrices, como si de su conciencia y sentidos se trataran, sino que además, el director debe apoyarse en unas interpretaciones no solo solventes, sino también robustas y convincentes la tarea hercúlea por trasmitir tal cantidad de sentimientos, dolor, fatiga y mala conciencia. Y en este caso, el resultado del trabajo actoral, no solo es impecable, sino que es magnífico, transmitiendo al espectador, todos ellos, las profundas heridas provocadas por las circunstancias mostradas en las tramas de la película, la principal y las secundarias, también imprescindibles para entender su trasfondo y peso argumental.
Quizás haya momentos en los que todo resulta demasiado denso, sentimentalmente hablando, casi excesivamente traumático, en la apuesta interpretativa tan volcada y dramática en algunas escenas. Sin embargo, me parece que todo este contexto y contenido es necesario para transmitir todo lo que, de manera clara y diáfana, pero también, de un modo soterrado y casi opaco, se pretende mostrar al espectador, de la mano de las personales y sentidas interpretaciones de sus protagonistas. La persona que se enfrente a este film debe hacer un esfuerzo por trascender las imágenes y los diálogos y leer más allá de un guion, que en ocasiones solo deja pistas de las causas de aquellos sufrimientos mostrados, en un deseo por dejar ciertos claro oscuros abiertos a la inteligencia o al adivinar del espectador, para definir finalmente el cierre elegido por el director que, sin duda alguna, apuesta por las segundas oportunidades y la capacidad, a veces egoísta, de la búsqueda de la propia redención. No se pierdan esta película, por favor, se  podrían arrepentir. 



 

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