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jueves, 15 de octubre de 2026

El precio de la red"

 

Más de quince años después del estreno de La red social, película dirigida por David Fincher y cuyo guion estuvo a cargo de Aaron Sorkin en su adaptación de la novela de en Mezrich, en la que se contaba el proceso de creación de la plataforma Facebook y cómo Marck Zuckerberg se convirtió en una de las personas más poderosas y odiadas del mundo, Sorkin retoma al personaje, en esta ocasión en la doble faceta de escritura del guion y dirección, en unos tiempos que en nada recuerdan a aquellos años. Los años de poder y dominio de esta plataforma en las redes, vinieron seguidos de una época de crisis, promovida por el cambio generacional de sus usuarios y la aparición de nuevas plataformas, convirtiendo internet en un campo de batalla por liderar las comunicaciones de la Humanidad. Sin embargo, ahora, la batalla busca rentabilizar los esfuerzos por mantener la fidelidad de aquellos que inicialmente solo buscaban comunicarse libremente, para navegar exclusivamente a través de los algoritmos manipulados. Es en este lugar, en el que Sorkin localiza la película, entre los años 2019 y 2021, una época de conflictos, pandemia y polarización mundial, especialmente localizada en los EEUU.
La película comienza con una escena, en forma de prólogo, en la que aparece un enfrenamiento verbal entre una mujer y un par de policías. Por desgracia, el lenguaje de ella resulta extremista y violento, en un discurso, móvil en mano, lleno de racismo y radicalismo. Esta escena no solo nos presenta por dónde se va a mover la peli, sino que también será utilizada por la protagonista para explicar el porqué de su decisión. Ésta, una analista de Facebook, descubre la sospechosa utilización de los algoritmos para multiplicar la exposición de ciertos mensajes compartidos en la plataforma, sin que nadie ponga límites, en un peligroso desequilibrio entre radicalización, libertad de expresión y productividad económica de la empresa. Para ello, contacta con un periodista del  Wall Street Journal, que será premiado posteriormente por su trabajo con el Pulitzer, junto al que poco a poco va horadando en las entrañas y los dimes y diretes de  la compañía de Zuckerberg. Paralelamente, Sorkin muestra la personalidad del empresario, sus discutibles planteamientos expresados entre el uso de la libertad y la libertad mal entendida en la red, en unos tiempos difíciles protagonizados por la pandemia y la presencia de un  Trump, al que no se sabe porqué no se le nombra en la peli, durante su primera legislatura como presidente, incluida su derrota ante Biden. Ya sabemos qué sucedió entonces en el Capitolio, ¿Verdad?
Sorkin, es indudable, escribe endiabladamente bien, y desde su guion nos propone la compleja y retorcida visión de disposición de Facebook, como una plataforma de comunicación en la que los algoritmos deberían filtrar y controlar el mal uso de la red. ¿Qué pasaría si este control se desvirtúa para buscar llegar a más usuarios, y fidelizar su uso, a cuenta de perder control y aprovecharse de aquellos momentos convulsos? El dilema, que pasó finalmente por una Comisión del Congreso de los EEUU tras la investigación del periodista y la colaboración de la empleada de Facebook, es más que conocido y por ello, Sorkin carga las tintas en las dudas necesarias planteadas ante esta situación y la denuncia mostrada por el descontrol de la red en beneficio de ciertos grupos extremistas, por culpa de aquellos algoritmos programados con conocimiento de sus consecuencias. Sin embargo, Sorkin, en la dirección no explota la trama, a pesar de mostrar un guion sólido y solvente. Su planteamiento a lo largo del metraje va perdiendo fuerza, hasta resulta en algunos momentos incluso plana, en un proceso periodísticamente hablando interesante, pero planteado con una falta de pulso considerable. 
Mikey Madison, Jeremy Allen White y Jeremy Strong interpretan bien sus papeles, pero se echa de menos una dirección con estilo, con carácter, algo que no sabe imprimir Sorkin a una película que resulta fría en el conjunto de su exposición, muy lejos de algunos films de referencia de los últimos años en el género periodístico, como El dilema, Los archivos del Pentágono o Spotlight. Un punto positivo en la propuesta del director es la elección del actor secundario Bill Burr en su interpretación de un ex inversor de Facebook, cercano y enfrentado a Zuckerberg, que hace de Pepito Grillo como única voz racional en una empresa en la que todo el mundo dice a todo que sí a su fundador y en donde no cabe una idea discordante con la oficialidad de la empresa.
En definitiva, una peli con un guion que enfatiza bien en el fondo, pero que pierde la oportunidad, en la forma, de mostrar con una dirección más acertada, uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, el uso y control de las redes y la fina y delgada línea entre la libertad de expresión y el debido control de la violencia, mensajes extremistas y el control empresarial de las plataformas en beneficio propio. Lástima. Una oportunidad perdida.

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