Cuando en Mayo de 1940 las tropas alemanas invaden los Países Bajos con la intención de atacar Francia y provocar el colapso militar de los ejércitos francés y británico, cientos, miles de personas provenientes del mundo de la cultura y el arte, particularmente hombres y mujeres de origen judío, o ideología socialista o comunista, muchos de ellos expatriados de Alemania y Austria tras la subida al poder de Adolf Hitler, se replantearon seriamente hacer de nuevo sus maletas y alejarse del frente de batalla y huir al extranjero. Sin embargo, la velocidad del avance alemán cogió a gran parte de ellos ante la imposibilidad de abandonar el país. La posterior rendición del alto mando francés y la creación de la Francia de Vichy bajo el gobierno del general Pétain, insufló en todos estos exiliados y perseguidos por las leyes nazis, y algunos ya prisioneros en campos de confinamiento, un cierto soplo de aire fresco al escapar por el momento de la Gestapo y sus huestes, provocando una serie de marchas y traslados al sur de Francia, donde confiaban encontrar una alternativa de huida del país.
En junio de 1940 la situación de estos intelectuales y artistas huidos a Francia resulta extrema, mientras en EEUU, el presidente Roosevelt se encuentra frente al dilema de atender la presión de las organizaciones humanitarias para prestar ayuda a los refugiados y exiliados en Vichy, frente a la gran mayoría de su electorado más favorable a la no intervención. Tras una reunión con los Departamentos de Estado y Justicia, exige encontrar maneras de salvar a aquellas gentes amenazadas sin poner en peligro la seguridad del país. Es aquí donde aparece la figura clave de este ensayo escrito por Uwe Wittstock, galardonado con el Premio Theodor Wolff de periodismo. El periodista estadounidense Varian Fry ya había tenido cierta experiencia con los violentos modos nazis en su estancia en Berlín en julio del año 1935, siendo testigo del ataque de los nazis a comercios y ciudadanos judíos de la capital alemana. Junto a algunos colaboradores, funda el Comité de Rescate de Emergencia, para el que consigue patrocinadores y el permiso del gobierno para trasladarse a Europa e iniciar, a lo largo de cuatro semanas, la salida de algunos preeminentes intelectuales perseguidos por la Gestapo.
A lo largo de las semanas se instalan en Marsella, la que será la sede de un grupo de jóvenes y valientes voluntarios que a lo largo de casi un año y medio, consiguen sacar del país a miles de artistas, intelectuales y personas relacionadas con la cultura, no solo enfrentándose a las trabas y la presión de los funcionarios de la Francia de Vichy y los agentes de la Gestapo, sino también a las profundas y gravísimas trabas planteadas por la administración estadounidense, frente a la implicación en tiempo, dinero y medios que Fry consiguió para la consecución de sus planes. Entre algunos de aquellos hombres y mujeres que, o bien cruzan la frontera de Francia con España ya sea por ferrocarril o por las vías abiertas en los Pirineos, o bien huyen por mar, podemos encontrar nombres tan preminentes como Lisa y Hans Fittko, Hannah Arendt, Lion Feuchtwanger, Heinrich Mann, Franz Werfel, Anna Deghers, Walter Mehring, André Breton, Marc Chagall o Max Ernst.
Este ensayo relata paso a paso, día a día, la gran aventura mediante la que un hombre y sus colaboradores y patrocinadores, consiguieron dar esperanza a miles de personas de poder escapar de las garras nazis. En ese camino quedaron algunos por el camino, mostrando la dureza y el pánico forzado por los colaboradores de Vichy, mientras muestra también en sus páginas, la ayuda de no pocos franceses en una epopeya marcada por el esfuerzo de unos pocos en pro de la cultura, la libertad y el conocimiento, por encima de las naciones, creencias y las ideologías a las que se perteneciera.

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