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sábado, 11 de enero de 2020

"La maldición de los años pares" - Iñaki Arbilla

El género literario del diario me resulta tan lejano como tremendamente personal. Me refiero a que no es un tipo de lectura al que me suela acercar, además de que entiendo que cuando un escritor decide trasladar negro sobre blanco el desarrollo del día a día en su vida, sin duda, busca plasmar sensaciones y pensamientos, tan íntimos y sentidos, que creo que podrían resultar especialmente ajenos a mi realidad personal. Sin embargo, cuando me enteré de la publicación de este diario que reseño hoy, del escritor y periodista pamplonés Iñaki Arbilla, mi curiosidad comenzó a invadirme. Conocí a Iñaki en la presentación de la última novela de Susana Echevarría y creo que congeniamos bien desde el primer minuto. Quizás por ello, me animé a acudir a la presentación del libro estas navidades y, por ende, a hacerme con él.


Iñaki Arbilla desarrolla en su libro el devenir del año 2018 en su vida. Un año marcado por la reciente muerte de un amigo y el luto que mantiene Iñaki por su memoria, además de ser un periodo de su vida marcado con la entrada y salida en el complejo y sensible mercado laboral en el mundo del periodismo. Si bien estas dos premisas sean quizás dos de los pilares principales sobre los que se sustenta el diario, Iñaki también aprovecha para volver su vista atrás en los años, revisitar su relación con sus tías y abuelas, compartir una sentida mirada a la Rochapea, su barrio de toda la vida, o analizar con objetividad y serenidad algunos asuntos públicos que desordenaron y llenaron los titulares de algunas noticias, tanto municipales, provinciales o nacionales, durante aquel año. Todo ello le ha servido de pretexto para mostrar al lector sus sentimientos y pensamientos sobre la vida y la muerte, su entorno más cercano, la importancia de la familia, la amistad o su propia situación laboral.

La lectura del diario se desarrolla con buen ritmo y, en algunas ocasiones, con profundas y nada pasajeras reflexiones, especialmente enmarcadas desde el mes de enero hasta principio de julio. Es a partir del verano y hasta finales de octubre, donde la ocupación laboral de Iñaki en un nuevo trabajo que le obliga a viajar por casi toda España, hace que su narración fluya de manera más superficial y ágil, como si el calor, la luz del sol y el trabajo deseado, le hicieran ver la vida con cierta despreocupación, con otra iluminación y color. Será cuando llega el otoño, donde de nuevo recuperamos al escritor de los primeros meses del año, más sentido y profundo, y desde mi punto de vista, más interesante para el lector. 

Debo decir que mi experiencia con este diario ha resultado satisfactoria, al comprobar como Iñaki ha sido capaz de filtrar sus pensamientos sobre su familia, su barrio o la actualidad más mundana y periodística, en un equilibrado y sosegado análisis de su experiencia con la vida, de la transición a la muerte en su entorno más cercano y sus más sentidas referencias divinas y mundanas. Desde luego,  a partir de ahora tendré que fijarme más en este género, prácticamente nuevo para mí que, gracias a Iñaki, me ha dado luz a la hora de fijarme en asuntos que quizás hasta ahora, por no tocarme de cerca, no habían llamado mi atención.

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