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viernes, 13 de diciembre de 2013

"La Gran Armada" - Colin Martin y Geoffrey Parker


Lord Burgheley, escribió años después del intento de invasión de Inglaterra por parte de la flota española, un folletín que termina con la siguiente frase: "Así termina esta narración de las desgracias de la Armada española que ellos dieron en llamar INVENCIBLE". De esta manera y como ha sido habitual en la historia de Inglaterra, tales referencias al infructuoso intento de Felipe II por subyugar a Isabel I, publicitados por los ingleses, se incorporaron como propaganda de una empresa que si bien fue un desastre para los españoles, no fue tanto una victoria lograda solamente por la armada inglesa. La magnitud gigantesca de la ambiciosa finalidad que la Armada pretendía obtener, dificultaba terriblemente el éxito de la misma.


Efectivamente, en este estupendo ensayo escrito por el historiador Geoffrey Parker y el arqueólogo Colin Martin, se pretende demostrar como un cúmulo de circunstancias hicieron que la mayor flota creada hasta entonces, fracasara en su intento de invadir las Islas Británicas. Con todo, debemos tener en cuenta una premisa previa, y es que exceptuándo a Felipe II, ninguno de los participantes en la operación con capacidad de mando confiaba en la realización del plan con un éxito del 100%. Ni Medina-Sidonia ni el Duque de Parma, confiaban en que las dificultades que el objetivo mostraba, fueran del todo superadas. Es más, hasta tres planes diferentes se presentaron frente al monarca, y éste combinó todos ellos, creando el que sería el más difícil de completar. Pero analicemos otras circunstancias.


Desde la mejor preparación de la marinería inglesa, pasando por las innovaciones utilizadas en sus barcos en materia de armamento y la pericia de sus comandantes, fueron factores importantes a la hora de interpretar las acciones navales. Pero sería injusto quedarse con este matiz. Ni siquiera el mal tiempo, en un principio, pudo evitar el triunfo de la empresa española, ya que este factor, se produjo en el momento postrero, ya casi de retirada de la flota. Deberíamos achacar las debidas responsabilidades a factores que apuntan directamente a la organización de los mandos españoles.

El seguimiento casi enfermizo y la necesidad de controlar directamente las operaciones por parte de Felipe II, no dejaba resquicio para maniobrar a los comandantes de la flota y de los tercios, cuando en aquellos tiempos los mensajes y las órdenes tardaban muchos días en llegar de un frente a otro. Por otro lado, no olvidemos que a pesar de los retrasos en el avance de la flota desde los preparativos en Lisboa, pasando por su estancia en el cantábrico hasta su llegada a las costas inglesas, los navíos españoles llegaron perfectamente conjuntados y dispuestos para llevar a buen término la operación. Excluyendo la pérdida de uno o dos navíos en circunstancias lastimosas, la Armada estaba dispuesta en tiempo y orden para afrontar el embarque de los efectivos de Flandes. Sin embargo, esto no se pudo dar debido a los retrasos, problemas de comunicación y malentendidos de ambos comandantes y especialmente del Duque de Parma. A partir de este momento, y contando con la iniciativa inglesa en la batalla de Gravelinas, rompiendo definitivamente la escuadra y la posterior decisión  de los españoles de retirarse por el Mar del Norte, de vuelta a España, todo fue un cúmulo de malas decisiones, unido, sin duda al calamitoso tiempo reinante que hizo que gran parte de la flota se hundiera en las costas escocesas e irlandesas.

Este ensayo pretende mostrarnos factores que hasta ahora no se habían estudiado y ni siquiera se habían atribuído como posibles causas de los acontecimientos, como es el caso del diferente diseño de las cureñas de los cañones de los barcos españoles e ingleses o la preparación y composición de la marinería de sendas flotas. Así mismo no olvida clasificar y analizar las decisiones tomadas en los dos bandos a lo largo de los días que acontecieron los hechos, purgando responsabilidades y casualidades.

Ensayo especialmente detallado en los datos que afectan a las naves perdidas por la Armada española, sus mandos, decisiones y posteriores circunstancias en suelo escocés e irlandés, los autores nos cuentan punto por punto las aventuras y desventuras de los que naufragaron en costas enemigas y no pudieron regresar a casa.

Geoffrey Parker y Colin Martin nos transportan al gran fracaso de una Armada, que de haber enlazado satisfactoriamente con los tercios de Flandes y haber desembarcado en suelo inglés, habría quedado en la memoria de la historia como un hito militar y estratégico. Pero esto no sucedió y la historia sólo recuerda lo acontecido en la realidad, con sus consecuencias transcendentes e inmutables.

Estupendo libro, muy ilustrativo y completo. Resulta algo prolijo en datos, pero a su vez, está tan bien escrito que su lectura resulta apasionante, tanto, como las desventuras que corrieron los españoles que naufragaron en Escocia y sobre todo en Irlanda, de resultado, en general, terrible. De lectura imprescindible para conocer los pormenores de los hechos, sus causas y sus consecuencias.







4 comentarios:

  1. A ver si este año que viene lo compro, que ahora debe estar de bolsillo. De todos modos lo del mal tiempo o la falta de planificación tampoco debería tomarse como una excusa de malos perdedores, porque al año siguiente los ingleses la pifiaron en la Península de parecida manera, acontecimiento del que hay mucha menos información y menos inglesa. Joder, es que se trataba de todo un intento de invasión a otra nación, y no precisamente de las más débiles. Era un plan muy ambicioso y al alcance sólo de un rey y nación ambiciosos como los nuestros (aunque nos dejase arruinados, claro).

    Parker es además un tío historiográficamente solvente, aunque sea inglés. Buena reseña.

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    1. Gracias. Era un plan terriblemente ambicioso. Si hubieran conectado Medina-Sidonia y Parma otro gallo habría cantado seguro... Pero era muy difícil ensamblar las piezas a la perfección, muy difícil. Después fue una terrible desbandada. Y si, Parker es un escritor muy serio. Un placer verte por mi blog. Un saludo.

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    2. Es curioso, y por abundar con el tema del post, imaginar qué hubiese pasado de haber triunfado. Porque claro, con desbancar a los Tudor no hubiese quedado tan tranquila la cosa (interminables reivindicaciones guerreras dinásticas, fijo), y habría que haber llevado más soldados (Flandes 2.0), más gasto en transporte, ver cómo articular fidelidades nobiliares... en aquellos tiempos la plebe se regía por el principio de obediencia absoluto y el sentimiento nacionalista no existía como tal, pero mira lo qué pasó en la revolución del siglo siguiente... menudo plan, sí. Casi mejor para España que no saliese, porque hubiese creado unos follones impresionantes.

      Un afectuoso saludo navideño, a ver si tenemos todos buen año... :-)

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    3. Precisamente el último capítulo del libro trata sobre este tema. Es verdad que aunque había cantidad de católicos en Inglaterra, otra cosa hubiera sido que los españoles fueran aceptados en territorio inglés. Más bien, lo que se pretendía era poner en el trono a algún noble de familia con mucho ascendiente y católico y después retirar las tropas. Pero eso sería otra historia. Feliz NAVIDAD para ti y los tuyos y buen año nuevo.

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