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lunes, 23 de diciembre de 2013

"Almas grises" - Philippe Claudel


1917. Un pueblo de Francia. Se oyen los cañonazos del frente. Aparece una niña asesinada en las afueras. La policía, el alcalde y el juez, contemplan el cadáver en una mañana fría y desapacible. Esta es la trama en la que se entrecruzan la vida de los habitantes de una pequeña población francesa sin nombre, a la que no sólo sacudirá la cercana y destructiva guerra, sino que también, estremacerá un terrible asesinato. Sin embargo, lo que en principio podría parecer una simple novela de investigación policial, se convierte en un observatorio literario que analiza la vida de los habitantes de uno de tantos pueblos que jalonan el territorio francés, a los que la cercanía de la guerra afecta en el día a día de aquellos terribles años.

El escritor Philippe Claudel nos desgrana de manera fría y directa la personalidad de una serie de personajes que se han relacionado directa o indirectamente con el protagonista real de esta lúgubre historia: el Fiscal Destinant. Sobre él y sobre su vida, el narrador, un joven policía, nos va desgranando las características personales y sentimentales del personaje. Mientras tanto, otros ciudadanos del pueblo van apareciendo y desapareciendo en la vida que transcurre alrededor del Fiscal. Será clave la llegada de una nueva profesora al pueblo, que formará parte del paisaje cercano y humano de nuestro protagonista, hasta prácticamente el final de la novela. Además personajes como el juez, el militar que participa en la investigación, una vagabunda que recoge chatarra, un joven policía y muchos más, formarán una especie de ajedrez, en el que todos y cada uno de ellos participarán en la investigación de nuestro narrador.

Paralelamente, la guerra como fondo resulta centro inevitable del paisaje de la comarca. Desde el comienzo de la 1ªGM, algunos jóvenes del pueblo han acudido a filas. Gracias a la situación de una gran industria en sus cercanías, otros muchos se han quedado en sus casas. Sin embargo nadie escapa a las garras asesinas de la contienda mundial. Poco a poco la pequeña población se llena de heridos, mutilados, muertos, que llenan los hospitales y las casas, creando un paisaje demoledor, que con el estruendo de los cañonazos en la lejanía, hará que los pobladores actuén no solo como espectadores, sino también como arte y parte de la retaguardia de la guerra, segundo protagonista de la novela.

Y no olvidemos al narrador, ese policía que nos lleva de la mano, gracias a flashbacks y pequeñas conversaciones, entre descripciones de los personajes y la investigación del asesinato, al centro del drama que se presenta en el pueblo. Sufrirá su propia tragedia, algo tan íntimo, tan cercano, que acumula a la desgracia de la comunidad, su propia desgracia personal.

Philippe Claudel, nos traslada a un paisaje que si bien linda con la guerra y la sufre por su cercanía, nos plantea una cuadro de personajes complejo, con sus canallas y sus santos, sus privilegiados y sus parias. Una pintura, donde unos utilizan el asesinato de la niña en su propio interés y otros se esconden de ese entorno cruel y maloliente entre la población. Un pueblo, donde todavía las jerarquías marcan el día a día de esa pequeña comunidad. Personalidades oscuras, tristes, desgraciadas, opresivas, jactanciosas, generosas... se entremezclan en una magnífica descripción del ser humano y de su alma. Nos muestra como las desgracias no vienen solas y cada persona las combate con sus propios medios, enfrentándose a ellas o dándoles la espalda y todo ellos explicado, escrito y narrado con mucha humanidad, como si  de un gran cuadro se tratara, donde los detalles y los caractéres no se escapan a la visión del escritor. 

Una novela corta, pero profunda, donde las descripciones de los personajes están por encima de todo. Deslumbra por sus diálogos con entidad, nunca superficiales y que sin duda estremece al lector por su dureza, ante su visión de la vida.

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