Anthony Mara, director australiano de la película que hoy comento, no me es desconocido a pesar de haber dirigido solo tres películas. No hace demasiado tiempo disfruté de Hotel Bombay, un interesante thriller basado en los atentados realizados en 2008 por terroristas pakistaníes en un hotel de la India. Uno de los factores que más me gustaron de aquel film fue la capacidad del director para gestionar la tensión y el suspense a lo largo de toda la película. Pues bien, ese factor, lo potencia de nuevo en Tiempo de victoria, aunque no lo hace de la misma manera que aquella, sino más bien desarrollando una situación límite condensada entre cuatro paredes ante una determinante decisión a tomar.
Como algunos de vosotros bien recordaréis, si sois aficionados al cine bélico, en la película El día más largo, dedicada al desembargo de Normandía del día 6 de junio de 1944, se muestra en una escena la compleja situación de las fuerzas invasoras antes de iniciar el ataque aerotransportado y naval más grande hasta entonces realizado, debido a una fuerte tormenta que se abalanzó sobre las costas del sur de Inglaterra y el norte de Francia. Pues bien, la película dirigida por el director australiano, versa sobre los tres días previos al desembarco, en los cuales el departamento de meteorología del ejército Aliado tuvo que analizar el tiempo que se iba a desarrollar para el día elegido por el alto mando, dirigido y liderado por el general Eisenhower. De ello dependía el éxito o fracaso de la invasión o la necesidad de retrasarla, lo que resultaba claramente perjudicial teniendo en cuenta los miles de soldados, equipo militar y de transporte que estaba ya organizado para actuar en aquella misión.
La cuestión, es que los componentes del departamento en cuestión no coincidían en la predicción a realizar, potenciado por el hecho de que uno de estos sus responsables era estadounidense y persona de confianza del general y el otro, un eminente meteorólogo británico, para más señas, escocés. El dilema no solo estaba basado en diferentes maneras de estudiar aquella ciencia tan compleja, sino en desautorizar al hombre que había aconsejado con acierto en aquel campo, las distintas operaciones Aliadas en el norte de África. Este es el dilema que presenta el director al espectador, en una película soportada en una convincente ambientación y un par de interpretaciones notables, personificadas en los dos protagonistas, el meteorólogo encarnado por un Andrew Scott, comedido y muy teatral, lo que aporta credibilidad a su papel, y el general Eisenhower, interpretado por Brendan Fraser, bastante correcto, aunque quizás un tanto sobre actuado. Ambos dignifican su intención y deseo de lograr una operación exitosa, bajo la larga sombra del desastre que podría producirse si el tiempo anunciado no resultara tal y se espera en los días elegidos. El peso moral, pero también el peso de la responsabilidad en la misión de invadir Europa, durante años retrasada por varios factores, con el único fin de derrotar a la Alemania Nazi, aportan la gran tensión vivida en aquellas horas previas.
Si bien, el director se aprovecha de diversos factores que potencian la emotividad y las circunstancias que acompañaron a aquella decisión y a los factores del tiempo analizados, con cierta artificiosidad y puesta en escena dramática, el film tiene la fortaleza de resultar entretenido a pesar de que se conoce su desarrollo final. Además, el hecho de sumar una circunstancia personal en la figura del meteorólogo, aporta un dramatismo quizás innecesario. Con todo, la peli funciona bien y se disfruta de principio a fin, recordando un tanto el buen estilo de las películas clásicas británicas ambientadas en aquella época. La participación de la actriz Kerry Condon como la secretaria del general, resulta razonable como nexo de unión entre los dos protagonistas, y la actuación de Damian Lewis, interpretando al general británico Montgomery, en su ya conocido papel de pendenciero y arrojado militar, lleno de ego y cierto oportunismo, es golosa, aunque quizás un tanto excesiva. Del papel del meteorólogo estadounidense uno se olvida enseguida, siendo el rol más flojo, en favor del escocés, lo que quizás haya significado una oportunidad perdida de forzar un duelo a tres bandas. Buen producto, pero sin resaltar, seamos sinceros.




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