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lunes, 14 de septiembre de 2026

"SI los muertos no resucitan" - Philip Kerr

Si los muertos no resucitan, libro publicado en 2009, es la sexta novela del escritor Philip Kerr, protagonizada por Bernie Gunther, y reconocida con el Premio Internacional de Novela Negra de RBA y con el Premio Barry a Mejor Novela Británica. Sus trama cabalga entre dos periodos claramente diferenciados. En su primera parte, se localiza en el Berlín de 1934, en plena vorágine nazi por construir las instalaciones que acogerán los deseados JJOO de 1936. Bernie Gunther esta trabajando para el Hotel Adlon, uno de los más prestigiosos y elegantes de la capital alemana. En la segunda mitad de la novela, el autor nos traslada a La Habana, diez años después, lugar en el que nuestro querido protagonista negocia con un fabricante de tabaco la posibilidad de abrir una delegación en Alemania, con la intención de volver a su país después de su huida tras la guerra y su paso por Argentina. Cuba se encuentra bajo el régimen del militar de Baptista, apoyado por los EEUU, en un país en el que la revolución cada vez está más presente.

Pero vayamos por partes. En 1934 el régimen nazi domina la estructura política y social de Alemania, y está empeñado en llevar adelante su proyecto de albergar los JJOO. Si en una primera instancia los EEUU habían puesto muchos obstáculos a su participación, los últimos acontecimientos en las negociaciones entre ambos países y ciertos informes de la comisión enviada a Alemania, alejan el boicot estadounidense. La aparición de un cuerpo sin vida en una habitación en el Hotel Adlon y la presencia de la escritora y periodista Noreen Charalambides harán que Bernie Gunther comience una peligrosa investigación alrededor de la construcción de los edificios olímpicos y la oscura participación de ciertos elementos estadounidenses en un Berlín donde, no solo se persigue indiscriminadamente a los judíos, sino que también se les usa de mano de obra barata. El mundillo del boxeo, los bares y cafeterías de la ciudad berlinesa y los peligrosos sótanos de la policía y la Gestapo alemana, juegan su importante baza en esta primer aparte de la novela. 

Vayamos ahora a la parte ambientada diez años después en la ciudad de La Habana. Gunther vive con cierta comodidad en una ciudad donde la música suena día y noche. Por cierto, música que odia nuestro detective. Cuba vive de la fabricación del tabaco y los hoteles y casinos de juego, bajo control militar y policial de Baptista, en una boyante economía surtida del todo poderoso dólar de la posguerra. Sin embargo, son tiempos en los que el comunismo y el sonido de la revolución sobrevuelan el país, de la mano de un tal Fidel Castro. Y entre medias, como no, la mafia estadounidense y aquellos que se forraron durante la guerra, campan sin control entre los hoteles y casinos de la ciudad. Es en esta tesitura cuando Bernie Gunther se reencuentra con algunos viejos conocidos de aquel lejano Berlín de 1934. Deudas pendientes y venganzas dejadas para otro momento, se reencuentran, se reactivan, motivadas por un viejo amor que tuvo que romperse de forma abrupta, años atrás. Los lugares y las circunstancias son diferentes, pero las motivaciones no han cambiado.

Pues bien, Philip Kerr construye alrededor de su insuperable protagonista, una de sus mejores novelas, por lo menos de las que yo haya leído, en un inteligente y fantásticamente bien construido entramado entre ambas localizaciones y periodos de la historia. En un juego inteligente de situaciones, personajes y eventos históricos, el escritor escocés construye una ambientación perfecta en ambas ciudades, tan diferentes y extremas. El lector es transportado con aparente facilidad a los sucesos que le acontecen a un Bernie Gunther inteligente, socarrón, por momentos introvertido pero nunca miedoso a la hora de dar la cara y decir lo que se le pasa por la cabeza, en un ejercicio personal pero preclaro de los que el entiende por justicia. Tanto en Berlín como en Cuba, su existencia peligra por el simple hecho de mostrarse comprometido con las cosas y las personas que merecen la pena para él, en un sagaz juego de equilibrio entre su capacidad demostrada en sus investigaciones, su locuacidad en el enfrentamiento con sus contendientes y su manera de vivir la vida, a veces llena de melancolía, de resquemor. En definitiva, una gran novela, imprescindible en el género, que se disfruta de principio a fin, en un espectacular despliegue narrativo, de ambientación y de creación de personajes, por parte de un Philip Kerr bendecido por los dioses de la inspiración.  


 

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