De John Banville he leído su increíble El intocable y su más reciente Los lobos de Praga, Premio Hislibris de hace unos años a Mejor Novela Histórica en lengua extranjera. Siendo un escritor de referencia, es cierto que tras leer sus libros, siempre doy cierto margen de tiempo para repetir, quizás debido a su narrativa algo densa en descripciones o a ese trasfondo que maneja, en ocasiones oscuro y lleno de insinuaciones y sombras. Con todo, de alguna manera regreso a él y aunque no siempre cumpla mis expectativas, sí que reconozco a un gran escritor, en su fondo de obra y su forma literaria.
Evelyn Dolman, escritor frustrado de guías de viaje inglesas y su esposa, hija de un magnate estadounidense, quienes forman un matrimonio casi de conveniencia y mal avenido, viajan en 1899 a Venecia tras ser ella desheredada como consecuencia de algunos oscuros episodios de su pasado. Desde el minuto uno, Venecia se le presenta a Evelyn como un lugar esquivo, mustio y lleno de intrigas y personajes misteriosos. La propia personalidad del protagonista, heredera de una infancia problemática y machacada por una relación con Laura, su mujer, distante y llena de desplantes, hace que dude de todo lo que ve y de cada personaje que se cruza por su camino. La espesa bruma que sobrevuela su mente se ve potenciada por los encuentros, misteriosamente fortuitos, con las personas que le acompañarán a lo largo de las páginas de esta novela llena de mezquindad, sospechas, mentiras y entuertos, tanto físicos como psicológicos. Todo para enrevesar aún más, una relación prácticamente nacida muerta y su estancia en una ciudad a la que odia, mientras su confianza en sí mismo, ya per sé, se encuentra en una situación bastante frágil.
Banville, presenta al lector un complejo y espeso panorama, tanto físico como psicológico. A la mente cohibida y falta de carácter del protagonista, se suma la sombra fría e invadida por la niebla de una Venecia tan retorcida y tenebrosa como la de aquella que nos describió Ian McEwan, en su maravillosa y terrible novela El placer del viajero. Para ello, el irlandés utiliza una narrativa en ocasiones redundante y siempre muy psicológica, en un juego presencial de hechos físicos y pensamientos mentales que, entremezclados entre ellos, presentan un submundo de indecisiones, dudas, desconfianza e inseguridad que, por momentos, puede poner de los nervios al lector. A mí me ha sucedido, y a resultado ser un hándicap para su lectura, no tanto por el aporte psicológico, sino más bien por las idas y venidas, y las reiteraciones buscadas en los desencuentros del protagonista con su propia personalidad y presencia. Por ello, la lectura de esta novela, por momentos me pareció ardua. Sin embargo, mi empecinamiento por confiar en el universo literario de Banville, ha permitido que la terminara, no sin sentimientos encontrados.
No le niego al irlandés el reconocimiento a su novela, especialmente a su recorrido interior y al acierto en la trama que muestra a un Evelyn zarandeado y machacado por su creador y por los personajes desarrollados a su alrededor. Creo que la descripción de los ambientes y escenarios recorridos en una Venecia especialmente brumosa y traicionera, resultan a la perfección a la hora de acompañar la mente manipulada del protagonista. Sin embargo, el recorrido no me ha resultado tan efectivo como esperaba. Los caracteres presentados en esos personajes que se cruzan ante Evelyn funcionan muy bien, en ese uso tan retorcido de los intereses y mentiras, pero también abruman al lector. En definitiva, el camino narrativo no me ha convencido tanto como la historia y la trama que se presenta en la novela. Quizás sea problema mío...

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