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jueves, 3 de septiembre de 2026

"La Odisea"

Por fin me decido a escribir la crítica de la película La Odisea de Christopher Nolan, producción que tanto a dado que hablar a lo largo de este verano. Y lo hago después de verla tres veces, las dos primeras recién estrenada, y la tercera, casi un mes después de aquella primera, vista y disfrutada con la perspectiva suficiente y el alejamiento necesario a aquel momento en el que se lanzaron desde algunos sectores académicos y otros no tanto, ataques a degüello contra esta producción cinematográfica, por tanto, libre e independiente creación artística, dentro de unos límites aceptables, de aquella magnífica e imperecedera obra de Homero. Por cierto, una obra creada hace más de tres mil años que, seguro que hasta su implantación a la escritura antigua, sufrió también cientos de modificaciones, adaptaciones y manipulaciones, herederas de su propio origen oral. 
Desde el primer momento adelanto que lo que voy a hacer a continuación es, básicamente, analizar la película como lo que es, un producto puramente cinematográfico, realizado por uno de los grandes cineastas que hay en la actualidad, sin entrar demasiado al detalle, en lo relativo a su más o menos acertada visión de la obra original. Pero ante todo, debo comenzar diciendo, que en mi opinión personal, La Odisea no es su mejor película y, aún así, es una gran película. No negaré algunos problemas de estructura en su largo metraje de más de tres horas y algunas fases de la misma que no terminan de convencerme, como por ejemplo la lucha final en el palacio de Ítaca, en una escena mal planteada en su montaje, o también algunas líneas interpretativas de Matt Damon, en general muy correcto en su interpretación pero no especialmente expresivo, o quizás la endeble presencia de Tom Holland en el papel de Telémaco. En referencia a su estructura narrativa, el hecho de ver la película más de una vez me ha ofrecido una visión más detallada y concentrada de tan magna producción, especialmente en lo referente a algunos diálogos y a algunos importantes factores visuales y sonoros. Algunas fases de la historia, especialmente en las diferentes aventuras que rodean el viaje de Odiseo, tienen un ensamblaje irregular entre ellas, casi a saltos. Además de eliminar algunas etapas del viaje del protagonista, toda la etapa de Nausicaa, en un primer visionado esa parte central de la peli queda algo coja narrativamente, aunque, repito, una vez visionada en una segunda ocasión, todo parece coger sentido sin echar en falta de lo que el director ha decidido prescindir. Quizás por ello, es más fácil enfrentarse a este film sin conocer la obra original y con una mente virgen absolutamente volcada en lo que sucede en el metraje, que hacerlo conociendo la historia, a la espera lo que pueda aparecer en pantalla, en clave crítica.
A mi, de La Odisea, siempre me han gustado mucho más las escenas desarrolladas en Ítaca, alrededor de los pretendientes que acosan a Penélope y las idas y venidas de sus personajes, tanto los que desean desposarse con ella, como la serie de personas que conocieron a Odiseo y le recuerdan con anhelo. Lo que está claro es que en ese transcurrir en la corte, el espectador va enterándose poco a poco de lo sucedido tras su partida a Troya, que, unido a las fases de recuerdo del protagonista intercaladas a lo largo de la película, pone sobre la mesa las consecuencias de la destrucción de la ciudad, gracias a la idea de Odiseo de construir el famoso caballo y su posterior complicado regreso a su casa. En este trasiego de información, muy bien estructurada por Nolan en un montaje que funciona, y que sigue más o menos el orden de los Cantos de la obra original, no solo se plantean los recuerdos y desesperanzas de Penélope. También, y como consecuencia de los actos del protagonista, como consecuencia de sus decisiones y sus órdagos a los dioses, Odiseo es castigado por romper la sagrada norma de hospitalidad que imperaba en su tiempo. Nolan, coloca a su protagonista, a la vez como culpable y como víctima de sus actos, por los que debe sufrir la ira del destino, o como diría Homero, la ira de los dioses, en su propia carne y, sobre todo, en la de sus compañeros. A estos hechos se suma la venganza y la sangre propuesta a su llegada a Ítaca. Por cierto, además de por la presencia de Atenea en la figura de Zendaya, los dioses aparentemente ausentes en comparación con lo que sucede en la obra de Homero, se presentan en la película no solo en la figura infinita e ingobernable del ancho y tempestuoso mar, sino que también lo hacen gracias a las evidentes predicciones presentadas al héroe por Circe o Tiresias, y con la aparición recurrente de truenos, generalmente atribuidos a un Zeus siempre presente.
La película me ha resultado en su totalidad muy entretenida, no solo por su capacidad de contar con acierto y solvencia lo que narra, sino también, como es habitual en el director, surtiendo a su creación de una superlativa envolvente técnica y visual a todo lo que ocurre en ella. Por supuesto me refiero a lo que sucede en las aventuras del propio Odiseo y su encuentro con monstruos y elementos fantásticos, incluido el mar, presente con toda su fuerza y presencia, clave en su viaje, o por ejemplo la escena localizada en el Hades, un lugar tan oscuro como envolvente y misterioso. Sin embargo, Nolan también acierta y con sobresaliente, en las escenas íntimas, especialmente en las localizadas en el palacio de Ítaca, con un buen uso de la luz de hogueras y hachones en interiores y con un movimiento de cámara que acerca al espectador a los sentimientos profundos mostrados en escenas claves de la peli. Me refiero a las conversaciones mantenidas entre Antinoo y Penélope, y especialmente, la cruzada entre Odiseo, como mendigo y Penélope, uno de los momentos más importantes y acertados del film, en su narración de los sucedido en Troya y sus consecuencias, no solo para el propio devenir de protagonista, sino también para una civilización a punto de desaparecer.  
Además me gustaría llamar la atención de la parte acontecida en la casa de Circe, encarnada por una increíble Samantha Norton, en su mágica y dantesca intervención en la conversión de los hombres de Odiseo en una piara de cerdos, desde el punto de vista cinematográfico, magnífica por tenebrosa y directa, sin duda, una de las grandes escenas de la peli. No olvidar tampoco a John Leguizamo en su interpretación del fiel porquero Eumeo, acertadísimo en un papel clave en la obra de Homero. Quizás ellos dos sean las mejores aportaciones interpretativas a la película, junto a algunas fases de Robert Pattinsson como Antinoo, que hubiera sido perfecta de no ser por su esperpéntica posición en la lucha final, para mí incomprensible.  
En mi opinión, en general, la película funciona muy bien de principio a fin, excluyendo algunos apuntes comentados más arriba. En conjunto, la peli puede abrumar en su presencia, pero creo que es capaz de englobar las ideas, el mensaje y las fortalezas y debilidades de sus personajes salidos de la obra de Homero. Quizás haya echado de menos algo más de emoción, de emotividad, posiblemente enterrada por el personal estilo de Nolan, a la hora plasmar en pantalla la potencia del entorno mítico y de epopeya de la historia original. Bien es cierto que en escenas como la comentada antes de Odiseo como mendigo ante Penélope, o el encuentro con su perro Argos, sean evocadoras de sentimientos más a flor de piel. Por ejemplo, sí que funciona la épica destructiva de las fases en las que se muestra la conquista y destrucción de Troya. Aquí la cámara en mano, la música, y el fuego y la sangre, evocan guerra sin piedad en la invasión de la ciudad ante la que los griegos han perdido diez años de sus vidas.  Está claro que, unos y otros, tendréis vuestras escenas favoritas, que algunos echéis de menos personajes o situaciones, que para otros sobren minutos de metraje, e incluso para quienes todo está mal en ella, pero es innegable, absolutamente innegable, que cinematográficamente La Odisea de Nolan es una producción que, con algunas debilidades, que las tiene, es un modelo de estilo y de calidad demostrada, por su dirección, producción, empeño, técnica, propuesta artística y actividad creadora. Y, sobre todo y ante todo, es una creación loable y personal de su director, guste o no guste. 
Para terminar, quería comentaros que este verano, como complemento al triple visionado del que he disfrutado de la peli, he leído también Odisea, la obra original de Homero, editada por Alianza Editorial y trasladada a prosa por el profesor García Gual, he disfrutado de nuevo de las películas El regreso de Ulises de Uberto Pasolini y Ulises de Mario Camerini y Mario Brava y he paladeado con gusto las adaptaciones al género del cómic realizadas por Javier Olivares y Santiago García en La cólera y La sabiduría de los mitos: La Odisea de la serie de cómics creada por Luc Ferry, editada por ediciones Yermo.











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