Nueve años han pasado desde la última película estrenada por Gore Verbinski como director. De su mano han salido las tres primeras películas de la saga de Piratas del Caribe, The Ring, la super interesante El hombre del tiempo con mi queridísimo Nicholas Cage, La cura del bienestar o la para mí, muy entretenida versión de El llanero solitario. Pues bien, en esta ocasión, en su esperadísimo regreso a las pantallas, el director realiza una película distópica cercana en su trama, a las imperecederas Terminator, Al filo del mañana, Mátrix o Doce monos.
Un extraño hombre disfrazado y empuñando un temporizador de una bomba que lleva agarrada a su cuerpo, entra en una cafetería para alistar a un grupo de personas en su lucha personal contra una poderosa IA que ha conquistado el mundo en un futuro no tan lejano. Curiosamente, según cuenta a su rehenes, es la ocasión número ciento diecisite en la que intenta formar un equipo que logre vencer al ente en su periodo más iniciático, adelantándose al terrible futuro que le espera a la humanidad, debido a que en las anteriores ocasiones no ha logrado su objetivo.
Gore Verbinski no se queda con explicar y presentar al espectador esta trama principal, sino que conforme ésta avanza, va mostrando en forma de flashbacks lo que les ha sucedido antes de la entrada del extraño hombre en la cafetería, en relación a sus sospechosas experiencias personales con el uso de las redes, las consecuencias del abuso de internet y la generación por parte de la IA de mundos alternativos complacientes con sus usuarios. Estas sub tramas, presentadas alternativamente a la principal recuerdan un tanto a los episodios que con tanto éxito completaban las distintas temporadas de la serie Black Mirror. Con todo esto que cuento, ya podéis ir adivinando por donde tira esta divertida, por momentos terrorífica, y entretenida película.
¿Por qué me ha gustado tanto esta peli? Para mí tiene tres factores claves para hacer de ella un producto más que interesante, más allá de ser deudor o heredar ideas, destellos, de algunas de las grandes películas que he indicado anteriormente. En primer lugar me fijaría en la clave crítica, profundamente crítica contra las redes sociales como peligroso vehículo de una imaginería que busca atrapar sin remedio a sus usuarios, proponiendo por mediación de los algoritmos, todo lo deseado por el consumidor, ejerciendo de aparato adictivo extremadamente peligroso, interviniendo en nuestro mundo como una enfermedad contagiosa y difícil de erradicar. En segundo lugar, lo que atrapa de ella de manera firme y especialmente acertada es su guion, particularmente en sus primeros dos tercios de película, un guion lleno de humor negro y absolutamente surtido de agilidad. Esto, en tercer lugar, enlaza a la perfección con la elección acertadísima de su protagonista, un inspirado y siempre acertado Sam Rockwell. Su interpretación esta llena de excesos y histrionismo que, sin embargo, en su buen hacer, encaja fantásticamente con el rol que propone el director, soportando el peso de una peli, en la que comparte elenco con Michael Peña, Zazie Beetz, Juno Temple, y una interesante y muy potente Haley Lu Richardson.
Reconozco que, algunas idas de olla, especialmente en su tramo final, rozan la serie B y lo vergonzante, particularmente con la figura de unos gatos... terrible, terrible... Sin embargo, en conjunto, y todavía más, tras un final inesperado y muy jugoso, la peli funciona muy bien como mensaje lúdico y crítico contra la utilización de la IA y su descontrol por parte de una sociedad que solo busca lo acomodaticio, la felicidad fácil y no enfrentarse a los problemas que la vida coloca en nuestro camino. En definitiva, una extraña mezcla de tramas que a mi me divirtió mucho, en esa conjugación de entretenimiento y pesadilla terrorífica.





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