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jueves, 30 de julio de 2026

"Obsession"


Siguiendo la estela de la nueva ola de directores volcados en generar una nueva mirada de género del terror, como ha sucedido en los últimos años con películas como Black Phone, Háblame o Together, y la más reciente Backrooms, Curry Barker estrenó a comienzo de este verano su refrescante Obsession, un film enfrascado en la idea de conseguir lo que uno más desea sin plantearse las posibles consecuencias al formular erróneamente un deseo, una idea que, por otro lado, tampoco es novedosa, solo hay que recordar aquella mítica Big interpretada por Tom Hanks, en su aspecto más amable. Sin embargo, la idea que manipular los sentimientos de un tercero o el destino que a uno le espera, es un tema tan humano como propio de nuestro folclore y el universo de leyendas, mitos y brujería que rodea el imaginario y la literatura desde el origen de los tiempos. Pociones, budú, maldiciones, hechizos y todo tipo de brebajes, se instrumentan alrededor del egoísmo más mundano a la hora de conseguir los deseos más imposibles.
Este es el caso del argumento de la peli a la que dedico la crítica de hoy. Un joven que está enamorado de una amiga del colegio, encuentra en una tienda de artículos de magia y sortilegios, un objeto con el que puede conseguir cualquier deseo, eso sí, como manda la tradición, solo uno y nada más que uno. Como te puedes imaginar, el joven enamorado desea que la chica en cuestión le quiera más que a nadie en el mundo. Y por arte de magia, el deseo se cumple. Pero hay consecuencias, porque lo absoluto no tiene resquicio para lo relativo, ni para las medianías, ni para los momentos de descanso ni de espera. Y es esta circunstancia, la que convierte lo que tanto se deseaba, en una gran complicación, sobre todo en manos de un director que no duda en manejar la tensión, el suspense y algunas ideas bastante tenebrosas, con una visión fresca y un manejo inteligente de los tiempos, los espacios y las luces y sombras, con las que presenta una de las mejores películas de este verano.
Barker plantea todo un abanico de situaciones creadas a partir del deseo formulado por el actor Michael Johnston, en relación con su amiga y enamorada, encarnada por Inde Navarrette, en un trabajo interpretativo muy loable, gracias a una transformación no solo gradual, sino también cíclica, estructurada en base a primeros planos oscuros, cambios en la música ambiental presentada escena tras escena, y particularmente, la gestualidad presentada por la actriz. Tras los primeros días de felicidad, todo va convirtiéndose, poco a poco, en una extraña relación de dependencia obsesiva, que lleva al actor, del amor al terror, asimilando las consecuencias de sus deseos, y ver convertida a su ángel en un demonio, en un trasiego dramático, en el que el amor insano, no deja de sobrevolar la relación de la pareja plagada de cambios de humor, situaciones estrambóticas y algunos sobresaltos desperdigados a lo largo de la película.
Sin embargo, más allá de los golpes de terror, algunos muy gores y otros herederos del cine de terror más clásico, como el juego entre sombras y ciertos elementos más reconocibles, lo increíble de la peli es la tensión que genera al espectador, planteándole situaciones de las que parece que el protagonista va a ser incapaz de escapar, en ese juego obsesivo de la joven. Si a esto unimos algunas escenas impactantes, el buen uso de la cámara por parte del joven director de apenas 26 años, el recorrido muy bien hilvanado del concepto del amor y el deseo reconvertido en una idea terrorífica, y un gran final y sorprendente giro planteado sobre la clásica historia de Romeo y Julieta llevada al extremo, tenemos como conjunto, una excelente e incómoda película que se disfruta de maravilla.


 



 

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