El municipio alemán de Oberstdorf se encuentra ubicado en el sur del país, a escasos kilómetros de la frontera con Austria, en plena Baviera montañosa. Esta pequeña localidad, ahora con casi diez mil habitantes, pero en los años en los que transcurre el ensayo, entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado, de apenas cuatro mil almas, es la protagonista de un libro que tiene su origen en una ley alemana que obliga a todos los ayuntamientos del país a mantener un registro detallado y actualizado de la historia de sus comunidades. A tal efecto, a principios del siglo XXI, una comisión formada por algunos de sus ciudadanos se implicó en recoger la historia correspondiente al complejo periodo que iba desde el año 1918 a 1952. El liderazgo de esta comisión recayó en Angelika Patel, con quien años después coincidió la escritora y ensayista Julia Boys, quien materializa en un estudio más completo y amplio, el libro que aquí se reseña.
Lo interesante de este trabajo conjunto, en comparación con otros muchos que implican el estudio de aquellos años protagonizados por la ascensión y subida al poder del nazismo en Alemania y el desarrollo de la 2ª Guerra Mundial, es que se materializa con sumo detalle y llamativa objetividad en los acontecimientos y sucesos acaecidos entre los pocos habitantes de aquel lugar. Oberstdorf se caracterizaba por una serie de factores que lo diferenciaban un tanto de otras poblaciones alemanas. Por un lado, en su gran mayoría su población profesaba el catolicismo, algo que en general posicionaba a parte de la población en contra de la ideología nazi emergente. Por otro lado, era un importante destino turístico por su situación montañosa, además de gozar de un importante atractivo para los esquiadores del momento. Y en tercer lugar, su situación geográfica, lejana de los epicentros urbanos más proclives a sufrir los embates de las crisis que sufrió el país y del ascenso del nazismo, le amortiguó un tanto, los sufrimientos y dolorosos cambios acontecidos en el país.
Sin embargo, a pesar de todo ello, aquella población particularmente agrícola y ganadera, también sufrió los salvajes cambios que se produjeron en Alemania. En esta idílica población también había veteranos insatisfechos de la Primera Guerra Mundial y jóvenes que se vieron animados a formar parte de un movimiento liderado por Adolf Hitler. Las crisis económicas y políticas también zarandearon a una población que, por naturaleza, fue acercándose a englobar una ideología que terminó por liderar el país. Como cuenta la ensayista, los católicos, socialistas y judíos que formaban parte de aquella población, también se vieron empujados a sufrir la persecución nazi, mientras algunos políticos del pueblo intentaron evitar los sangrantes consecuencias de la subida al poder de Hitler, en un proceso inevitable de desintegración de la democracia más tradicional. Los que antes eran vecinos, con nombres y apellidos, con sus diferencias, pero en general tolerantes unos con otros, se enfrentaron empujados por el aparato político de una Alemania cada vez más leal a su líder. Al final de los años treinta y los dos primeros años de los cuarenta, las victorias generadas en los campos de batalla europeos general alzaron el ánimo de una Alemania castigada tras la Gran Guerra, con lo que, lo que antes se veía con cierta precaución, entonces elevó las expectativas de un pueblo en el que sus jóvenes se alistaron mayoritariamente en los 98º y 99º regimientos alpinos del Tercer Reich. Mientras algunos judíos eran deportados, otros conseguían pasar desapercibidos, ayudados por ciertos elementos de la administración rural, menos extremos.
Los nombres y apellidos de sus pobladores, fuese cual fuese la ideología que profesaban conforme pasan los años, se van presentando ante el lector, conformando una genealogía de aquella población que poco a poco se nos va haciendo más cercana y próxima. Esta es la pretensión de sus autoras, en un ejercicio por trasladar lo sucedido en Alemania de la mano de los pocos cientos de ciudadanos de Oberstdorf. Así, conforme avanza a la guerra, el texto no solo cuenta lo acontecido en aquella población, sino también lo sucedido a los jóvenes que se alistaron para luchar, particularmente, en el Frente Oriental. Por lo tanto, podéis imaginaros que con las primeras derrotas nazis, los efectos de las misma se trasladaron también a la población, no solo a través de sus soldados muertos o heridos, sino también con la creciente militarización de la misma. No por casualidad existían algunos campos de concentración en las cercanías, y además se instalaron cuarteles de adiestramiento militar, primero para los soldados, pero conforme avanzaba la confrontación bélica, también para la población masculina en general. La guerra estaba perdida a principios del año 1945, y las consecuencias eran vívidas entre sus ciudadanos, por la escasez de alimentos, su localización fronteriza y el avance de los aliados constriñendo las fronteras alemanas. Como indican las autoras del ensayo, los refugiados y los soldados huían del Frente oriental ante el invasor soviético y la vigilancia extrema y sangrienta crecía entre los nazis más insaciables.
Por suerte, fueron las tropas francesas y las estadounidenses las que ocuparon la población. Al final de la guerra tocaba todavía sobrevivir a la derrota, punto en el que los supervivientes, hombres y mujeres, todos con nombres y apellidos, apuestaron por un renacer entre las cenizas generadas por las traiciones, los campos de batalla, las ejecuciones, el hambre y las venganzas y ajustes de cuentas de los vencedores, los propios alemanes proscritos y ahora envalentonados por la derrota nazi. Esta es la historia de una población de Baviera, de sus gentes, en un periodo que marcó un país, un continente, en el que algunos fueron héroes, otros verdugos y muchos simples supervivientes a una época en la que se produjo la mayor tragedia de la humanidad. En sus páginas sus autoras no buscan justificar las acciones y evasivas de sus ciudadanos, sus traiciones o heroicidades, sino más bien, narrar y plasmar, negro sobre blanco, cómo unos y otros, no todos posicionados pero sí todos actores y actrices de este drama, vivieron sus experiencias y tomaron sus decisiones conforme a su ideología, su sentimiento de humanidad o de oportunidad, o por simple supervivencia, y todo ello, sin afán de juzgar, sino más bien con la intención de mostrar una realidad que ya no tiene remedio, pero que marcó aquella pequeña población rural del sur de Alemania.

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