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jueves, 16 de julio de 2026

"Rebuilding"

 

¿No conocíais al director de esta pequeña gran película, Max Walker-Silverman? Os pasa como a mí, no sin razón, ya que Rebuilding es su tercera peli, y todas son de pequeña envergadura a nivel de producción. Sin embargo, hay un factor especial que me ha llevado a verla en pantalla grande, y no es otro que la participación del actor Josh O´Connor, tocado por la barita de los dioses cinematográficos en unos años en los que ha interpretados increíbles, increíbles personajes, en películas como La quimeraThe mastermindPuñales en la espalda. Entre los muertos y, cómo no, la última gran producción de Spielberg, El día de la revelación. Además, y no os voy a engañar, tengo cierta tendencia a buscar referencias de cine independiente enfocado en tristes historias de personajes solitarios y entornos tan bellos como devastadores. Así que no os sorprenderá la crítica que hoy comparto con vosotros.

La trama gira alrededor de un pequeño propietario de un rancho y unas pocas cabezas de ganado, que lo ha perdido todo en un gran incendio que ha desolado la montaña y los parajes que habitaba. Separado de su mujer y padre de una niña pequeña, no le queda otra cosa que vender su minúsculo ganado y pensar en viajar al rancho de su prima en Montana, para trabajar y ganar algo de dinero. Mientras, sobrevive en un pequeño establecimiento de caravanas, habilitado por el gobierno tras el incendio, lugar al que lleva a su hija los días que le toca cuidarla y donde conoce a una serie de personas a los que también ha sorprendido la tragedia, dejándolos con los pocos bienes que entran en sus coches y furgonetas, mientras piensan que hacer con su futuro.

Walker-Silverman construye prácticamente de la nada, una bellísima e intima concatenación de historias alrededor del joven vaquero y su relación con su hija. En su relato, Dusty, que es así como se llama el protagonista, sufre en silencio y con cierta desesperación, su nueva situación de decadencia y pérdida total, mientras recupera, de alguna manera, en esa falta de todo físico, la relación con una hija que le acompaña y le da cierta esperanza vital. En esa soledad acompañada, llena de silencios y algunas lágrimas, también coincide con sus vecinos, un heterogéneo grupo de personajes que se encuentran tan perdidos como él y que, sin embargo, unen sus historias y sus vivencias alrededor de un fuego y una mesa para filtrar sus penas y su pérdida. Es en estos dos asideros, en los que el director, mediante conversaciones aparentemente triviales y en el escenario visual de un territorio tan seco y yermo como hermoso, construye la historia de Dusty, en una evolución acompañada de esos días compartidos y el descubrimiento del mal ajeno, más allá del mal propio. Y lo hace con una mesura y una delicadeza tan dolorosa como esperanzadora. Porque de esto trata esta bellísima película. De la pérdida y de la esperanza, de la soledad y de la honestidad, de las relaciones familiares y de la necesidad del grupo como sociedad ante las dificultades. 

Las polvorientas carreteras y los campos sin vegetación, unidos a la visión del paisaje quemado, tiene como contraposición la comunidad, la generosidad y la esperanza del nuevo comienzo. Lo difícil, tal como nos muestra el director mediante la figura de Dusty, es salir del hoyo, de la tragedia, de la desesperanza forzada por la situación. Y es la familia y el drama compartido, lo que hace surgir la esperanza. Todo en esta película es mínimo y pequeño. No hay grandes conversaciones ni discursos. Hay más bien silencios y miradas, localizadas entre los personajes o, simplemente, situadas ante la inmensidad del territorio que rodea aquellas caravanas que son su único covijo. Con poco más que la presencia de unos buenos intérpretes, entre los que encontramos, además de O´Connor, a la preciosa niña Lilly LaTorre, la veterana  Amy Madigan y las reconocibles Meghann Fahy y Kali Reis, una intimista y muy lograda fotografía, y una serie de canciones folk acompañadas de una solitaria guitarra, Walker-Silverman regala al espectador una película que, sin esconder el drama y tragedia, muestra un maravilloso destello de esperanza. Muchas veces, menos es más, y este es un buen ejemplo de ello. Por cierto, disfrutarla en versión original ha sido un auténtico regalo. Bravo.



 




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