Hace más de diez años, allá por 2012 leí Lincoln, la novela histórica de Gore Vidal dedicada al insigne presidente de los EEUU durante la Guerra de Secesión estadounidense. Aquel fantástico libro me marcó profundamente por la intensidad narrativa y descriptiva que su autor desarrolló sobre los hechos que acaecieron en aquella guerra y, sobre todo, la implicación y los entuertos que sufrieron sus protagonistas, especialmente el presidente, su familia y como no, el gabinete del gobierno que le acompaño en aquellos terribles años de sangre y fuego. Un año después, Steven Spielberg, dirigió un film Lincoln ambientado en el último año de su presidencia y ya al final de la guerra. Por supuesto no puedo olvidar la visión que John Ford mostró del presidente en El joven Lincoln, más dirigida hacia los inicios del joven y prometedor abogado.
Pues bien, en 2024, la editorial Ariel publicó el último ensayo realizado hasta entonces por el reconocido periodista y escritor Erik Larson. De él he leído El jardín de las bestias, una esclarecedora y terrible crónica de las experiencias del embajador de los EEUU en la Alemania nazi de los años treinta. En esta ocasión, Larson escribe sobre la situación enmarcada en los EEUU, entre el mes noviembre de 1860, mes en el que se celebraron las elecciones presidenciales del país, y abril de 1861, mes de la caída de Fort Sumter en la bahía de Charleston en Carolina de Sur, y la posterior llamada a filas por parte de Lincoln, tras tomar posesión de su puesto, para afrontar la secesión de siete estados sudistas, previa a la Guerra de Secesión y tres meses antes de la Primera Batalla de Bull Run acontecida en el estado de Virginia. La intención del autor es narrar de manera paralela los acontecimientos sucedidos alrededor de aquel magnífico y solitario fuerte federal, Fort Sumter, y las decisiones, equívocos y posiciones que llevaron al país a una guerra, deseada por unos y repudiada por otros, que tras cinco años de confrontación, enterraría a más de setecientos cincuenta mil hombres bajo tierra.
De esta manera, Larson despieza las claves de los prolegómenos de la guerra, repartiendo por periodos temporales aquellos acontecimientos. Como él bien explica, la victoria de Lincoln en la elecciones venia interpelada por décadas de gobierno demócrata no especialmente crítico con la esclavitud asentada en los estados del Sur y de la frontera norte/sur. Las posiciones de los sudistas, especialmente lideradas por los llamados Caballeros, terratenientes y dueños de las plantaciones algodoneras que asentaban su estatus en el honor, el derecho asentado y cierta épica, muchos de ellos, con ínfulas independentistas y bélicas, y las defendidas por los abolicionistas de pro, localizados en filas republicanas y en los estados del norte, cada vez se volvían más extremas, gracias a discursos, posiciones políticas y noticias publicadas por sus periódicos afines. Y pongo un ejemplo. Lincoln nunca propuso a lo largo de su presidencia la abolición de la esclavitud a los estados del sur. Sin embargo, esta posición jamás fue tenida en cuenta por los sureños, especialmente ciudadanos de Carolina del Sur, primer estado que aprobó la secesión de la Unión tras la victoria de Lincoln en las elecciones. A este estado se unieron seis más antes de abril de 1861.
Paralelamente, Larson presenta la historia del comandante Anderson, quien, junto a setenta y cinco soldados y oficiales y algunos trabajadores, se posicionó en el Fuerte Sumter, en la bahía de Charleston, en una posición defendible, ante las noticias de secesión y de rebelión que se barruntaban en los estados del sur. Su aventura terminaría en abril de 1861 con el asedio que las tropas y artillería de Carlina del Sur, mediante una lluvia de más de tres mil proyectiles, hasta provocar su rendición. En los meses en que se localizó en el fuerte, fue consciente y testigo de los tiras y aflojas entre la administración Lincoln recién llegada tras el desastroso traspaso de poder del presidente Buchanan en una errónea lectura de los acontecimientos. Mientras, el Secretario de Estado de Lincoln, Seward, clamaba por la no intervención y otorgar ciertas cesiones a los sudistas, y el ambiente bélico se acrecentaba alrededor del fuerte, rodeado de fortificaciones federales tomadas por los carolinos. Precisamente la postura de Lincoln por retomar y recuperar las propiedades del estado federal, fue la chispa que hizo que los primeros cañonazos salieran de las posiciones de Carolina. Mientras, los líderes nordistas deseaban evitar lanzar la primera piedra, el Sur ya había decidido su destino.
El autor del ensayo desarrolla su crónica en base a una serie de personajes, todos reconocidos por la historia, empezando por el propio Abraham Lincoln, su Secretario de Estado, William Henry Seward, el general unionista Windfield Scott o el propio comandante Anderson, en cuanto a los Unionistas. Pero además, a estos suma algunos posicionados fuertemente en la postura bélica del sur, como Edmund Ruffin o James Henry Hammond, además del periodista británico William Howard Russel y muchos más, como clarividentes testigos y pilares de algunos de los hechos que allí acontecieron. Unos y otros cayeron en equívocos, mensajes poco claros, movimientos alternativos, intenciones evasivas o posiciones irrevocables como muros de acero. Como una corriente arrolladora, la guerra desencadenó, tras dos muertos y cuatro heridos en el asedio de Sumter, cuatro años de horror y sangre, cerrados con la rendición del general Lee en abril de 1865. El 14 de ese mes el propio Anderson, ya general del ejército nordista, izó la bandera que arriara años antes en su rendición. Al día siguiente, Lincoln era asesinado.
Erik Larson realiza en este libro una detalla y profunda descripción de los hechos acontecidos en esos meses, presentado los acontecimientos de una manera amena y directa, y afrontando analíticamente las decisiones tomadas y sus consecuencias, en un momento de euforia para unos y dudas para otros, convirtiendo este ensayo en una entretenidísima lectura, a la vez de altamente divulgativa. Algo, que por cierto, es marca indeleble del autor y su estilo. Muy recomendable lectura.

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