Un año después de estrenarse la película de Danny Boyle 28 años después, en su afán por recuperar la línea argumental de aquella fantástica película de 2002, titulada 28 días después, se ha estrenado la continuación natural, protagonizada de nuevo por el joven Alfie Williams, el siempre sorprendente Jack O´Connell y un maravilloso y superlativo Ralph Fiennes. El film continúa exactamente donde acabó el anterior, en una pretensión de continuidad, no solo temporal si no también argumental, potenciando la presencia y el carácter de dos personajes tan potentes como Sir Jimmy Crystal y el Dr. Ian Kelson.
Si bien la entrega del año pasado fue dirigida, como la primera de 2002, por el propio Danny Boyle, en esta ocasión cede el mando de la cámara a Nia DaCosta, en principio una directora, digamos del montón, pero que sorprendentemente y gracias a su experiencia en el cine de terror, ha cumplido con notable nota su labor en esta entrega, nuevamente guionizada fantásticamente bien por el gran Alex Garland, mano derecha del director británico, en esta larga carrera de la saga.
Como decía, la peli comienza donde cerró la anterior, mostrando al pobre joven Spike en manos de la loca y, como veremos en esta cinta, muy sangrienta banda del Sir Jimmy Crystal. Precisamente, en ella se remarca la violencia sangrienta y inmisericorde del grupo liderado por quien habla en nombre de Lucifer, para dominar a sus acólitos y también, a todo el que se le cruce en su camino. Paralelamente, la película narra la situación del Dr. Ian Kelson en su supervivencia diaria y su relación un tanto especial con uno de los Alfas que deambulan por aquel territorio. Es en el personaje de Fiennes en el que se potencia la presencia de la humanidad, en un mundo de dolor, muerte y soledad para quien sobrevive solo desde hace tantos años. En ese juego paralelo de sangre y violencia, contrapuesto al deseo de insuflar vida y humanidad, de ambas historias paralelas, la directora, Nia DaCosta, nos lleva a la conjunción de un encuentro tan esperado como ineludible entre ambos personajes, perfectamente tallados por el guion de Garland. Es en ese momento, cuando se presentan, en mi opinión, las mejores escenas y diálogos de una película que funciona muy bien en su presentación alrededor de la lucha y tensión entre el bien y el mal, tan presentes en la humanidad. Por cierto, no so perdáis, repito, no os perdáis, la escena que une en el imaginativo de la directora a Iron Maiden y al Dr. Kelson. Impresionante.
La peli muestra, en un guion que funciona muy bien, ciertos rasgos que recuerdan al grupo de soldados británicos de la primera entrega, en lo que representan los Jimmys, Pero sobre todo se sustenta particularmente, en la presencia e interpretación de un O´Connell personificando al más puro mal y, especialmente, en la de un monumental Ralph Fiennes, tan metido en su papel, tan equilibrado en su cordura casi filosófica y su amarga soledad, que muestra al espectador una auténtica clase magistral de interpretación, sostenida a base de sus soliloquios y miradas eternas y limpias. La metáfora profunda que muestra en su metraje, en la presentación de la violencia propuesta, que recuerda un tanto a la banda de La naranja mecánica de Kubrick, en su enfrentamiento con la humanidad planteada desde el brillo de la filosofía y la serenidad. bien merece un visionado. No os contaré un final, tranquilos, que enlaza a la perfección con la primera entrega de 2022, pero tampoco dejaré de recomendar ver esta peli que hoy reseño, aunque no sea apropiada para los temerosos de la violencia visual y la sangre en la pantalla, y que avanza con paso sólido la historia, hacia una tercera y última parte prometida por Boyle.




No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si comentas, aceptas la política de privacidad. Únicamente utilizaré tu correo para los comentarios. No lo almacenaré ni lo usaré para nada más.