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jueves, 6 de diciembre de 2018

"Fahrenheit 451"

Hace unos meses entré en Netflix para curiosear sobre uno de sus últimos estrenos presentados por la plataforma. La película era una moderna versión de "Fahrenheit 451", film originalmente dirigido en 1966 por François Truffaut e interpretado por Julie Christie y Oskar Werner. Como cabía esperar aguanté delante del televisor apenas media hora para decidir después, visionar lo antes posible la película original. Dicho y hecho, tras disfrutarla otra vez, y ya serán unas cuantas, me lanzo a escribir una pequeña reseña de una de las películas que marcó mi infancia cuando la vi por primera vez en televisión allá a principios de los 80.
Basada en la novela homónima escrita en 1953 por el británico Ray Bradbury, "Fahrenheit 451" se desarrolla en una sociedad distópica en la que la función del estado es controlar la mente y los sentimientos de los ciudadanos. fin que lleva a cabo mediante, entre otras cosas, la quema de los libros y su prohibición, acción represora que lleva a cabo un extraño cuerpo de bomberos. Uno de sus agentes va tomando conciencia de esta situación tras conocer a una curiosa y extrovertida maestra. Poco a poco se enfrentará al orden establecido, gracias a su acercamiento a la lectura y su hambre de conocimiento y experiencias literarias.
François Truffaut asume la dirección de esta película con un criterio muy marcado de experimentación. Sin ir más lejos, la presencia de Julie Christie, encarnando a dos de los protagonistas, en el caso de la esposa del bombero Montang y la maestra que se cruza en su vida, es significativa de la intención del director de subrayar la presencia de la misma persona física y sus diferentes caras dependiendo de su planteamiento ante la vida. Por un lado, la vitalidad de la maestra y por otro el convencionalismo y aceptación de la esposa. Una, conversadora y libre pensante, la otra, adicta a las pastillas y a la televisión hipnótica del gobierno. El paralelismo funciona a la hora de mostrar el mensaje buscado por la novela original, sobre todo, ante la presencia testifical del ofuscado y cada vez más clarividente Montang.
Por lo demás, estamos ante un clásico de la ciencia ficción que contiene en su metraje escenas ya míticas. Desde el camión de bomberos surcando las carreteras acudiendo a la llamada del aviso por la sospecha de ciudadanos que esconden libros en sus casas, o aquella en la que una mujer madura decide inmolarse con sus queridos y amados libros, o en el tramo final de la película, en la que las personas exiliadas en el bosque aprenden y recitan el libro con el que convivirán toda su vida en libertad. Porque desde luego, tanto la novela como la película es un canto a la libertad y una crítica terrible hacia los totalitarismos que con la excusa de proteger a sus ciudadanos, prohíbe, coartan y castigan por el uso y disfrute de la libertad de elección, pensamiento y acción. El uso instrumental de los medios de comunicación forman parte de la herramienta de manipulación en la sociedad, algo que en nuestro tiempo tenemos más que presente. Pero además, la historia de Bradbury y el film de Truffaut son un sentido homenaje a la literatura y sus creadores. El sinnúmero de novelas y escritores que son nombradas en "Fahrenheir 451" no son sino un pequeño retazo de la riqueza que  los libros en general y las novelas en particular, y de lo que pueden ofrecer a la sociedad y sus individuos, como ejemplo de sentimiento humano, experiencias vitales y sobre todo presencia de libertad y entidad individual, bases de toda sociedad libre pensante y por ende, democrática. 
En definitiva una gran película, visualmente sorprendente y que aporta en su mensaje, gran sensibilidad por medio de las interpretaciones de ambos protagonistas, gracias a una dirección portentosa de un brillante Truffaut. Un clásico cinematográfico que traslada muy bien a la pantalla la excelente novela de Bradbury. Ambos, en todo caso, imprescindibles.