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lunes, 15 de enero de 2018

"Godless" - Miniserie

1880. Un pueblo minero localizado en el oeste de Norteamérica pierde en un accidente a la mayoría de sus hombres, dejando el pueblo lleno de viudas y niños. Un sangriento forajido llamado Frank Griffin mantiene aterrorizado al territorio con sus ataques a pueblos, trenes y ranchos. Cuando uno de sus hombres más cercanos, llamado John Goode, le traiciona, se inicia una caza sin descanso. Goode se refugia en el rancho La Belle, propiedad de una viuda, quien convive con su hijo mestizo y su suegra india, mal viviendo de la cría de caballos en una tierra tan seca como recóndita. Y mientras la ley, de la mano de individuos valientes y firmes, pero siempre en franca minoría, siguen la pista del malvado Griffin, con la intención de acabar con sus cabalgadas.
Este el argumento más o menos resumido de una de las series del pasado otoño estrenadas en Netflix. Siempre se agradece el esfuerzo por las cadenas de televisión por ofrecer un western al viejo estilo clásico, lleno de bandoleros, tiroteos, solitarios marshalls y mujeres indómitas. Desde luego la serie, compuesta de siete capítulos de sesenta minutos, en principio cumple con creces la estructura, presencia y trama típica de este género. Los tres primeros capítulos presentan la situación de un territorio inhóspito, continuamente amenazado por Griffin, interpretado por un gran Jeff Daniels, sin duda lo mejor de la serie. Si a esto añadimos una fantástica fotografía y una producción potente con la que la visión del western y su entorno, lleno de praderas e inmensos paisajes, llena el imaginario del aficionado más exigente, tenemos, un producto interesante y coherente.
Sin embargo, conforme avanza la serie y al llegar al cuarto y quinto capítulo, cuando la tormenta y el destino sangriento de los personajes va apareciendo en el horizonte, parece que la serie se alarga, quedando en suspenso la continuidad de una trama, que va convirtiéndose inexplicablemente, en un conjunto raro de poses, miradas al horizonte y situaciones algo impostadas. La trama se retuerce en una serie de incomprensibles vueltas de tuerca, perdiendo cierta coherencia dramática. En los dos últimos capítulos, como era de esperar, la serie pega un fuerte tirón, especialmente en su séptimo, con un tiroteo tan impresionante como grandilocuente y hasta cierto punto, bastante fantástico. Así, consigue dejar cierta buena impresión final, una serie que si bien prometía mucho, termina sin cuajar del todo. A pesar de sus buenas intenciones, parece más interesada en crear un icono fotográfico, que una convincente entramado dramático.
Como he dicho, avalar el buen hacer de un gran Jeff Daniels, en su papel del malvado forajido. Tanto Jack O´Connell como Michelle Dockery, ambos protagonistas, no terminan de cuajar en una historia romántica, bastante increíble. Mejor, mucho mejor, algunos secundarios, con buenas interpretaciones de Scott McNairy, Merritt Wever o en un papel pequeñito, el siempre interesante Sam Waterston. En definitiva es una pena que una serie que contaba con firmes cimientos para convertirse en un gran western, diera la impresión de que a pesar de tener una primera estructura bien construida, no supiera sacar más partido de ella. Aún así se agradece el esfuerzo y se ve con interés.