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lunes, 24 de febrero de 2014

"Bárbaros y romanos en Hispania. 400 - 507 A.D." - Javier Arce

Año 409 de nuestra era, los suevos, vándalos y alanos entran a la Hispania romana cruzando los Pirineos. Durante aproximadamente un siglo la península sufrirá una serie de cambios, en un periodo intermedio entre la existencia de una Hispania completamente romanizada, aunque en cierta crisis y una nueva realidad personificada en los primeros años del siglo VI en la figura del pueblo visigodo. Javier Arce, historiador y arqueólogo, es uno de esos estudiosos que no sólo ahondan en la investigación de esas zonas oscuras de nuestra historia, sino que tiene, además la capacidad de comunicar, de contar de manera fácil y clara, lo que aconteció en aquel siglo V en nuestra península. 

Lo primero que quiere aclarar y demostrar Arce es que las mal llamadas invasiones bárbaras que siempre se han visto como preludio de destrucción y barbarización, no fueron tal, sino que estos pueblos llegaron a la península como consecuencia de una serie de alianzas acordadas con los propios romanos que en aquellos primeros años del siglo V se encontraban en pleno desmembramiento del Imperio Occidental, protagonizando una guerra civil por el dominio territorial. En el primer capítulo, el autor nos desgrana el levantamiento de Constantino III en Britania y su salto a la Galia, lo que trajo repercusiones en la cercana Hispania. Esto hizo que la guerra civil se reprodujera en la península, donde por cierto, parece ser que no hay evidencia de la existencia de un ejército permanente romano en aquellos años. Por todo ello, las distintas facciones debieron contratar y reclutar tropas entre la población e inevitablemente, los suevos, vándalos y alanos, que ya llevaban un tiempo en la Galia, fueron invitados en octubre del 409 a cruzar los Pirineos para participar como aliados en la guerra. Una vez estacionados, hubo saqueos y ataques, pero por otro lado los propios hispano romanos aceptaron convivir con estas gentes que se asentaron en parte de la península. Los vándalos asdingos en el oriente de Gallaecia, los suevos en su parte occidental, los alanos en Cartaginense y Lusitania y los vándalos silingios en Bética. Curiosamente la Hispania romana sobrevivió independiente en Tarraconensis, Baleares y Maurinatina Tingitana.

Con el tiempo, en poco más de veinte años, tanto alanos como vándalos, desaparecieron prácticamente de la península, debido a las diversas guerras intestinas y también a la intención de los romanos de recuperar sus territorios, algo que lograron en primera instancia por medio de su propio ejército enviado para el caso y posteriormente con la utilización de sus aliados visigodos, que aunque vivieron hasta finales de siglo en la Galia, terminaron por introducirse y establecerse en Hispania conforme se iniciaba el siglo VI. Los suevos, en su rincón apartado y recóndito del noroeste de la península, mantuvieron su territorio bastantes décadas más.

El autor, tras introducirnos y plantearnos históricamente el devenir del siglo con sus propias circunstancias políticas y militares, afronta en los siguientes capítulos, material e información sobre la relación social, económica y administrativa de este territorio, en el que prácticamente, las instituciones romanas perduraron en cierta manera a nivel local y provincial, frente a la intrusión de los pueblos venidos de más allá de los Pirineos, que realmente fueron los que se amoldaron a las costumbre y realidades de la provincia romana, eso sí, quedando la población bajo el sometimiento de estos pueblos y sus reyezuelos.

Otros capítulos nos intentan explicar como influyó esta situación en las ciudades, villas, castra y castellas. Realmente, como podía suceder hasta el momento, los aristócratas gobernaban las ciudades, donde convivían romanos y bárbaros, con la peculiaridad de la nueva influencia e importancia del clero, que poco a poco asume poderes civiles, sumándolos a los propios espirituales, asumiendo un nuevo poder en el devenir de la historia. Tanto es así, que Arce comenta en su ensayo, lo poco que aparece en las fuente el término paganismo, dando por hecho, que aunque se diera en esa época, era minoritario, o simplemente no creaba ningún problema a la sociedad, quedando el panorama cristiano más que consolidado y predominante. Solo un asunto preocupaba entonces a la Iglesia y era la herética del priscilianismo, tratada durante el siglo en varios Concilios. Llama más la atención la posición predominante de poder de los Obispos, situación que perdurará en los siglos siguientes. En un último y corto capítulo, Arce nos intenta desvelar la situación económica de la península, sobre la que existen realmente pocos datos fiables y a veces simplemente especulativos.

En definitiva, como dice en su epílogo: "Ni caos, ni bárbaros destructores. Nos encontramos en un siglo de transición... marcado en muchos aspectos por la continuidad, por la permanencia, o el interés por esa misma permanencia". Definitivamente, en este ensayo el autor pretende demostrar, y creo que lo logra, que el impacto de los suevos, alanos y vándalos fue especialmente pobre. Las provincias romanas subsistieron en el tiempo, con su estructura más o menos sin cambios, basando su economía en un equilibrio entre los rural y lo urbano, pero dando una mayor entidad a las ciudades, todavía auténticos centros de poder y administración. Donde si hay un cambio cualitativo es en la posición de la Iglesia como poder, ocupando en cierta manera el espacio del poder civil anterior, dando importancia a su autoridad tanto ideológica como social.

Un libro esclarecedor de un siglo V, hasta ahora oscuro y a veces insondable, al que Javier Arce nos acerca con soltura y mucha erudición, con una capacidad de contar y transmitir que a veces echamos de menos en ciertos estudios y ensayos del género histórico. En definitiva una trabajo que me ha ayudado a eludir y apartar ciertos mitos que quizás, la educación de años atrás, insinuaba sobre la entrada de los "bárbaros" en la península.



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