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viernes, 20 de septiembre de 2013

"El Mármara en llamas" - Blas Malo


Año 714 d.C. Bizancio, la capital del Imperio Romano de Oriente es rodeada y sitiada por los ejércitos árabes. Presionada por mar y por tierra ante el creciente e imponente poderío de los seguidores de Alá, la ciudad, centro de poder del resto de lo que fue el todopoderoso Imperio Romano, resiste el envite del que será el futuro dominador del área mediterránea en los próximos años. El emperador León III confía en repeler el ataque gracias al arma secreta denominada fuego griego, cuyo secreto solo conoce un sabio alquimista. En un intento de lograr la retirada total de las fuerzas árabes, se organiza la expedición de un grupo de fieles seguidores para encontrar un arma secreta capaz de vencer al invasor. La clave estará en la tumba de Alejandro el Magno y en los conocimientos de los antiguos estudiosos y pensadores neoplatónicos, cuyos estudios y escritos se perdieron en el incendio de la biblioteca de Alejandria. O así lo creían.

Este, en rasgos más o menos amplios es el argumento de la novela de Blas malo. En ella encontramos dos tramas principales que, surgiendo del mismo punto, divergen en un momento de la novela para volver a encontrarse en su final. Por un lado el sitio que durante tres años mantuvo en vilo a la ciudad de Bizancio frente a la presión del naciente imperio de Damasco y por otro, un viaje casi iniciático, en el que los protagonistas pretenden encontrar, al trasladarse a Egipto, el conocimiento perdido en el incendio de la biblioteca de Alejandría. Unos pensamientos y estudios que podrían llevar al mundo conocido a una convivencia más pacífica y fraternal.

El planteamiento de las tramas, sin embargo, en mi opinión, no ofrecen el mismo resultado. Por un lado, tenemos la trama histórica, basada en el intento de conquista de la ciudad de Bizancio y los movimientos internos del Senado y la  política concebida por el emperador y sus allegados para conseguir evitar, lo antes posible, la invasión musulmana. Tenemos la situación interna de la ciudad que tiene que enfrentarse a un sitio prolongado, a los ataques por mar y tierra, a los intereses partidistas y sobre todo a una población cosmopolita en la que posiblemente algunos de sus miembros tuviera intenciones de que la ciudad fuera conquistada. El uso del fuego griego, supuso un exponente importante para la resistencia frente al ataque del Sultanato. Además, de tener que afrontar la incursión en la propia ciudad, de componentes del ejército árabe. La redacción de esta parte de la historia esta muy conseguida, los términos griegos y las características de la política de Bizancio, incluidas sus alianzas externas y las denominaciones militares de la época, hacen del texto más que creíble y su redacción es entretenida y de fácil seguimiento.

Otra cosa es la segunda trama, en la que los elegidos para realizar la búsqueda del conocimiento perdido y sus secretos toman protagonismo. En mi opinión la historia pierde empuje en estas páginas, siendo los personajes excesivamente estereotipados y arquetipos de la bondad o la maldad. En definitiva planos. Todo resulta excesivamente artificioso y casual. Las pistas, la aparición de testigos o personajes que ayudan a los protagonistas en su búsqueda, las huidas y encuentros, incluso la historia de amor, todo ello da la impresión de ser demasiado rebuscado. No consigue elevar los sucesos a los niveles de la trama del sitio sobre Bizancio.  A pesar de los conocimientos del autor sobre los escritos supuestamente perdidos en el gran incendio de Alejandría, obras que no llegaron a nuestro conocimiento y que sin embargo pudieron alcanzar grandes niveles de sabiduría, no logra que el lector, en mi caso, logre involucrarse en una trama floja en términos generales.

En mi opinión la historia de los acontecimientos que rodearon el sitio de Bizancio que duró entre el año 714 y el 717 eran suficientemente interesantes como para argumentar una novela histórica con entidad, como lo atestigua mis comentarios sobre la parte referida en esta reseña. Sin embargo la trama de la búsqueda del conocimiento neoplatónico perdido, no alcanza el nivel de emoción y credibilidad deseado para el entendimiento del lector.

Una novela desequilibrada, que nos presenta a un escritor con buenos conocimientos de la época y una buena narrativa, y que quizás no ha logrado trasladar la historia de la búsqueda de los textos perdidos. En este caso solo las alianzas, las murallas, la climatología, los bizantinos y como no, el fuego griego, lograron que la capital del Imperio  impidiera no sólo en ese momento su invasión, sino su conquista hasta  siete siglos después, cuando nadie evitará que la bandera otomana ondee en las cúpulas de la sagrada Santa Sofía.

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