Segunda y última entrega del que, en mi opinión, puede ser uno de los grandes cómics del año. El trabajo argumental, de ilustración y colorido de Remender, Murphy y Hollingworth, completa una historia futurista con un gran nivel de acción y un complejo y muy humano tratamiento de la trama.
Tras la destrucción de Tokyo y la derrota del espíritu samurai y ecológico con el que se disfrutaba en aquel oasis terrenal, lejos de la tecnología y la manipulación de la que sufre el resto de la humanidad, Led Mella es recuperado para el servicio de alguacil y seguridad alrededor de los líderes que controlan las conciencias y los deseos de los ciudadanos de L.A. Sin embargo un recuerdo muy real de su paso por Tokyo volverá para intentar recuperarle y evitar el colapso y la muerte física a la que la humanidad parece estar destinada. Remender afronta más directamente que en el anterior tomo el problema, no tan lejano, de invasión de la mente de los seres humanos en un mundo en el que la voluntad, la personalidad y la iniciativa individual claman por su ausencia. La lucha a muerte entre quien pretende destruir toda esencia física humana para crear una existencia basada en el simple control mental basado en la falsa realidad de una felicidad artificial y quienes en inferioridad de condiciones, defiende la verdad del amor, el libre albedrío y la humanidad como ente independiente e imperfecto, mantendrá un tenso pulso a lo largo de este tomo, pleno de filosofía, ética y amenaza tecnológica.


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