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lunes, 26 de febrero de 2018

"Esclavos del honor" - Raúl Borrás San León

Raúl Borrás además de buen amigo es uno de esos estupendos escritores y escritoras que han surgido de los relatos presentados en el concurso que anualmente la web Hislibris propone al mundo literario nacional. Él es uno de los fijos por su participación y regularidad, tanto en calidad como en narrativa. Ya me contó hace unos años que tenía entre manos un buen fajo de páginas escritas en las que se sumergía en una de sus temáticas favoritas. Me refiero a la pérdida de Filipinas en 1898 y más puntualmente a la epopeya de los héroes de Baler. Hace menos de un año y tras enviar borradores  y un buen número de pliegos a varias editoriales, Ediciones B decidió apostar por su novela y publicarla. Y aquí estamos mi buen amigo de desayunos en los encuentros hislibreños, su libro y yo, listo para reseñar una extensa, detallada y en mucho momentos, épica novela histórica, dedicada a aquellos soldados y oficiales que resistieron más de trescientos días en una pequeña iglesia de un pueblo llamado Baler, en los confines más recónditos  de las Filipinas.

Raúl ha presentado su novela estructurada en forma de diario. Abarca desde los días previos al levantamiento filipino hasta los últimos días de la resistencia española. El autor también intercala algunos hechos situados en varios enclaves, como por ejemplo en París, durante las negociaciones de paz; Manila, mientras se reorganiza la salidas de los españoles de las islas y las autoridades norteamericanas toman el control; o en Madrid, donde los políticos mantienen su privada guerra por mantener o hacerse por el poder, mientras una esposa intenta que la patria no olvide a sus soldados de ultramar. Con esta estructura bien cimentada, el autor obliga al lector, lo cual es de agradecer, a seguir el mismo ritmo de los largos y duros días en los que la guarnición de los cazadores españoles resistió el envite de los filipinos, mientras la vida en el mundo exterior seguía su camino, manteniendo en el olvido aquel lejano punto olvidado de la mano de Dios. Desde los quehaceres más cotidianos, pasando por los aburridos y largos puestos de guardia o la dura lucha mantenida contra la enfermedad del beriberi, hasta los enfrentamientos armados entre españoles y filipinos, tienen sitio en las setecientas páginas de este detallado y bien hilvanado diario de guerra.

No solo es una novela en la que se describe la épica de una resistencia, para algunos mítica y para otros inútil, sino que además es un perfecto espejo de cómo se puede integrar en una novela la cotidianeidad de la vida diaria de estos soldados provenientes de todos los puntos de España. El autor desgrana situaciones y referencias que generalmente quedan fuera de una novela por su normalidad y es aquí donde Raúl ha empeñado tiempo y tinta en preocuparse en demostrarnos que la épica no solo sobrevive a base de luchas, tiroteos y contraataques. Muchas veces la épica está en sobrevivir ante lo cotidiano, lo aburrido de sufrir un sitio, de luchar contra una enfermedad que va matando  amigos y compañeros o simplemente, los esfuerzos por mantener la disciplina y la unidad de los soldados. Para ello, en base a sus estudios de la historia que narra, de los datos que ha filtrado de la bibliografía que ha comparado, su novela habla de las personas no solo de los hechos. El capitán Enrique de las Morenas, el teniente Martín Cerezo o el médico Vigil de Quiñones, lideran la dura convivencia de la tropa, unos cuantos frailes y el enemigo atrincherado en el exterior de la iglesia que les protegió durante aquel año... y sobre todo ello es donde el autor deja su sudor, sangre y lágrimas.

Dos apuntes sobre lo que más me ha gustado de la novela. En primer lugar todo el desarrollo de la aparición y convivencia de los sitiados con la terrible enfermedad del beriberi. La lucha sin cuartel del médico del puesto, Vigil de Quiñones, llena un buen número de páginas con muy buen pulso y expectación, sobre todo por el número terrible de bajas que provocó mientras no consiguieron que los soldados tomaran una dieta más o menos equilibrada con la que luchar contra la enfermedad. En segundo lugar, los diferentes intentos de los oficiales por mantener en guardia, no solo a los propios soldados en su cumplimiento del deber sino también al enemigo como tal, provocando, con constantes ataques y salidas contra los filipinos, que estos nunca tuvieran la sensación real de poder vencer a los españoles. La disciplina fue dura y férrea pero por otro lado, con ella lograron resistir tanto tiempo y no claudicar frente al enemigo. He aquí donde llegamos a la tesitura de si su resistencia fue lógica, razonada y justificada. Realmente, sus órdenes eran resistir en el pueblo hasta que llegara un relevo que nunca llegó. Todo lo demás podría significar traición o derrota, algo para ellos inimaginable. Pero Borrás no pretende en su novela censurar ni siquiera analizar el porqué de los hechos, sino el cómo, que seguramente es muchísimo más interesante.

Una novela solvente, muy bien escrita, con una gran sensibilidad humana y por qué no decirlo, con un importante sentido histórico de nación, sin obviar las críticas merecidamente dirigidas hacia los que entonces gobernaban nuestra querida España. A lo mejor, peca de extensa, algo que ya comenté con el autor en su momento, pero no deja de ser una consideración personal. La propia estructura del libro rige el ritmo de lectura y hace que de un momento de quietud y tranquilidad se pase, con un simple volteo de página, a una vorágine de tiros y ataques de lo más emocionantes... y eso es bueno. Un trabajo magno por el número de páginas, datos, profundidad de sentimientos, el sin número de conversaciones y sus consiguientes desesperanzas, que merece una visita, con la que recordar sin odio ni resquemor, un pasado que es nuestro y que no merece ser olvidado. Bien por Raúl y por los últimos de Filipinas.