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lunes, 3 de agosto de 2026

"Radio Sarajevo" - Tijan Sila

Cuando Tijan Sila, autor del libro que hoy reseño, era niño, las bombas de las tropas serbias empezaron a caer sobre Sarajevo, la ciudad en la que vivía con su familia. Comenzaba un asedio que iba a durar más de dos años, en uno de los frentes más terribles de la larga y sangrienta consecución de guerras que acontecieron en la antigua Yugoslavia, entre los años 1991 y 2001. Años después de huir del país a Alemania, aquel niño, creció y se convirtió en escritor, y fue en 2023 cuando decidió plasmar en un libro los recuerdos de aquellos largos meses en los que los bloques de pisos donde vivían, su familia y sus vecinos, fueron bombardeados y tiroteados, y la vida que había sido más o menos fraternal, bajo de la unidad yugoslava, se convirtió en un tira y daca, despertando un odio desaforado como consecuencia de los conflictos étnico religiosos generados durante aquellos años.

En su narración, el autor habla de la relación con sus padres y con sus amigos y compañeros de juegos, en una vida marcada por la guerra, en la que lo extraordinario se convierte en ordinario. La falta de luz y agua, y la escasez de alimentos, se suman a la violencia y la incómoda presencia de las tropas en las calles, mientras la ciudad es asediada. Para el protagonista y sus amigos, aquellos días inicialmente fueron extraordinariamente duros, por las largas estancias en los sótanos y el primer y crudo invierno sin el cristal de las ventanas, triturado por las ondas expansivas. Sin embargo, conforme avanzaba el conflicto, hasta los chavales gozan de la libertad de no ir a clase y de las aventuras, muy peligrosas, de andar por un barrio lleno de francotiradores. Otros sin sabores aparecieron con esta nueva situación. Los matones y abusones campaban por las calles transformando a inocentes adolescentes en peleles dependientes de grupos mafiosos y armados que abusaban de unos y otros, mientras las tropas defendían la ciudad ante el enemigo. La ayuda de alguno de estos soldados, venía bien para llevar de vez en cuando a casa algo verdaderamente comestible, aunque para otros, estos tratos de favor eran tan culposos y culpables como quienes disparaban contra sus ventanas. Las rivalidades vecinales se convertían, por culpa de la guerra, en muros de separación y envidias no deseadas.

Mientras, la vida sigue para el joven Tijan, que ve como la  relación con sus padres y amigos se modifica, dependiendo de la capacidad de cada cual por habituarse a las circunstancias forzadas. Unos se fortalecen ante la adversidad, otros mutan en su esfuerzos o cotidianeidades, mientras algunos, muchos, caen en la desazón y la desesperanza. Era duro para él, ver como su padre, profesor, no fue al frente y trabajó con organizaciones sociales, siendo increpado por otros que sufrían la lejanía de sus hijos y maridos en el frente de batalla. Nada se perdonaba en la retaguardia. Pero lo peor era ver como sus amigos también se transformaban según pasaba la guerra. La relación con las tropas y grupos armados, la soledad de las calles, el hambre y el ambiente hostil, llevó a algunos de ellos a esnifar pegamento, haciéndoles dependientes de sueños ficticios y provocando auténticas situaciones de peligro, mientras la comunidad intentaba reorganizar escuelas y cierto orden social, apadrinado por las tropas de cascos azules, tan palpablemente ineficaces como culpables de algunas terribles consecuencias secundarias acontecidas durante la guerra. 

Por suerte, en un momento dado, la familia de Tijan se exilia a Alemania, ante la incomprensión del chaval. Años después, al volver de visita a la ciudad, se reencuentran con algunas cosas de su vida pasada, pero otras, muchas, han cambiado radicalmente. Es aquí, cuando el propio escritor se plantea, cómo aquella guerra y las decisiones tomadas por sus padres son las que le han llevado a ser quien es, con sus pérdidas y experiencias inevitablemente condicionantes en su vida. Tijan construye un entrañable y, por momentos, durísimo, relato de aquellos años de convivencia con la violencia y la relación con una rutina forzada por la guerra que marcó su infancia, con una narrativa cercana y ágil, mediante la cual reflexiona sobre la pérdida de la inocencia y la desgracia de la confrontación bélica. Qué lástima que sea un libro tan corto, apenas doscientas páginas. Me he quedado con ganas de mirar más a través de los ojos de quien, tan bien y aparentemente tan sencillo, nos ha transmitido aquellos años en los que Radio Sarajevo era la voz de la guerra y el salvavidas de la monotonía.

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