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jueves, 3 de noviembre de 2016

"El soldado del diablo" - Caleb Carr

Los buenos aficionados a las aventuras coloniales del Imperio Británico, recordarán que al héroe de Jartum, a Charles George Gordon, se le conocía por Gordon "El Chino". Efectivamente, estuvo destinado en China durante la Rebelión Taiping, entre los años 1860 y 1864. Cuando llegó a Shanghai, se encontró con una guerra civil, en la que el ejército oficial de los manchúes y las tropas europeas de Inglaterra y Francia, luchaban codo con codo, junto a un ejército chino totalmente occidentalizado en cuestión de uniformes y armamento, comandado por oficiales europeos, bajo el mando de un joven sujeto, norteamericano de nacimiento. Su nombre Frederick Townsend Ward. Pues bien, este ensayo trata sobre la aventurera vida del primer occidental al que impusieron el cargo de mandarín y comandó por toda la China oriental una fuerza de combate que si no destruyó a los rebeldes, sí que puso los cimientos en estrategia y organización para conseguirlo. Precisamente, Gordon comandó, tras la muerte de Ward, éste llamado Ejército Invencible y sus soldados del diablo, llevándose el honor de su victoria.

Caleb Carr, a quien ya he reseñado una de sus obras, "El Alienista", se sumerge en la vida de este joven oriundo de Salem. Marino, soldado de fortuna en México, mercenario en Guatemala junto al famoso Walker, participó en la guerra de Crimea, para finalmente echar raíces en China, y más puntualmente en Shanghai, uno de los cinco puertos orientales, donde los occidentales podían mantener sus factorías y dominar el mercado de importación y exportación, gracias a los resultados de las Guerras del Opio. Desde 1851 China se encontraba inmersa en una guerra civil. La rebelión surgió de un grupo de población chino, descendientes de los anteriores gobernantes del país, antes de que se hiciera con el poder los manchúes en el siglo XVII. Este grupo, con ciertas raíces cristianas, se rebeló contra la tiranía de Pekín, que había hundido en la miseria y pobreza a la población, a base de impuestos y debido a la corrupción. 

Caleb explica como en un principio, el carácter religioso del movimiento y la posibilidad de que dominara parte de China y su comercio, hizo que los británicos y franceses no viera con malos ojos este levantamiento. Mercenarios europeos apoyaron a los taiping, mientras en Shanghai las factorías extrajeras miraban con preocupación los efectos de la guerra en el comercio. Shanghai y los otros puertos de libre comercio, comenzaron a sufrir la presión de la rebelión. Aquí es donde aparece Ward, que sin comerlo ni beberlo, consigue pactar con la burocracia china de Shanghai, la creación de un contingente chino, pero entrenado como un ejército europeo. Junto a otros aventureros, logrará tener algún pequeño éxito, a pesar de la desconfianza de los embajadores y militares británicos y franceses. Sin embargo, con el tiempo se demostró la intolerancia, teocracia y peligrosidad del movimientos rebelde descontrolado, hecho que inclinó la balanza de los europeos hacia Ward. Mientras, con la ayuda del dinero chino y el favor de algunos burócratas manchúes, se formó una alianza seria, robusta y firme con la que enfrentarse a los taiping. 

Ward, a pesar de que Caleb, parece querer darle un toque casi mesiánico, era un aventurero que logró ganar la confianza de los chinos. Comandó sus tropas, consiguió ser nombrado mandarín e incluso se casó con una mujer china. Sin embargo, su cercanía a los representantes europeos y cierta reticencia a adoptar algunas tradiciones chinas, lo alejaron de Pekín. La rebelión fue desinflándose a favor de los ejércitos imperiales, que aprovechando la ayuda de los occidentales lograron la victoria final. Por todo ello y por otras razones más subjetivas de la idiosincrasia china, el país volvió a cerrarse en su cultura y costumbres, frente a los colonialistas europeos. 

Un libro interesante, más militar que político, aunque es de interés el estudio de los movimientos europeos y chinos por dominar una situación tanto diplomática como militar. Ward, era militar y por ello, su misión fue la de entrenar y formar un ejército capaz de vencer a los taiping. Puso los cimientos necesarios para hacerlo. ¿A dónde hubiera llegado su ambición si no hubiera muerto en batalla? Curioso personaje, digno de este ensayo en el que las culturas y los intereses pugnan por desequilibrar el status quo de una China herida por la guerra y el control imperial. 







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