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lunes, 23 de marzo de 2026

"El silencio de Sherezade" - Defne Suman

Uno de los periodos históricos de época contemporánea que más me ha interesado en los últimos años, ha sido el acontecido tras la IGM en la península de Anatolia, territorio del Imperio otomano que, tras su derrota en la Gran Guerra, sufrió la invasión de Grecia y sus aliados, y la caída del sultán, acogiendo en sus tierras y costas una serie de debacles humanitarias y terribles carnicerías en una guerra sangrienta y cruel. Ya en su momento, leí y reseñé el ensayo Los últimos días del Imperio otomano de Ryan Gingeras y la trilogía de Theodor Kallifatides, en la que, en su primera entrega, resuenan todavía los ecos y la memoria del sueño de la Gran Grecia, en unos años veinte localizados en el Mar Egeo oriental que, a pesar de que resultan un tanto lejanos a nuestro conocimiento, marcaron con fuego y sangre, aquellos países enfrentados por las religiones, las diferentes etnias y el odio racial acumulado durante cientos de años.

La trama de la novela de la escritora Defne Suman que aquí reseño, se desarrolla en la ciudad de Esmirna, desde antes del comienzo de la IGM hasta la gran victoria turca sobre los griegos y el incendio devastador que casi destruyó ciudad, allá por el año 1922. Tomando como eje de la historia a un hombre, un agente indio del Imperio Británico y su relación con una mujer perteneciente a la efervescente y boyante comunidad europea que vive desde hace años en aquella ciudad portuaria, la autora nos pone en contacto con una serie de familias de distinto origen y condición. Y lo hace particularmente, de la mano de sus componentes femeninos, jóvenes y mayores, que sirven de guía a la novelista, para mostrarnos lo acontecido en aquellos años en una ciudad rica en colores, variedad de gentes y culturas, en la que sufrieron las desgracias de la guerra sobrevenida por ambiciones coloniales y el odio étnico acumulado en sus calles y casas. La que se consideraba una ciudad en la que diferentes, vivían en concordia y armonía, deviene en un lugar donde las idas y venidas de conquistadores y advenedizos, la convierten en un lugar llena de traiciones, resquemores y suspicacias, en las que, como suele ser habitual, el sexo femenino lleva las de perder, en una sociedad donde la mujer todavía vive conforme a las firmes y tradicionales etiquetas religiosas, sociales y familiares. 

La autora de esta magna novela de quinientas páginas, en un ir y venir de sus protagonistas, juega con inteligencia con una serie de impactantes coincidencias bien hilvanadas, mediante las que se van produciendo una serie de cruces no buscados entre ellas, de manera personal o mediante los actores secundarios presentados, de tal manera que nos ofrece un brillante caleidoscopio de las gentes que conviven en los barrios y calles de la ciudad, y los acontecimientos históricos que van quebrando su asentada vida. En sus páginas pasamos de conocer la vida asentada de los occidentales europeos que viven en los barrios altos de la ciudad, a colarnos en las casas de la importante comunidad griega que convive en un barrio de estrechas calles con las casas de las familias turcas, en las que las tensiones de un imperio en decadencia se dejan sentir, entre lo que piensan mayores y jóvenes, resultando ser un espejo de los acontecimientos revolucionarios y bélicos de un país roto. 

En sus páginas se narra, con especial atención, cómo las gentes de Esmirna, especialmente sus mujeres, son testigos del ir y venir de los acontecimientos protagonizados por los soldados de diferentes naciones e intenciones, que se pasean por sus calles, cafeterías y locales. A pesar de lo incómodo de la situación y de los vaivenes acontecidos en esos años, la vida parece trascurrir como siempre, con miradas de sus gentes hacia el exterior, pero siempre firmes y atentos a lo que sucede en la casa familiar y en día a día de las plazas y de los paseos, núcleos neurálgicos de una sociedad parcelada por su religión y estatus social, pero que se mezcla en determinados momentos y mediante las protagonistas de la novela, para mostrarnos la bella y terrible historia de la que nos hace partícipe la autora. 

La gran riqueza de personajes presentados, con todo su trasfondo social y familiar, confieren a la novela un espíritu global y rico en cuanto a los puntos de vista que confluyen en todos ellos, dando una especial importancia a las sensibilidades de las mujeres protagonistas, bien respaldadas, literariamente hablando, de los hombres que las acompañan, sea para bien o para mal. Esmirna resulta ser un escenario perfecto para analizar los quebrantos de la mujer en la sociedad del primer cuarto del siglo XX. Mujeres jóvenes y mayores, plantean de la mano de su autora, la fortaleza y su particular visión de los años de la caída de un imperio lacrado por los caprichos y ambiciones de los vencedores de la Gran Guerra, que provocaron el renacer sangriento y revolucionario una joven Turquía nacionalista, naciente y esperanzada, aunque también terriblemente destructora con los que no consideraban sus semejantes. Precisamente, ese protagonismo femenino asimilado por sus protagonistas, otorga a la novela un halo de credibilidad terrenal y personal, tan crítica como aplastantemente humana, plasmada en sus páginas con gran acierto en su narrativa, como si se tratara de una una paleta de variados colores que pinta con detalle y verdad, el cuadro históricos de Esmirna, cautivadora y desgraciada protagonista una bellísima y terrible historia. 

 

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