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jueves, 14 de mayo de 2026

"Marty Supreme"

Esta película que hoy reseño era la última que me quedaba por ver, del conjunto de candidatas en la carrera de los premios Oscar del pasado año 2025. En su momento evité ir a verla al cine, quizás debido a que su argumento no me interesaba, quizás por sus intérpretes, quizás por su director... La verdad es que no lo sé. Pero sería injusto dejarla pasar ahora, que se puede encontrar en Amazon Prime. Y eso es lo que hice este viernes pasado por la tarde, teniendo en cuenta que tenía dos horas y media por delante para adentrarme en ella. Y la verdad es, que la experiencia no fue del todo gratificante a nivel personal y ni siquiera consiguió mantener al cien por cien mi atención en ella. Voy a intentar explicarme.
Como todo el mundo sabe, la trama gira alrededor de un joven jugador de tenis mesa, allá por los años cincuenta en los EEUU. Acude a Inglaterra a jugar los campeonatos mundiales de ese deporte minoritario en el equipo nacional de su país, y tras llegar a la final, es derrotado por un jugador japonés, equipo por primera vez invitado a un campeonato internacional tras la II Guerra Mundial. Pues bien, a partir de ese hecho, todo el impulso personal del protagonista está enfocado en conseguir regresar, un año después, a  volver competir en el mundial y derrotar a su contrincante, esta vez en Tokio. 
La cuestión es que, en este recorrido en la búsqueda por derrotar en una nueva oportunidad a su oponente asiático, el personaje nos muestra toda una pléyade de características y prioridades personales que lo desnudan ante el espectador. Marty es un joven egoísta, ambicioso, mentiroso, tramposo y aprovechado, conjunto de aptitudes que utiliza para embaucar a propios y extraños para conseguir su objetivo, caiga quien caiga, a lo largo de ese tortuoso camino. Safdie muestra un encomiable esfuerzo por apostar por la ambientación de la época, de desarrollar un guion todo terreno para mostrar esa desaforada carrera de obstáculos, y lo apuesta todo en base a un interesante trabajo técnico y de dirección, por momentos muy encomiable. La cuestión, es que, en mi opinión, ese trayecto se hace muy largo y tremendamente irregular, especialmente teniendo en cuenta, una vez vista la película, el final, la conclusión de la historia donde, creo, que todo ese trayecto se desfonda sin remedio. 
Por demás, aunque el trabajo de Timothée Chalamet demuestra las capacidades interpretativas del actor con cierta suficiencia, el peso de un personaje tan irascible y, para mí, tan desagradable de principio a fin, no aporta ese punch necesario con el que el espectador pueda conectar, más aún teniendo en cuenta, repito, el excesivo metraje del film. El ritmo desaforado e irregular de la película, tan propio del director, cansa por momentos en algunas escenas, en las que uno, a saber porqué, pierde el interés, mientras que en otras, que las hay, te mantiene pegado al asiento en atención absoluta, especialmente cuando parecen en pantalla, el gran director Abel Ferrara, encarnando a un acojonante personaje muy oscuro, absolutamente impresionante, y Kevin O´Leary, fantástico y hipnotizante en el papel del magnate Milton Rockwell, ambos de lo mejor del film a nivel interpretativo. Por desgracia el regreso al cine de Gwyneth Paltrow me ha resultado más frío que nada...
Marty Supreme es una película técnicamente intachable. El esfuerzo en la producción y la inversión aportada se reconoce en cada fotograma de la película, así como el intento del director de construir un guion solvente, en el que los diálogos tengan sentido en este trayecto sin sentido del protagonista, por conseguir derrotar al campeón japonés. El problema, como decía al principio, creo que es que el metraje no aguanta bien el argumento, en el que la irregularidad esquemática y narrativa sobresale sobre la poco interesante historia contada. Los esfuerzos de un volcado Chalamet, no pueden con esta circunstancia, ni tampoco con el personaje, con el que consigue encarnarse con convencimiento, pero que quizás, como en el caso de los protagonistas de otras producciones de Safdie, resulten francamente cargantes para el espectador, por su propio carácter y por todo lo que les plantea el director en sus guiones, en cuanto a las grandes dificultades propuestas en el desarrollo de su vida. Lástima, pero no me ha gustado, no.



 

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