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lunes, 5 de noviembre de 2018

"La maldición de Hill House" - Miniserie

Desde que la plataforma Netflix esta disponible en España, las pantallas de nuestros hogares se han llenado de nuevas series y películas, luchando en competencia directa con Movistar, HBO, Amazon y algunas más. Desde luego no todo lo que se oferta tiene la calidad necesaria, es más, es tal la cantidad de producciones que es complicado encontrar productos que superen la media, por lo que hay que filtrar mucho y ver cantidad de primeros capítulos para afrontar con garantías el visionado de una serie. Curiosamente, las plataformas están apostando por el género del terror, con la programación de un buen número de películas ya estrenadas en pantalla grande u otras creadas exclusivamente para pequeño formato. Y aquí es donde encontramos la serie que hoy reseño.
 
La verdad es que nada más ver el título pensé, ya estamos otra vez con una versión del clásico The Hauting dirigida por Robert Wise y versionada en 1999 por Jan de Bont. La protagonista es un antigua, espaciosa y tenebrosa mansión apartada de la civilización. En este caso la ocupa una familia formada por los padres, dos hijos y tres hijas de corta edad, quienes la han comprado para revenderla una vez que la hayan rehabilitado. La verdad es que la serie se ocupa y preocupa de plantear al espectador las misteriosas vivencias que tiene objeto en esa casa. Pero no se queda aquí. Su propuesta es entrelazar esta historia en el tiempo, con la situación de los mismos personajes años después y una vez adultos, presentando al espectador las consecuencias que tuvieron en ellos las experiencias que sufrieron durante su estancia en aquella vivida mansión. 
El director, Mike Flanagan, veterano en el género, apuesta por unir ambos momentos entrecruzando el pasado con el presente y vinculados por el hilo conductor de la casa. Es a partir de aquí donde la serie marca diferencias en el género del suspense y el terror, presentando un producto de calidad y haciendo de él una serie especialmente recomendable. El factor que hace de esta serie algo especial es la técnica lograda por el director. La filmación y estructura de los capítulos, especialmente el 5º y el 6º, en los que los planos secuencias nos transportan del pasado al presente o de la casa a la vida actual de los protagonistas, es magistral. Si bien la historia que nos cuenta, en su faceta de género del terror, no aporta especialmente nada nuevo, su profundización en la vida de cada uno de los miembros de la familia, sus problemas personales y el desarrollo del cordón umbilical que los une con la casa en la que vivieron aquel verano, es especialmente interesante. Quizás se podría encontrar cierto paralelismo con los niños protagonistas de la película "It" y las taras que sufren siendo adultos. En este caso también los años han pasado para todos y aunque convivieron en el mismo hogar fantasmal, las vivencias de cada uno de ellos fueron diferente y tuvieron distintos efectos en su posteriores relaciones personales y profesionales. Éste es el factor más interesante de la serie al que hay que añadir el encaje de bolillos a nivel técnico en la grabación y montaje de los capítulos.
Poco a poco el director y guionista va presentando a los protagonistas, encarnados en diferentes momentos en el tiempo por los conocidos Michiel Huisman,  Carla Gugino, Henry Thomas, Elizabeth Reaser, Timoty Hutton, Oliver Jackson-Cohen, Kate Siegel o Victoria Pedretti, en sus fases adultas y por un grupo de niños y niñas especialmente acertado en su elección. La dirección maneja bien a los personajes, actuando todos ellos sin excesos, y jugando lo justo con los sustos fáciles, para apostar por la tensión de lo que se intuye y no se ve, de lo que se acerca despacio en los largos pasillos y los oscuros rincones de la casa. Las sombras se suceden  en escenas aparentemente cotidianas. Hay que tener los ojos bien abiertos ya que el director te hace partícipe de los fantasmas de la casa en un buen número e escenas cotidianas  y sin previo aviso. En definitiva un ejercicio inteligente y psicológico de este experimento bien acertado, que a lo largo de diez capítulos nos ofrece una historia de misterio y fantasmas, bien acompañada de un dirección virtuosa y una narrativa dramática y emocional muy interesante.