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domingo, 6 de septiembre de 2015

"Punto límite"

En 1964 se estrenó la película que hoy reseño, "Punto Límite". No es casual que este mismo año, se presentaran al público "Siete días de mayo" y "¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú". Todas ellas tratan de manera directa y casi dramática, sobre el riesgo, de una posible guerra nuclear entre EEUU y la Unión Soviética, que planeaba sobre el mundo. La carrera armamentística estaba al límite y el riesgo de que unos u otros apretaran el botón de lanzamiento de sus cohetes transoceánicos o mandaran a los bombardeos atacarse mutuamente, estaba tan al orden del día, que como suele ser habitual, la tensión se propagó por las salas de cine de todo el mundo.
La película se desarrolla durante un día cualquiera, en el que desde una base norteamericana de control estratégico, unos oficiales de alto grado, explican a unos congresistas, cómo funcionan las misiones de vigilancia y control de los bombardeos estratégicos nucleares norteamericanos. Durante la visita, salta una alarma de un objeto descontrolado y desconocido. El protocolo, se repite, como en otras ocasiones, enviando a las escuadrillas a zona de ataque en previsión de una acción soviética. Tras comprobar la falsedad de la alarma, los bombardeos deben volver a su situación normal, tras anularse la alarma. Sin embargo, por un error técnico, una de las escuadrillas, no reciben la contraorden y se dirigen directamente a bombardear Moscú.
Sidney Lumet, nos introduce en los créditos iniciales de esta película, de una manera surrealista, con unas imágenes de una corrida de toros, en las que aparece, desde el punto de vista del torero, la faena del toreo. Eso sí, desde un punto de vista sangriento, terrorífico y a modo de sacrificio. Resulta ser la pesadilla de un oficial de aviación que tendrá que obedecer una orden definitiva y terrible del propio Presidente de EEUU. Este comienzo novedoso y rompedor, nos inicia en la metáfora sobre el sacrificio, que la película busca explicarnos, a lo largo de los tensos minutos en los que se desarrolla la acción. Sin salir apenas de las paredes de la base de control y de un habitáculo, el Presidente interpretado por Henry Fonda, intenta evitar el comienzo de la guerra y con ello el fin de la humanidad. El ambiente de hostilidad, desesperanza y ansiedad, ocupa cada escena de la película. El director, no solo nos propone la visión de aquellos que pretenden evitar un desenlace catastrófico, sino que presenta la intención real de aquellos norteamericanos, que ven en este error  tecnológico, la ocasión perfecta para derrotar a la Unión Soviética y provocar su total rendición. El equilibrio entre unos y otros, penderá de cada movimiento y decisión que va generando la trama, hasta la terrible resolución que toma el Presidente de EEUU.
Filmada en blanco y negro,  el film presenta una situación de terror psicológico y manifiesta lo cerca que se estaba de comenzar una guerra nuclear. La dependencia de las máquinas, de los errores mecánicos sin vuelta atrás y las discrepancias de los altos mandos sobre las determinaciones a tomar, están reflejadas a la perfección. El ambiente tenso y cerrado, la total dependencia en la confianza ajena y en las decisiones de personas desconocidas, plasman en el film un suspense claustrofóbico meritorio. Las actuaciones bien definidas, sobre todo de Henry Fonda. Se encuentra rendido a la evidencia de un error del que no hay vuelta atrás, y volcado, con cierta aceptación  a la inevitable guerra, en evitar un hecho que se sucede sin remisión.  Estimable película, que junto a las dos apuntadas al principio, marcan un género tan estacional como terrible, en aquellos años 60.



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