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miércoles, 4 de septiembre de 2013

"Los olvidados de Roma" - Robert C. Knapp


"Sin duda, podemos fijarnos en Alejandro, los César, los emperadores y generales del mundo clásico; podemos estudiar y admirar su filosofía, sus leyes, su literatura y sus maravillas arquitectónicas; pero detrás de todos estos logros había decenas de millones de personas que sostenían el mundo en el que tenían lugar: hombres y mujeres corrientes, esclavos y libertas, gente relativamente adinerada y gente terriblemente pobre, incluso soldados, prostitutas, gladiadores y bandidos. Todos ellos merecen ser visibles en sus propios términos..."

Con esta frase, Robert C. Knapp, nos explica sucintamente, cual es el fin concreto que buscaba al escribir el libro que reseño hoy. Mientras en la memoria colectiva se tiene más o menos conocimiento de los grandes personajes de la antigua Roma, la gran mayoría de la gente desconoce la base sobre la que se creó tan inmenso imperio y sobre la que se fraguo la romanización del mundo antiguo. Y es esa mayoría a la que el autor llama los olvidados de Roma. No esta compuesta de gente ilustrada ni adinerada, ni tan siquiera conoceremos sus nombres o trabajos en su gran mayoría. Simplemente son los artesanos, trabajadores, pequeños hacendados, que juntó a esclavos, soldados, libertos, prostitutas o bandidos, forman el conjunto de personas que por el hecho de no ser conocidas, no dejan de pertenecer al tejido de la sociedad romana.

Uno de los problemas con los que se encuentra el autor son las fuentes en las que basarse. Desde un principio nos indica que pretende evitar las fuentes que emanan de las élites de la época. Es más, un simple estudio de estas nos deja claro la información desvirtuada sobre lo que el autor llama gente corriente, que es la protagonista de este libro.  La visión que la sociedad adinerada y elitista tiene de nuestros protagonistas, en muchos casos están cargadas de prejuicios que empañan la realidad de su vida y hechos. Por ello utilizará fuentes de lo más variopintas. Desde la ficción clásica, ya sea en forma de novela, teatro o poemas, hasta las obras relacionadas con la magia o la adivinación, pasando por las inscripciones en monumentos o estelas funerarias y las colecciones de fábulas y proverbios, sin olvidar los textos de tradición cristiana. Con todos ellos el autor irá desgranando gran cantidad de detalles que a primera vista pasarían inadvertidos pero que sin embargo son una fuente casi ilimitada de información.

El  autor divide el libro en los distintos colectivos a los que quiere hacer protagonistas del ensayo. Nos describe, dentro del medio en que se mueven, lo que él llama hombre corrientes. Nos encontramos con un mundo plenamente estratificado, y como tal unos están subordinados a otros, y las condiciones de estos y aquellos son las que marcan la diferencia. Y serán las gentes corrientes, las que tengan menos capacidad de decisión y menos posibilidades de cambio social, y sobre esta base, tendrán que sobrevivir frente a una sociedad elitista que prácticamente les obvia y olvida. Y dentro de este mundo que el autor llama invisible engloba a las mujeres corrientes, a los pobres, los esclavos, los libertos, los soldados, las prostitutas, los gladiadores y los bandidos o piratas. En cada unos de estos estratos sociales, sus miembros tendrán una capacidad limitada de movimientos para sobrevivir o medrar en su ámbito social, pero pocos, muy pocos podrán aspirar a pertenecer a otro estrato, simplemente porque lo más seguro es que ni siquiera se lo plantearan como una posibilidad real. Una de las características de la gente corriente, es la aceptación bastante generalizada a su situación en la vida, lo que nos manifiesta realmente cual es su realidad social. Sin embargo uno de los pilares de su  vivencia era el valor por el trabajo, que a fin de cuentas era la manera gracias a la que podían subsistir y conseguir los medios de alimentación necesarios para no claudicar ante un mundo pre-industrializado. La magia, el poder de la adivinación y la religión ocuparán gran parte de los deseos y peticiones de esta población, que veía fuera de sus capacidades lograr los más mínimos objetivos para sobrellevar la vida en sociedad.

De una manera amena y llena de extractos de autores y escritos intercalados a lo largo de todo el libro, el autor nos lleva en un viaje que nos traslada a las casas, granjas, poblados y  ciudades, donde conviven artesanos, esclavos, soldados... y buena parte del conglomerado de la sociedad a romana. A pesar de que a estas alturas algunos de los temas tratados están bastantes trillados, como en la temática de los esclavos, prostitutas y gladiadores, hay sin embargo, otros como la situación de las mujeres y la de los libertos, que han llamado mi atención por las características que atesoran. Al respecto del capítulo de los legionarios, es cierto que hay mucho escrito sobre el estamento militar romano
, pero el estudio que aporta sobre el matrimonio de los soldados me parece novedoso y muy interesante. Sin embargo, creo que los dedicados a los pobres, a los bandidos y piratas, no terminan de cuajar. Al tratar sobre los fuera de la ley, me choca el paralelismo que encuentra con las organizaciones de los piratas en el siglo XVIII, que aunque en la forma se podría ajustar a la realidad, en el tiempo no termina de cuadrarme.

Se trata de un texto ágil, lleno de anécdotas que, tratadas de manera individual, no pasarían de ser meras crónicas insustanciales, pero que en el conjunto de la obra, logran crear una base suficientemente consistente al libro, como para tenerlo como guía más que válida de lo que sería la organización de la sociedad romana, sobre la que aquellos emperadores y eruditos crearon el imperio occidental más grande conocido. Por ello, los que eran hasta ahora invisibles y olvidados pasan a ser visibles y recordados.

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