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miércoles, 3 de julio de 2013

"Lincoln"



Sin ser la mejor película del 2012, “Lincoln” pasará a la historia por la brillante interpretación del actor Daniel Day Lewis. El trabajo dual entre este actor y el director Steven Spielberg nos muestran un Lincoln creíble, auténtico y humano. No hay pretensión de divinizarlo ni elevarlo a los altares con una actuación épica ni grandilocuente. El estupendo trabajo del actor nos presenta a un Lincoln familiar, cercano e incluso con un gran sentido del humor. Pero también a un hombre que se sabe Presidente de la Unión, que quiere  conseguir lo que persigue (incluso suspendiendo el hábeas corpus) y que no claudica frente a la presión de su entorno, a pesar de la guerra civil que embarga a la nación.

Ya han transcurrido cuatro años de guerra y hace apenas unos meses Lincoln ha sido reelegido Presidente de los Estados de la Unión. Es en este momento, con el apoyo de las urnas de un pueblo castigado con la guerra, cuando Lincoln propone al Congreso de Representantes aprobar la XIII enmienda, referida a la emancipación de los esclavos negros. Bien es verdad que ya hacía un tiempo, el Presidente había proclamado el embargo de los esclavos en los territorios del Sur conquistados y vencidos por las tropas unionistas, pero sin embargo, en los propios estados del Norte, especialmente los fronterizos, la esclavitud seguía vigente a pesar de la confrontación. Es aquí, donde el perfil político de Lincoln destaca sobre el aura de salvador de los esclavos que muchas veces se ha pretendido trasladar a la opinión pública. Cuando ganó sus primeras elecciones y se declaró la guerra con los estados sureños, decidió no forzar a los estados fronterizos a la prohibición de la esclavitud, ya que necesitaba de sus votos y sus soldados para enfrentarse a una guerra inevitable. Sin embargo con su segunda elección ganada, se enfrentará a la actitud de parte del grupo republicano, su partido, y sobre todo al bloque demócrata, que aún formando parte de la Unión, intentarán evitar la aprobación de la Enmienda XIII. Los componentes sociales de la época y también los económicos son factores que no se pueden extrapolar de la situación de la época frente a la situación de la esclavitud.
Los dimes y diretes del gabinete de Lincoln, dirigido por el Secretario de Estado, para conseguir los votos y aprobar la enmienda de liberación de los esclavos, además de su votación ocupan gran parte de la película. Hay momentos en que la película se pierde de manera casi esperpéntica en la captura de esos votos robados a los demócratas. Spielberg incluye un componente cómico en la figura de unos personajes interpretados entre otros por James Spader, que de una manera algo alocada pretenden disuadir a cambio de empleo público a ciertos congresistas para que cambien el voto. Francamente estas escenas trivializan, en mi opinión, la película. Menos mal que cada vez que aparece la figura del Lincoln en la pantalla y son sus palabras, sus discursos y sus anécdotas las que ocupan nuestra atención, el film se convierte en la representación del pensamiento y de la política de este Presidente emblemático.
Es muy interesante el tratamiento de la mujer de Lincoln en la película, interpretada por Sally Field. Una mujer marcada por la muerte del hijo pequeño de la pareja, ocupando ya la Presidencia, y siempre en el punto de mira del gabinete Presidencial, por el uso, parece ser indiscriminado, de los fondos de su marido para decorar la casa y vestir los últimos y más caros modelos a la última moda.  Sin embargo es innegable que la relación afectiva del matrimonio, navegaba contra viento y marea, dentro del entorno de la gobernación de un país en guerra. La fotografía y la ambientación, así como la dirección artística tienen un importantísimo peso específico en la película. El cuidado tratamiento de los detalles, las estancias, los vestidos y la luz generan en el espectador una perfecta percepción de la época en la que nos encontramos. ¿Y por qué hablo de la luz? Porque precisamente el uso de la las luces y sombras, tanto producidas por   los contraluces naturales en exteriores o interiores, nos hacen viajar a la oscuridad de las dificultades y penalidades de una país dividido en una guerra civil. Esos claro oscuros, casi entre tinieblas dentro de las habitaciones de la casa de Lincoln, nos representan continuamente el perfil y la figura icónica de un Lincoln que pasará a la historia no solo por su política en esos años sino por un físico, del que se aprovecha el director y consigue transmitir de manera increíble el actor Day Lewis.El elenco de actores secundarios, sobre todo, el largo listado de los que interpretan a las figuras políticas de la época, realizan un trabajo conjunto muy reseñable, siendo especialmente buena la interpretación de Tommy Lee Jones. Sin olvidar la contenida banda sonora compuesta por el incombustible John Williams.
Para terminar, solo decir, que la película en algunos aspectos me resulta algo irregular. La caza y captura de los votos realizada por esos pícaros personajes, no termina de convencerme. Además la película tiende a extenderse al final de la película, al pretender el director, crear cierta expectación sobre el resultado de las votaciones, explayándose en la misma unos minutos que en mi opinión le sobran al metraje. Sin embargo, la magnífica interpretación del personaje de Lincoln, hace que nos encontremos con una película de un altísimo nivel interpretativo y que, estoy, seguro, pasará a la historia en lo que se refiere a la actuación de Daniel Day Lewis. Nos quedará de ahora en adelante, en la retina de los espectadores, la figura del desgarbado Presidente alejándose por el pasillo hacia su último acto público, perfilando su alta figura al contraluz, y quizás en ese momento, es donde Spielberg tendría que haber dado por finalizada la película y haber fundido en negro la pantalla. Por cierto, tengo reseñada en el blog la película de 1939, El joven Lincoln, en la que el Presidente es interpretado por otro de los grandes actores de la historia del cine... Henry Fonda.