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jueves, 22 de febrero de 2018

"El hilo invisible"

La última película dirigida por el norteamericano Paul Thomas Anderson nos traslada al Londres de los años cincuenta. Su protagonista es un excéntrico y solitario modisto, que diseña el vestuario las damas más elegantes de la nobleza británica e incluso de alguna casa real europea. Tiene en su casa de Londres el estudio donde un buen número de señoras, bajo las órdenes de su hermana, trabajan con delicadeza y disciplina los vestidos que han llevado a Reynolds Woodcock a ser uno de los puntales de la moda de la capital británica. Cuando necesita refugiarse en un lugar de descanso y asueto, acude a una pequeña propiedad cerca de la costa. En un cercano hotel donde desayunaba un día, conoce a una camarera que llama su atención por su figura. A partir de este momento, como si de su musa se tratase, decide pedirle que le acompañe a Londres, convirtiéndola en su modelo y amante. Este aparentemente sencilla y bucólica historia de amor, no tardará en romperle su apacible ritmo de trabajo al que estaba tan habituado.
Nos encontramos con una excepcional película dotada de la delicadeza y exquisitez del micro universo que rodea la vida elegante, puntillosa y delicada de este personaje. Thomas Anderson dirige con gran detalle tanto la vida en el taller de corte y costura como la inseparable e irrenunciable cotidianeidad diaria del protagonista. Woodcock es un hombre volcado día y noche en su trabajo. Necesita su espacio y su disciplina, plenos cauces por los que discurre la musa que guía sus diseños. Su felicidad, su bienestar, no dependen de nada externo a los vestidos que crea para sus clientas. Sin embargo, la aparición de la joven camarera hace que esa musa que le genera confort y autocomplacencia le desborde, algo que por lo que intuimos al principio de la película, ya le había ocurrido en ocasiones anteriores con otras jóvenes. Es aquí donde se vislumbra que él reconoce que el bienestar logrado es afín a la joven. El problema surge cuando ella cree que puede existir algo más de lo que él supone, algo externo a su trabajo y a propia vanidad.  Es en esta tesitura cuando la joven e ilusionada muchacha toma alguna decisión fuera de la cotidianeidad del maduro hombre, con la que quizás logre recuperar la luz, el aura, que parece perder con el paso del tiempo y la monotonía del día a día.
"El hilo invisible" es una película llena de detalles, tanto en su ambientación como en el desarrollo de la profesión de Woodcock y su entorno. Son excepcionales las escenas en las que se narra, imagen a imagen, la concepción y creación de uno de esos maravillosos vestidos de los años cincuenta, una época dorada de la moda del siglo XX. La elegancia en los movimientos de la cámara, la rigurosa y delicada ambientación, así como la elegante banda sonora compuesta por un acertadísimo Johnny Greenwood, acompañan a la perfección una película tan exquisita como en algunos momentos retorcida. Porque ¿no es a veces el amor retorcido, sufriente e incluso egoísta, cercano al masoquismo? Pues de esto y mucho más trata este elegante estudio de algo que puede llegar a ser tan servil como adictivo.
Respecto a las interpretaciones no tengo palabras para describir el inmenso trabajo del trío protagonista. Por supuesto el increíble Daniel Day-Lewis esta pletórico como en todos y cada uno de sus actuaciones. Su capacidad de envolverse en la piel del protagonista se alía con su vestuario, con sus gestos, con sus miradas, logrando una interpretación magistral. Respecto a la joven Vicky Krieps, solo contar parabienes. No conocía a esta actriz y su capacidad de mirar y actuar, en un papel del que podría desviarse con suma facilidad cayendo en desmesura y carencia de naturalidad. Precisamente es en esto en lo que desborda calidad la joven luxemburguesa, es creíble, espontánea. Pero no puedo olvidar al tercer pie del trípode interpretativo de esta película. Y es la veterana Lesley Manville en el papel de la hermana de Reynolds. Es ella quien aporta el reconocimiento y el sometimiento ante la esencia de la casa, su hermano, quien a su vez, encuentra en su hermana el báculo necesario para mantenerse al nivel deseado en su carrera de modisto de altura. Un papel que equilibra la balanza, el vaivén en la nueva experiencia amorosa y desequilibradora de la relación de Reynolds y la joven. Sus miradas y silencios son magistrales.
Me repetiré si digo que nos encontramos ante una excelente y exquisita película, plena en detalles y elegancia, que plasma la esencia de los sentimientos, los deseos y porqué no, el paso del tiempo. La dirección resulta tan delicada como paciente, mostrando sin prisa y con mil miradas el deambular del protagonista entre sus hilos, telas y agujas. Un conjunto de interpretaciones increíbles que presentan una gran y humana película en la que el amor por la profesión y por el otro o la otra, plantean su posible fusión en la misma vida y la necesidad de compartir.