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jueves, 15 de febrero de 2018

"Déjame salir"

Considerada una de las películas del pasado año, "Déjame salir" comienza con una premisa de lo más sencilla. Una joven emprende un viaje a casa de sus padres, acompañada de su novio afroamericano, al que va a presentar por primera vez a su familia. La cuestión es que la zona en donde residen es históricamente y mayoritariamente blanca, y no goza precisamente de sus bondades frente a la actual tendencia a promover la igualdad racial. Apoyándose en esta trama el director novel Jordan Peele, presenta una película desasosegante y profundamente incisiva en su acercamiento al problema racial de los EEUU.
Su planteamiento presenta, desde cierta visión paródica, un film con una estructura más propia de una película de terror, en la que todo lo que sucede parece ocultar otra realidad, provocando al protagonista y al espectador una sensación de desagradable preocupación ante lo que se viene encima. Las sonrisas parecen forzadas, la familia de su novia es quizás, especialmente perfecta y no digamos nada del hermanito... vaya elemento. Las miradas cobran sentido y las frases con doble lectura, plantean preocupación en la mentalidad moderna y actual del protagonista. Precisamente, ese escaparate que se presenta ante su vista, es lo que traslada al público la sensación de que algo no funciona. Hasta este punto, podemos aventurar que la película en su planteamiento es brillante, sorprendente y porqué no, novedosa, aún recordando a algunas clásicas películas de terror psicológico de los años sesenta y setenta.
Quizás, lo que pueda fallar en su desarrollo, es que cuando se descubre lo que hay detrás de tanto peloteo y sonrisa falsa por parte de la familia y su entorno,  termina resultando demasiado obvio, previsible y por tanto, el entramado sorpresivo de su trama, comienza a desmoronarse inevitablemente conforme alcanza su cenit y tramo final. Aún así, es innegable que la película funciona por su visión casi paródica de un problema del que la sociedad actual aún no se ha deshecho. El racismo, fluye entre el postureo frente a la posición de un gobierno como el que Obama pareció asentar en EEUU y la realidad social que todavía subsiste en un país donde todavía el problema racial subsiste inevitablemente. Por eso, además de ser una inteligente película de miedo psicológico, también es una profunda crítica a la realidad social más cruda y profunda de un país que en algunas aspectos todavía vive anquilosada en otra época.