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lunes, 23 de octubre de 2017

"La guerra en el fin del mundo" - Ian Ross

Año 305 d.C. Los emperadores de Roma Diocleciano y Maximiano deciden retirarse y nombrar augustos a Galerio en Oriente y a Constancio en Occidente. Como césares son adoptados y elegidos Maximino Daya y Severo, dejando en primera instancia aparte al joven Constantino, hijo de Constancio, bajo la tutela de Galerio en oriente, lejos de su padre.

Pero al comienzo de la novela, los designios del Imperio Romano parecen todavía lejanos a los ojos de la extraña Britania, donde un condecorado centurión llamado Aurelio Casto debe cumplir una extraña misión de escolta junto con su centuria de la VI Legión al norte, en tierra de los pictos. Su expedición en tierra salvaje terminará provocando no solo un levantamiento interno por la lucha del poder entre los pictos, sino que también se extenderá una invasión más al sur, en la zona romana, forzando de manera aparentemente casual la intervención militar de Constancio, acompañado de un cada vez más influyente Constantino, recién llegado de Oriente. Ian Ross, el autor de la novela, conjuga en sus páginas los intereses de Roma y los asuntos más provinciales de Britania, en un juego de poder, engaños, secretos e influencia. Nuestro protagonista, juega un pequeño papel en un entorno hostil, en el que se debe a sus mandos, mientras conjuga el compañerismo y la formación de los componentes de su centuria. Vencer y sobrevivir, son los principios claves del centurión, mientras sigue las órdenes, a veces confusas, de las más altas esferas. No solo Britania está en juego.

Ross compone una trama ágil, entretenida y en general muy bien ambientada. Creo que la novela vacila en su inicio, pero conforme pasan las páginas, va a más, conformando en su último tercio, la mejor versión del libro. El lector vislumbra la sombra de la lucha por la sucesión en Roma, mientras página tras página sigue la misión de Casto y sus hombres. Pequeñas escaramuzas y grandes batallas, conforman un viaje por Britania, en el que se presenta y describe la vida en los emplazamientos romanos, así como de las poblaciones al norte del Muro de Adriano, allá donde dominan los llamados pictos. Ross muestra su mejor escritura, mostrando un gran pulso a la hora de plasmar la dureza de los enfrentamientos culturales y militares de aquella época y en tan lejanas tierras. Pero es que además, el escritor tampoco lo hace mal cuando se refiere a momentos en que simplemente se muestra el desarrollo de la misión y las relaciones entre los personajes. Sin entrar demasiado a ahondar en sus personalidades, los protagonistas tienen suficiente entidad para no parecer planos y Aurelio Casto aparece ante el lector como un soldado fiel, firme, pero que también muestra sus aristas y debilidades, así como cierta capacidad de crítica.

El componente definitivo que enmarca la novela como un producto entretenido y recomendable, es sin duda, la extensión medida y muy acertada de la novela. Sus cuatrocientas páginas absorben sin problema las tramas sin excesivos vacíos. No resulta fácil concentrar en este número de páginas la trama principal de la misión del centurión, la posterior invasión a Britania, con sus causas y consecuencias, así como el trasfondo político y de sucesión del Imperio Romano de principios del siglo IV d.C. Ian Ross lo consigue, creando una aventura cercana y emocionante, bajo los movimientos de equilibrio y poder que definirán Roma y su futuro más cercano.